[Fucker Mate] Antonio Miracle le embucha la polla a pelo a Aymeric DeVille en el columpio

La hostia puta, cómo molan algunos jueguecitos sexuales. Hay uno que me mola mucho, tanto hacerlo como que me lo hagan, y al que llamo “hasta el final“, que consiste en agarrarle la polla a un tio y dejarle claro susurrándole cerquita al oído cuando empiezas a pajeársela, que no vas a parar hasta sacarle toda la leche. Entonces comienzas a darle al palo, notas cómo se pone super dura en tu mano, cómo se contonea el cabrón ante la imposibilidad de parar y que la polla tome un respiro y en cuanto empiezan los gemidos no falla, se hacen más y más intensos y el rabo comienza a bombear leche que sale a disparos y que termina ensuciándote todo el puño.

Es increíble la sensación de estar atrapados sin escape y de que no cabe otra que dejarse llevar. El poner a un tio contra la pared, bajarle los pantalones y pegar tu cuerpo al suyo con los brazos a cada lado sin dejarle apenas movimientos posibles, la posición central en un trenecito en el que si te mueves hacia atrás te clavas una buena polla y si te meneas hacia adelante sientes el gustazo de clavarla, pero te muevas hacia donde te muevas sientes rabo por detrás y rabo por delante. Situaciones difíciles pero placenteras en las que tienes el miedo de irte demasiado pronto, como la que prueba Antonio Miracle con Aymeric DeVille en el columpio de cuero, le lanzas con el culo abierto y sabes que la inercia hará el resto por sí sola mandándolo de vuelta y ensartándolo en tu larga polla.

Qué boquita tiene Antonio de rica, le gusta rechupetear bien los morros dejando todo su rastro de saliva encima, te besa y al momento ya está dándote un repaso con su larga y jugosa lengua por los labios, así que es toda una locura sentir su tacto sobre la barra de tu polla cuando se la come. ¿Cómo se las apañará con uno de los rabos más gordos en estado flácido del universo gay? Es imposible no soltar una palabrota al ver el rabo de Aymeric colgando. De tan desigual y diferente al resto de pollas de tios que cualquiera de nosotros hayamos visto (y seguro que hemos visto muchas), esta es hasta curiosa.

Se enfrenta a ella pegándole unos besitos antes de encerrar su gigantesco capullo entre sus labios, un cipotón tan grande que consigue saciarle los morros. Va sintiendo cada irregularidad de esa tremenda polla rozándole el paladar hasta ahogarle y en cada zancada de cabeza, siente cómo le desplaza los huevos calentitos y gordos con la barbilla. Tras una comida como está mandado, se levanta y le hace otra limpieza de morros, nutriéndoselos bien de cacao antes de ser él ahora quien le dé de comer nabo.

Antonio es un empalador, su hermoso plátano alimenta que da gusto, una buena pieza larga y del grosor perfecto para colarse por todos los agujeros, ligeramente curvada hacia arriba para meter un gancho directo hacia la garganta. Con mucho cariño le agarra la cabeza a Aymeric con las dos manos por detrás y le endiña hasta colársela más allá de su campanilla. Se le empitonan los pezones al cabrón del gustillo.

Los dos están todavía con mucha hambre. Aymeric se coloca ya sobre el columpio y se montan un sesenta y nueve tragando polla, hinchándose los mofletes y exhalando gemidos apagados por los cipotes dentro de sus bocas. Con el mismo entusiasmo que puso al principio, Antonio se prepara el culazo de Aymeric dejándolo con las piernas abiertas y el ojete a disposición de su experta lengua. Una inmersión en la raja de un inmenso culo, la nariz rozando la base de la bolsa de las pelotas, los pelillos de la barbita y el bigote raspando el contorno del agujero y su juguetona lengua abriéndose paso hacia su interior para refrescar y lubricar el camino que después hará su polla.

Se la hinca con fuerza, aunque eso es sólo un centímetro de los veinte que tiene para ofrecerle después. Antonio empieza a emborracharse con el agujerito y a ponerse tontorrón hasta el punto de lamer como un perrico sediento. Sin condón ni hostias, se levanta, se la coge por la base poniéndola toda dura y la conduce dentro del culo. Impresionante cómo se la va enfundando, haciendo desaparecer el capullo, sacando y metiendo un poco más y finalmente una vez destaponado ese ojete, se la embucha toda hacia adentro soltando un alarido de gustazo.

Durante un rato los dos juegan a un juego de puntería entre rabo y culo en el que la polla cada vez más dura y gorda de Antonio a veces hace pleno y se la empala hasta el fondo y otras resbala por el ojete deslizándose hacia un lado o hacia abajo. Le gusta endiársela así sin manos, pero necesita frotarla dentro de su culazo grandote. Con gran habilidad le deja el trasero como a él le gusta, sentadito en el columpio pero justo con el agujero hacia afuera para poder metérsela.

La confianza de Antonio en su enorme rabo le hace reconducirla sin manos hacia el pozo sin fondo de ese balonazo marcado en la cancha. Apenas la ayuda de un ligero toque que no podría considerarse falta personal, la encaja como en un puzle y vuelta a su interior desarmando su jugada, incluso con el rabo dentro lo pone a cuatro patas y se lo folla como un abusón.

Tocándose raja de cipote con raja de cipote, Aymeric se corre y suelta toda la lefa sobre la polla de Antonio, que usa toda esa leche para metérsela por el culo y follárselo con su propio semen. Muy cuidadoso y atento, Antonio se la saca justo cuando le entra el gustillo y nada más hacer resbalar el capullo fuera del culo le mete una riquísima deslechada embadurnándole todo el contorno del agujero. Con toda la lefa correteando a sus anchas, le vuelve a meter toda la polla desplazando montones de leche hacia afuera. Tan campante, Aymeric se levanta con el culo encharcado de semen y le pega un morreo. Ahora dile a papá que te empuje el columpio.

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