Vadim Romanov empala a Drew Dixon sin condón con su enorme rabo y le mete una preñada | Fucker Mate

Aquella noche les tocó bailar en el local en dos plataformas situadas a ambos lados del escenario y, aunque debajo de ellos había una muchedumbre que no paraba de jalear, beber, rondar, gritar, cantar e incluso alargar las manos para tocarles, durante todo el rato que estuvieron haciendo su trabajo, sólo tenían ojos el uno para el otro.

A Drew Dixon le acababan de contratar para esa noche. Era el chico nuevo y pronto se convertiría en la mayor atracción que no pararía de atraer a gente al pub. Vadim Romanov, que ya llevaba tiempo en el negocio, se dio cuenta enseguida del percal. El chaval tenía un arte innato para mover ese cuerpo que Dios le había dado y además era tan sensual que no dudaba de que, además de la suya, por ahí abajo había conseguido despertar las pollas de casi todos los hombres.

Tras la actuación, compartieron camerino, donde terminaron de fraguar esa incipiente amistad. Drew se dejaba querer y Vadim le entregó todo lo que tenía. Cuando el chico fue bajando por su cuerpo dándole besitos, se detuvo en el paquete y se metió el cipote en la boca aún sin habérsela sacado, mirando hacia arriba con esos ojazos tan bonitos, Vadim casi se corre el los gayumbos.

Que lo hicieran sentir así después de tanto tiempo, como si fuese un corredor primerizo, le hizo sentir especial. Drew le destapó el rabo con mucho amor. Le fue bajando la goma y no paraba de dar besitos a esa gran pollaza que se adivinaba, un pedazo de rabo descomunal que cargaba completamente duro y enorme hacia abajo aplastando los huevos.

A medida que fue descubriendo más trozo de polla, sacaba la lengua y le relamía todo el tronco, hasta que la tuvo toda fuera de los calzones. No la dejó saltar, si bien le hubiera molado sentir el azote de ese cilindro golpeándole en toda la cara como un guantazo. En su lugar la paró con la barbilla, acercó los labios, usó hábilmente su lengua para acicalar la raja del cipote y la engulló, provocando de nuevo en Vadim la irrefrenable sensación de que se iba a correr dentro de la boca de ese capullo.

Como pudo aguantó el tirón, intentando no mirar cómo el chaval le amaba primero el capullo y después la mitad del rabo, para después pasar a mamarle la polla con agilidad y alevosía. Mamando pollas no tenía rival. Esos labios húmedos se amoldaban con la fuerza justa a su rabo, la fuerza justa para acostumbrarse al gustito sin llegar a la sensación que provoca la paja con una mano.

Bufó varias veces intentando no dejarle la boca engrasada con la leche de sus pelotas, cogió fuerzas de lo imposible y le folló la boca metiéndole una buena tanda de pollazos, inflándole los mofletes. Se lo hizo varias veces, aunque una vez hubo terminado se preguntó si había sido buena idea, porque ahora notaba los huevos más pesados a punto de reventar.

Aguantar de forma pasiva a que le chuparan el rabo no iba a ayudar. Sabía que la mejor combinación para sentir placer y evitar correrse, era hacer un poco de ejercicio físico, moverse. Hizo que Drew pusiera la cabeza apoyada en mitad del sofá, él se puso en posición de flexiones colocando las manos en un reposabrazos y los pies en el otro extremo y se dejó caer con la larga y dura polla apuntando a la boca del chavalito.

Así mucho mejor. Estar distraído y con los músculos en tensión, liberó a sus cojones de la pesada carga. Acto seguido emborrachó la boca de Drew metiendo la cabeza entre sus piernas y obligándole a tragar más rabo de la cuenta. Vadim cerró de nuevo los ojos y se deleitó con el sonido gutural que salía por su garganta, mientran notaba cómo su gordo cipote se colaba más allá de lo inimaginable.

Ahora era Vadim el que tenía la cabeza apoyada sobre el sofá. Drew estaba haciendo una sentadilla sobre su cara, dejándole el ojete abierto del culo a tiro de lengua. Vadim disfrutaba comiendo culitos y una señal de ello era que su polla enorme se le meneaba sola de alegría como si fuese el rabo de un perro. Y es que hay ciertas cosas que los hombres no podemos ocultar. La naturaleza se ha encargado de que queden expuestas.

El agujero que Drew tenía en el culo no era precisamente el de un chico virgen. Con esa carita y ese sex appeal, seguro que más de un tio se lo ventilaba cada noche. Por eso cuando Vadim le presentó su polla, lo hizo saludándole con la mano y hasta con el pie, se la metió hasta el corbejo de una tacada. Y lo mejor es que el chaval se la tragó sin problemas, puto cabrón.

Vadim disfrutó de aquella extraña sensación que le inundó todos los sentidos. Al metérsela sin condón y sin lubricante, el culazo del chaval amarró su polla como la plastilina, cercando el orificio en torno a su rabo de una forma suave pero pastelosa. Era como metérsela por la boca pero sintiendo un roce más fuerte. Le metía la polla hasta los huevos, se la sacaba y se quedaba mirando unos breves segundos cómo el agujerito se cerraba en banda antes de abrírselo a posta de nuevo.

Para el tamaño enorme de polla que tenía, entraba holgada pero justa y se divirtió hasta meneándola de lado a lado. Después de jugar con su culito a su manera, se lo folló a lo grande por detrás, penetrándole sin control hasta que el chaval terminó gimiendo y gritando. Vadim sabía que era lo peor que podía hacer, pero se sentó en el sofá dispuesto a dejar que ese chico le cabalgase la polla a placer. ¿Tendría aguante suficiente para no preñarle mientras le ordeñaba la polla con el culo?

Según se le sentaba encima, clavándose la polla a pelo lentamente, a Vadim le subieron las pulsaciones y notó ese sudorcillo frío en la frente y pérdida temporal de conciencia previos a una corrida. Tuvo que sobreponrse, agarrar el culazo del chaval a dos manos y propinarle una enculada desde abajo para no cagarla. De lo que no dudaba ya a esas alturas, era de que algo de líquido preseminal le había dejado dentro.

Misma sensación con ganas de correrse, misma decisión. Vadim volvió a coger la posición de flexiones sobre le sofá apoyándose en los reposabrazos, solo que ahora lo que apuntalaba su gigantesca polla no era una boca, sino el culo de Drew, que permanecía abierto y dispuesto para ser penetrado desde arriba. Ese joven cabroncete no tenía fondo. Se la hundió hasta las pelotas y podía haberse tragado otra igual de larga y gorda que esa si la hubiera tenido a mano.

El tragón miraba con gusto cómo se le clavaba la polla dentro del culo y se palmeaba los cachetes para que le diese más y más duro. “Mira el agujero tan grande que me estás dejando“, le decía el chaval sonriéndole desde abajo. Y efectivamente, cada vez que Vadim se la sacaba del hueco, lo miraba y veía un gran y profundo agujero con fondo negro que, a diferencia de antes, ya no se cerraba, sino que estaba ahí para que él metiera la polla cuantas veces quisiera.

Parece que esas palabras tan cerdas le animaron más. Vadim se lo folló a lo loco, metiéndole y sacándole el rabo sin medida y sin usar las manos, fiándose de que, aunque su polla no tuviera ojos, acabaría dentro del agujero a base de meter presión. Y es que igual que todos los caminos conducen a Roma, aplicando la fuerza necesaria, una polla resbalando por la raja de un culo siempre termina dentro del ojete.

Drew estaba disfrutando de la follada como un guarrete. Dejaba a Vadim hacer lo suyo, pero de vez en cuando se pasaba los deditos por el agujero para sentir el tacto del tamaño de hueco que le estaba dejando abierto. Se mordía los labios y s ele abrían los ojos como platos al ver cómo Vadim le sacaba el rabo del culo. Ver ese cimbrel enorme, duro y colgando entre las piernas de un hombre ponía cachondo a cualquier humano y él tenía su corazoncito.

Hora de pajas. Drew apoyó la nuca en el reposabrazos del sofá. Vadim tenía cogido en volandas el resto de su cuerpo, con el culo empalado en su rabo. Se lo folló y dejó que el chavalote se masturbara sacándose toda la leche. Cómo gemía el cabrón depurándose la pipa. Sin querer, parte de la lefa cayó en la polla de Vadim, que la usó para follarle el culo más suavecito.

Para su corrida, Vadim pensó en muchas cerdadas. Con lo caliente que estaba no sabía si iba a llegar a tiempo para la cara, así que se la masturbó cerca del culo del chaval, usando sus pelotas como cincel para la punta de su rabo, se vino arriba, de una culeada pasó la polla por encima de su entrepierna y se dejó la lechada encima de su vientre, convulsionando como un animal herido, dejando que por fin saliera toda esa leche acumulada en las pelotas desde el principio.

Drew observaba pasivo todo ese pringue de lefa cayendo sobre su cuerpo. Vadim hizo resbalar el rabo por su ingle, acariciándole la huevada y condujo de nuevo la polla, ahora mojada, hacia la entrada del culo. Drew se abrió con gusto de piernas y dejó que le penetrara. No comprendió lo que estaba sucediendo hasta que sintió que por la raja del culo le resbalaba el semen. Aquel cabronazo se estaba corriendo por segunda vez, dentro de él, metiéndole una buena preñada.

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