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Kiray y Leo se frotan y masturban sus grandes pollazas y se follan sin condones el uno al otro | The Male Muse

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A Kiray le gustan los gatitos, los chicos con gatitos y a Leo le gusta ronear como a uno, pero mucho más meter las manos bajo las sábanas por las mañanas y dirigirlas a las entrepiernas de los chicos, justo en ese momento del día en el que con la seguridad de casi el cien por cien, todos la tenemos durísima, a tiro para hacer una buena paja.

Un momento buenísimo para recibir amor y una mano amiga que te sobe el paquete si es que llevas calzones. De tanto sobar, a Leo se le empieza a poner durita, Kiray lo nota y le da la vuelta al asunto, porque la forma que alcanza el frontal de los calzones de Leo, con la colaza apuntando hacia sus caderas, deja claro que está muy bien dotado.

Le deja bocarriba sobre la cama, agarra con fuerza los gayumbos por los lados y se los baja, disfrutando del espectáculo del enorme pollón de Leo, todavía morcillón, descansando sobre su muslo y luego empinándose. Leo y chavales como él, delgaditos y de apariencia inocente, son los culpables de que se haga realidad el dicho de «delgadito y pollón«. Y es que no falla. Kiray mira a ese chaval jovencito, imberbe, de tez blanquita y casi en los huesos, un cachorrito. Pero luego le agarra la cola por la base, ahora toda dura, un pollón larguísimo, gordo y potente y no tiene piedad con él.

Se la pajea, sintiendo sobre la palma de su mano y entre sus dedos el calor y la textura de semejante pollaza. Hay algo excitante en el hecho de tocársela a otros tios. Se inclina y le mete una mamada. Kiray no tiene nada que envidiarle, por eso se sienta sobre el pecho de Leo y deja que el chaval descubra la verdad sobre su rabo, cuando sus manos se disponen a tirar de la goma de los calzones blancos hacia abajo y la pija gruesa, larga y dura sale rebotando, mirando hacia la derecha, curvadita hacia arriba como un enorme plátano.

A Leo le excita el aroma a rabo encerrado y acaba llevándosela a la boca. Kiray no deja que la tenga mucho rato dentro. Quiere jugar con ese tio. Ahora que los dos han destapado sus cartas, se sienta sobre las piernas de Leo y une las dos pollazas con la mano pajeándolas juntitas, dejando que retocen. El roce suave y caliente de otro rabo sobre el tuyo te deja ese puto sabor a pajilla que te hace querer correrte encima, los cojones calientes de otro maromo rozando los tuyos.

Kiray alza el culete de Leo, le relame la raja y le prepara. Tiene derecho a empezar puesto que él ya la tiene dura como una estaca. Baja el culete de Leo al colchón y le hace sentir la necesidad de tenerla dentro, paseando toda su hermosa polla por la raja y el ojete del chico. Kiray empuja el rabo con los nudillos hacia abajo, posa el cipote en el agujero y comienza a penetrar sin condón.

Cada centímetro que traspasa le vuelve loco. Leo está apretadísimo, pero cada nueva postura, cada nuevo intento, entra más en el juego. Bocarriba, de lado, haciéndole la cucharita, bocabajo y sobre él, haciendo flexiones y dándole por culo. Las sábanas empiezan a tener sabor a hombre, dibujando lamparones cada vez que Kiray le arrea y la cola de Leo roza la tela, empapándose en precum adolescente.

El mejor momento está al caer, cuando Leo se cabalga a Kiray y su polla larga y gorda cae a saco sobre los abdominales de este, rebotando, frotándose encima. Kiray también tiene unas ganas tremendas de rabo, pero cada cosa a su debido tiempo. Primero se vicia con Leo por última vez, agarrándole por las piernas, subiéndose de pie a la cama y taladrándole ese culete blanquito con su durísima polla.

Le lleva hacia el borde de la cama, le abre de piernas y le come la polla. Es su turno. Kiray tiene el control, se sienta sobre las piernas de Leo, le coge el rabo y lo frota contra su culo. Lo dura que se le pone la polla, la forma en la que se le retrae el pellejo del cipote cuando se le ensacha del puto gusto según se va metiendo por el culo cada centímetro del rabo de Leo.

No duda de que al chavalín le atraerá ver un rabo rebotando mientras folla, así que Kiray noi se la agarra, deja que su polla dé bandazos de un lado a otro, alegrándole la vista. Luego se pone bocabajo en la cama y deja que Leo haga lo que tiene que hacer. Será jovenzuelo, pero su instinto le llama. Pone en marcha toda la maquinaria para meterla dentro de Kiray, ejerciendo fuerza con ese culete cacheable, de los que uno no puede resistirse a darle una palmadita si le ve desnudo en las duchas. Le tiene algo peludete. Y también tiene unas grandes pelotas. Kiray las nota en su trasero cada vez que le zurra.

Kiray tumbado al borde de la cama y Leo de pie frente a él. Cada uno con su cola, pajeando duro. Leo es el primero en avanzar un paso y correrse sobre el sexo y el puño de Kiray. Como si de un bostezo se tratara, Kiray cae en el influjo del vicio de ver correrse a otro tio, eleva el culete y se deja ir en cuestión de segundos lefándose los abdominales. Si hay algo mejor que un sueño húmedo o que una paja a solas bajo las sábanas, es una paja compartida después de follar.


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