Devon Lebron penetra a pelo el culo redondito de Alexi Atlante con su gigantesca pollaza | Tim Tales

El rubito no gemía, gritaba. Espatarrado, intentando amarrarse al sofá como el ancla que llevaba tatuada en el pecho, Alexi Atlante estaba con las piernas abiertas y Devon Lebron se estaba gozando su culo con su gigantesca y gordísima tranca negra, perforándole sin compasión y dándole lo que había ido a buscar el muy cerdo.

El pollón de Devon se alzaba en un buen ángulo hacia arriba, hacia la carita del chaval. Alexi tenía mucha hambre y se lo demostraba con una alucinante comida en la que se metía dentro de la boca todo lo que le cabía del rabo, cabeceando sin parar. Apenas abarcada un tercio de la polla de lo larga que era y es que este rabaco era de los que jugaba en otra liga.

Era todo un come pollas y lo disfrutaba. A veces miraba a Devon a los ojos, otras los cerraba para sentir el roce de sus labios contra esa piel suave y gruesa, el enorme cipote rellenándole la boca. Todo lo que no se estaba comiendo ahora, se lo iba a tragar su culazo, un trasero irresistible, blanquito y redondo que Devon se apretó dejándolo a cuatro patas.

Un día leyó en una revista que las flores de las plantas presentan colores llamativos para atraer a los insectos polinizadores. Los chicos com o Alexi eran como las flores. El tono rosáceo de la entrada a su ojete atraía a su enorme polla sin remedio y por supuesto deseaba meterle todo el pólen. Después de una buena tunda de pollazos, le sacó el rabo y admiró el pedazo agujero que le había dejado.

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