Acababa de salir de la ducha con el pelito mojado y semidesnudo. Los colegas estaban a punto de llegar, pero Reno Gold se adelantó y decidió comenzar con las manualidades. Cogió una calabaza de las grandes, con el cuchillo le hizo dos ojos en forma triangular y la boca se la dibujói de un certero puñetazo, metiendo el puño y el antebrazo hasta el fondo.
Al sacarlo, notó el tacto suave de la calabaza, se quedó mirando el agujero y se imaginó que era el de un culo hambriento de rabo o mejor aún, bien mirado, el de una boquita juguetona. Sonrió a la calabaza como si fuera una persona real, metió el pulgar por la fingida boca y dio un tortazo a la hortaliza pensando que era una cara a la que le gustaba que le azotaran animándole a comer.
Se le había puesto durísima. Tiró de las bermudas hacia abajo y la larga y enorme pija le salió disparada golpeándole el torso. Se la pajeó sin dejar de mirar el hueco en la boca de la calabaza. Pensó que era una guarrada, pero al final lo hizo. La cogió con las dos manos, escupió en el borde del agujero y coló la polla dentro. Aunque el hueco le había parecido demasiado grande, enseguida se dio cuenta de que el diámetro de su polla lo calzaba casi a la perfección.
Cerró los ojos dejándose llevar por ese sentimiento de placer indescriptible. La pulpa fresca actuando como un colchón para el tronco de su pene. Abrió los ojos. Había hecho un buen trabajo con esa carita. Le pareció increíble lo que podía hacer la imaginación por le simple hecho de ver tres putos agujeros. Era como si realmente alguien se la estuviera mamando. La sacó del hueco, se la meneó y se corrió encima de ella.
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