[Fucker Mate] Dolf Dietrich y Hugh Hunter follan a pelo con Mario Domenech y le dejan la cara llena de semen

Confiesa ante qué clase de tio se te abre el culito solo sin que te tengan que lamer con la lengua, ni azotar ni hacer deditos alrededor del ojete. Seguro que tu respuesta sería ante un tiarrón grande y lustroso como Dolf Dietrich, casi un gigante irrumpiendo en la guardia de la noche, corpulento, guapo, que al igual que te saca una cabeza de altura imaginas que de longitud de rabo va igualmente servido. Ponerte a mear a su lado sería reconocer tu inferioridad como hombre, mirar a un lado y ver una cacho polla gigante que deja la tuya en una posición nada destacable.

Si no puedes con tu enemigo, pues únete a él, deja que te folle, disfruta de ese rabo y a tomar por culo. Sabes de sobra que él gana de lejos y sólo queda rendirse ante sus atributos. Mario Domenech se estaba follando a un chavalillo pero en mitad de la faena le entraron ganas de mear. Le ofreció echarle la meada encima, para ahorrarse el viajecito y por si al chaval le molaba el rollo, pero no, así que tuvo que ir al baño a descargar la picha. Se encontraba echando el chorro, cuando la sombra de un tiarrón enorme se le vino encima. Mario tuvo que abrir los ojos y mirar bien para reconocer que no estaba soñando.

Puta madre! Enorme, super atractivo y encima el cacho de pollón gigantesco como una barra, tan grande que si se desplazaba unos centímetros hacia el frente iba a golpear con el cipote en el inodoro si se descuidaba. Encima se había traído a un amiguete, Hugh Hunter, guaperas de barbita como le molaban. El chavalito al que le estaba metiendo la follada tendría que esperar. El trío en cueros salió dle baño y a Mario ya se le estaba abriendo el culito pensando en esas dos pollas dentro de él mientras se dirigían a una de las jaulas del Boyberry de Barcelona.

Lo normal entre caballeros era presentarse, pero estos presentaron antes sus rabos. Mario, que estaba en inferioridad numérica ante los dos amiguetes, fue el primero que se agachó para presentar sus respetos, cogiendo de la huevera a ambos machos y pegándoles un repaso a los nardos con la boca. Comenzó con la de Hugh, mega gorda y con unos huevos inmensos llenitos de leche. Se la metía dentro pero la hija de puta era demasiado gruesa de la mitad hacia la base, lo que hacía impolsible poder tragarla en condiciones. Dolf acompañó a Mario en los bajos para enseñarle cómo se hacía.

Le enseñó que había que engrasarla bien a base de lengüetazos, con mucha saliva, y acto seguido le mostró cómo se tragaba el rabo enterito. No dejaba Mario de sentirse como un invitado especial, como una fantasía de esa pareja. Era como si entre ellos dos se mamasen los rabos y se abriesen el culo y él estuviera de mirón pero con derecho a participar, una rara sensación que le ponía cachondo, porque a la vez que miraba podía darse el lujo de tocar el rabo enorme de Dolf y compartir unos besitos con él cuando entre los dos agarraron a su colega por delante y por detrás con las bocas en acción, uno lamiendo agujero y el otro mamando rabo.

Se sintió protagonista total de la fiesta cuando la parejita se agachó para chuparle el rabo. Cómo jugaban los cabrones con la cabeza de su polla ensalivándosela bien. Mientras uno se la agarraba y se la metía dentro de la boca, el otro ya estaba a escasos centímetros con la lengua por fuera esperando su turno. De esta forma se la pasaron de uno a otro limpiándole el sable. Se tuvo que agarrar fuerte a las rejas y hubo un momento en que se le nubló la vista y sólo acertó a ver dos cabezas meneándose hacia adelante y hacia atrás, resistiéndose para no lefarles las bocas en ese mismo instante.

Subido sobre el banco, dejándose chupar la polla, asistió a una fantástica follada a pelo de Dolf a su colega. El tiarrón altísimo se agarró la chorra, miró un poco de lado asegurándose que la estaba enfilando bien y se la metió dentro del culo provocando en Hugh un gemido de dolor y gusto. Seguro que ese culo estaba acostumbrado a ese tamaño, pero ¿el suyo también lo estaría? De momento y abierto el camino, Dolf dejó que Mario penetrase a su chaval y además completamente a pelo. Mientras se lo follada pudo ver que lejos de preocuparle que otro tio se lo estuviera trajinando, eso le excitaba mucho más todavía.

Mario hizo hasta de mamporrero, poniéndose debajo de los culos de los dos tios y conduciendo el pollón de Dolf dentro del ojo de Hugh hasta que este empezó a follar con confianza. El deseo le pudo y en un par de minutos era él el que estaba ocupando el lugar de Hugh, con el culo en pompa y las piernas abiertas esperando recibir el cipotón de Dolf. El cabrón se la metió a lo bestia. Mario se acordó cuando de pequeño se lo pensaba hasta tres antes de lanzarse a la piscina con la mano taponando la nariz. Aquello había sido una traición en toda regla, le empujaron por detrás para tirarle dentro del agua. A pesar de ser jodidamente grande, le entró enterita.

Jugaron al juego de las sillas, él y Dolf agarrados de las manos para sentir el momento en que Hugh hacía la sentadilla sobre los muslos de Dolf y poco a poco se iba clavando la polla dentro. Mario veía cómo saltaba y se ensartaba el trabuco como un mamonazo, hasta las pelotas. No sabía si su rabo iba a aguantar tantas embestidas sin soltar escupitajos de leche calentita dentro. Cuando Hugh se inclinó hacia adelante, los dos pudieron ver el espectáculo mucho mejor, menudo pajote le estaba metiendo con el pandero.

Hugh se sacó la de Dolf y fue a por la de Mario, que a medida que el tio se sentaba encima, no podía dar crédito. Vaya pedazo de culo tenía encima aprisionándole la polla enterita. Más tarde les dejó a los dos que disfrutaran follándose mientras él se dedicaba al jueguecito de atrapar la polla perdida. De la follada que le estaba pegando Dolf de pie a su colega, a Hugh le rebotaba el rabo y Mario jugaba a atraparlo con la boca dándole gustillo.

Pero el resultado de la follada se lo llevó él en toda la jeta como regalo de despedida. Dolf se agarró la cacho polla y la deslechó encima de su cara dejándole la mejilla derecha inundada de lefa para después meterle el rabo por la boca todavía con sabor a leche. El muy cabrón le hizo relamerle con la lengua dos goterones de lefa que le salían por la raja del cipote. Sabían saladitos y muy ricos. Todavía con los mecos dándole vueltas por la lengua, Hugh hizo lo mismo y le rellenó la otra mejilla, la nariz, la frente, el bigote y los labios de rica y blanca miel. Notaba la lefa recorriéndole la cara enterita y eso le valió para ponerse contento, estrujarse la polla y correrse en el suelo.

Volvió con el chaval al que había dejado abandonado por esos dos amiguetes, sin limpiarse la cara, ahí con todos los lefotes encima. Al chiquillo no le gustaban las meadas, pero a lo mejor le ponía relamer la leche que dos desconocidos le habían plantado en la cara, quién sabe, puede que disfrutasen de un buen rato haciendo bolas de nieve.

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