Drew Valentino domina a pelo al guapísimo agente inmobiliario Luciano con su larga y durísima polla | Raging Stallion X Falcon Studios X Naked Sword
Fired Up: Costa del Sol
Decían que ser agente inmobiliario era un trabajo duro, pero en la Costa del Sol, en Málaga, España, las casas se vendían solas gracias al buen tiempo que hacía. Gracias a eso y también por los chicos que las enseñaban, como Luciano. Con esa carita de niño guapo, lo bien que se le remarcaba su culete respingón bien apretado bajo los pantalones y esa camiseta blanca abierta por el pechote, a cualquier interesado se le escapaba una sonrisa de tontorrón y de felicidad que animaban a comprar sin dudarlo, que es precisamente lo que le ocurrió a Drew Valentino.
Pocas veces tenía que recurrir Luciano a su última baza si el cliente dudaba, y lo cierto es que con Drew no tendría ni que haberlo hecho porque estaba encantado con lo que veía, pero le gustó tanto ese machote bien cachas, atractivo y de pelo en pecho, que por qué no, además de mostrarle las estancias, le iba a demostrar que eran totalmente funcionales para muchas cosas, como la terracita, que servía para tomarse un café por la mañana, para tener un rato zen observando las vistas y… también para llamar a un colega que te comiera la polla y follar.
Dejando esa idea como un poso en la cabeza de Drew, Luciano se fue a preparar un cafelito mientras el pobre Drew se quedó en la terraza esperando imaginando cómo sería que ese guaperas se pusiera de rodillas y se la chupara. La idea de ver su larga minga sobre esa jeta guapa y ver cómo se la empapaba en saliva, se la estaba poniendo jodidamente durísima.
Luego llevó Luciano y todo se hizo realidad, no tuvo que imaginar más. «Sobre lo que te decía de llamar a un amigo, puedo demostrarte cómo sería eso de disfrutar del solecito y un café en la mano mientras te la chupan«, dicho y hecho, Luciano le bajó los pantalones y a su encuentro salió rebotando una pollaza bien larga y fornida, morcillona. La encaró de frente y se la zampó de un bocado tragando hasta donde pudo, dejando la marca de sus labios a apenas unos centímetros de la base bien peluda.
Qué buen trozo se tragaba el mamón y con qué limpieza, como si no le costara hacerlo, paseando el cipote por la peligrosa barrera de su garganta. A medida que chupaba barra, las babas le iban colgando de la barbilla. Se la sacaba de la boca, la observaba enorme y dura colgando y le metía otra calada, cuando no, se iba a por los huevazos peludos, metiéndoselos uno a uno dentro de la boca, sobándolos bien con los labios y relamiéndolos con la lengua.
Como para no tenerla dura y querer darle amor a ese chaval que era una ricura, tan guapo, tan atractivo y un buen gamberro chupandola. Era excitante ver cómo pasaba la polla entre sus labios húmedos, su bigotito, las miradas que lanzaba cuando lo hacía. Drew se quitó la camiseta y estiró los brazos a cada lado de su cuerpo sobre la barandilla, disfrutando de esa mamada gratis, sin miedo a que algún vecino de las casas cercanas mirara, porque la cabeza de Luciano quedaba parapetada por las paredes del balcón.
Así que eso era lo que podía esperar por las mañanas. A Drew se la habían chupado miles de veces, pero ninguna había sido tan especial como esa, al solecito, con buenas vistas y en compañía de un zagal que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para venderle la propiedad. Por eso, ahra que sabía sus intenciones, Drew no dijo todavía que sí, porque quería que Luciano le mostrara hasta dónde era capaz de llegar para venderle aquello y estaba deseándolo.
De momento el chaval le invitó a pasar al dormitorio de matrimonio. Drew fue a por todas. Se lanzó encima de Luciano sobre la cama besándolo y dominándole. En cuanto Luciano se abrió de piernas, todavía completamente vestido, supo que ese chaval se iba a dejar follar. Drew estaba muy pero que muy caliente. Cada beso que le daba al chaval le ponía la polla bien firme. Qué guapo era el cabrón.
Al bajarle los pantalones descubrió que, por si le faltaba algo, cara, culazo y cuerpazo, el chico estaba bien dotado. Se le había salido la polla bien dura y tiesa por donde se la sacaba para mear, por el lateral de los calzones, porque estaba claro que dentro de ellos no había espacio para el tamaño que había alcanzado esa pija. Le dio la vuelta para ponerlo a cuatro patas, le retiró el calzón haciéndoselo a un lado y le esnifó el ojete del culo. Delicia pura.
Acto seguido, le bajó los gayumbos dejando a la vista ese impresionante pandero con dos buenas nalgas redonditas, la raja abierta de par en par, el agujero rosáceo del amor, las pelotas y el pollón del colega colgando entre sus piernas. Le tanteó las nalgas comprobando cómo se mecían ante sus palmadas y empezó a comer. Se fue primero a por el ojal, caliente, suave, muy apretadito.
Le encantó escuchar los gemiditos mientras él le dedicaba todo su amor paseando la lengua por encima. Luego le chupó el forro de los huevos y al hacerlo le colocó la punta de la nariz en el mismo ojete. Luciano se puso cachondísimo al sentirlo. Cuando Drew se puso de pie, Luciano dio unos pasitos con las rodillas hacia adelante en la cama para dejarle hueco, Drew se puso detrá de él rabo en mano, se la paseó por la raja toda grande y caliente provocando que a Luciano le latiera el agujero y finalmente se la insertó a pelo hasta le fondo, hasta que los pelazos sobresalientes de la base de su polla rozaron las nalgas del chaval.
Menudo pollón y que ajustado entraba. Al notar cómo le invadía a la fuerza su espacio vital, Luciano profirió un gemido de gusto desgarrador y metió la cara entre el cojín que tenía delante, los ojos en blanco. Drew se adelantó un poco, pegando la parte delantera de sus mulos a la parte de atrás de los de Luciano para estar bien juntitos y con ligeros movimientos de cadera se lo empezó a follar.
Le tenía dominado por detrás, agarrándole por un pie, la otra mano estrujándole una nalga, luego en carretilla cogiéndole por ambos pies, metiendo rabo a buen ritmo dentro de su maravilloso culazo. Luciano dejó entrever lo mucho que le apetecía esa polla grande cuando a Drew se le salió apenas un segundo y enseguida Luciano se la cogió con la mano para volver a meterla dentro. Después de eso, se quedó un buen rato asegurándose de que no se salía más, comprobando con la mano que le dejaba el ojete bien cubierto.
Qué puto vicio. Drew estaba empezando a descontrolarse por completo. Algo dentro de él sabía que no podría contener las formas mucho más tiempo. Se puso encima de Luciano y, aprovechando la fuerza de sus muslos y su culazo, se dejó caer sobre el chaval perforándolo una y otra vez desde arriba. Dios, cómo le gustaba follarse un buen culo así, como los perros, cubriendo desde atrás, metiendo todo el rabo con fuerza y dejando que el airecito le ventilara las pelotas cargadas de leche.
Sin salir de su interior, pues es algo que de todas formas Luciano no hubiera permitido, cayó de lado en la cama, levantó una pierna al chico y le hizo el amor. Esa postura les permitía besarse y mirarse a la cara. Una vez más Drew cayó por completo en las redes de Luciano, tan jodidamente guapo, con esos ojazos, esa carita, ese cuerpecito delgado y atlético y por primera vez pudo ver su pollón en todo su esplendor mientras Luciano se la cascaba, bien largo y potente. Drew no pudo resistirse y le echó una mano.
Llevaban ya un buen rato follando y Luciano todavía no podía creer lo que tenía dentro. Para comprobarlo, se llevó una mano al culo, separó el dedo índice y el medio dejando entre medias el pollón de Drew y se dedicó a sentir el roce del rabo entre ellos, después llevó la mano entre las piernas de Drew y le acarició la polla y las pelotas.
Luciano siguió tumbado bocarriba en la cama y esta vez Drew se sentó sobre sus propios talones delante del chaval para seguir follándoselo a pelo, con las piernas bien abiertas. El ritmo que impuso Drew a la follada fue endiablado, tanto que Luciano no pudo aguantarse más las ganas. Lo intentó, intentó concentrarse, pero al ver que Drew no paraba ni pensaba hacerlo, al ver su cuerpazo, su torso peludo, su cara, su mirada, se vino arriba y se soltó la leche encima.
Drew siguió follándoselo, esta vez a fuego lento, disfrutándolo, borracho de placer, con las mejillas ruborizadas. Le sacó la polla del culo, se retiró un poquito hacia atrás, se la empezó a pajear a toda hostia y acompañó un rugido de placer con una buena desperdigada de semen por todas partes, mojando los muslos y la polla del chaval. Colocó la polla corrida encima de la de Luciano, que se encargó de cogerlas con la mano y masturbarlas, intercambiando leche. Unos besitos finales cerraron un trato que hacía ya tiempo que estaba claro. Así de bien se lo pasaba Luciano como agente inmobiliario en la Costa del Sol, donde hacer buenos negocios, a veces pasaba por hacer bien la cama.
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