Tipos duros con cara de empotradores, algunos lampiños y otros con barba, cuerpos sempiternos desnudos y musculosos que se mezclan en los vestuarios, de todos los colores y de todas las edades, veteranos y jovencitos que si algo no pueden ocultar al gran público son sus grandes y abultados paquetes, a los que van todas las miradas antes de que estos jugadores de waterpolo se metan en el agua.
Un deporte que exige resistencia y perspicacia. El juez no tiene ojos debajo del agua, donde el contacto físico forma parte del juego. Manos que agarran los bañadores y los atrapan por la goma para evitar que el rival se adelante y otros que juegan con fuego, tocando las pelotas directamente al rival, agarrándole el paquetón a mano llena.
El guardameta Nik Fros y el tirador Derek Kage llevan siendo rivales desde hace muchos años en sus respectivos equipos y sus enfrentamientos se convierten en ajustados duelos que se salvan en los últimos segundos de cada partido, ambos con gran efectividad en sus paradas y tiros a portería respectivamente. Lo que ni sus compañeros o entrenadores saben, ni siquiera los medios, es que estos dos no acaban el partido en el agua, sino en los vestuarios.
Cuando sus compañeros acaban en las duchas, ellos se quedan en las taquillas y se reconocen mutuamente. Besos metiéndose la lengua hasta el fondo, las manos de Derek sobando cada protuberancia de ese deseable cuerpazo lleno de músculos de su rival, Nik saboreando con la palma de sus manos el culazo redondo, suave y blanquito de Derek.
Si el público pudiera ver sus paquetes en esos momentos, se quedarían con la boca abierta. Las manos de Nik vuelven al culo de Derek, negando con la cabeza, deseándolo con todas sus ganas. Derek soba el pene de Nik por encima del bañador, tira de la goma hacia abajo y la maza sale disparada hacia el frente, hacia su cara. Una sonrisa de placer, mira a su dueño y se la amasa con los labios deslizándola dentro de su boca, llenándosela de puro rabo de campeón.
Ahhh qué gustito, mejor que un pase bien hecho, mejor que un gol, nada sabe mejor que una buena mamada a tiempo. Nik pone los ojos en blanco y se acicala los pezones de las tetillas con los pulgares. De fondo ve el culo de Derek menearse y la mamada queda interrumpida por sus ganas de sumergir los morros dentro de esa raja. Le hace darse la vuelta. Lo acaricia, lo besa, lo muerde suavemente.
Le relame la raja mientras le saca la polla entre los muslos y se la menea alzando todos sus huevos, ordeñándole. Nik está cachondo perdido. Los culos son su perdición y Derek aprovecha ese instinto animal para darse la vuelta y darle de comer rabo. Luego se pone a cuatro patas. Nik acaba de escupirse sobre la mano, la conduce a la raja del culo y la moja con sus babas. Con el resto engrasa su polla, da un paso al frente y la introduce sin condón por el agujero de ese mamonazo.
Ya está dentro. Suelta un gemido de gusto indescriptible. Más apretado de lo que recordaba. Empieza a darle por culo usando la formidable fuerza de su trasero y sus abdominales. Sube una pierna al asiento para coger fuerza y darle más fuerte. Su cuerpo empieza a sudar. No puede parar de meterla. Siente el gustito de la polla tiesa rozando el interior del ano hecho a su medida.
Antes de que se corra de gusto dentro de él, Derek le para y le invita a tumbarse en el banco. Un puto chulazo musculoso y atractivo todo para él, completamente desnudo y empalmado, con una enore y gorda polla. Se cuela entre sus piernas y le come el trabuco sin dejar de mirarle a los ojos. Le tiene a punto. Le hace una comida tan rica que como recompensa se lleva un tortazo.
Derek se toma la revancha. A ver quién sufre más de los dos cuando se siente sobre su gorda polla y empiece a saltar sobre ella sin descanso masturbándola una y otra vez con el culo, llevándole al límite. Subestima la fuerza de Nik, al que aún le quedan pilas para agarrar ese pandero con sus manos y culearlo desde abajo. Parece que ya hay ganador.
Un Derek sumiso se abre de piernas y deja que Nik haga su trabajo, follándole el ojete. Le excita ver a ese semental en acción, con todos sus músculos en tensión, sus enormes pectorales rozando su pierna, su virilidad entrando dentro de él como una estaca. Le deja hasta tomar el control de su polla. Nik agarra el rabo de Derek y en su mano toma un cariz distinto.
La pajea duro y a toda hostia. Sentir otro tacto, otra presión, otro ritmo distintos a los que él le lleva dando a su pene tantos años, hace que Derek se vuelva loquito y termine soltando leche por todas partes, bañando de blanco los abdominales de Nik, que enseguida saca la polla y se congratula con las vistas de esas piernas separadas de Derek, de ese rabo todavía tieso, de sus cojones más blandos y cayendo entre sus muslos después de correrse.
Una corrida a distancia que le salpica justo entre las piernas, lefándole los huevos, el agujero del culo. Derek no puede resistirse a frotar sus pelotas con una mano y entonces sus dedos se topan con esa sustancia blanca tan seductora. Nik tampoco puede resistirse a meterla una vez más, a follárselo, a gozar de ese tio y besarlo hasta que su rabo diga basta. Rivales en el agua. Amantes en los vestuarios.
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