Eddie Patrick da culo a Buck Richards para que se lo folle a pelo con su descomunal y flipante pollaza | Missionary Boys

Double Wide Part 3

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Señor, perdóname, porque para conseguir llevar a cabo mi misión, he sacrificado la virginidad de mi compañero de habitación. Así rezó a la mañana siguiente Eddie Patrick, la mañana posterior al día en que él se había dejado follar a pelo por un tiarrón corpulento, calvo, tatuado y con la polla gorda en carne viva, mientras soportaba con resignación cómo otro tio se llevaba dentro de la caravana a Greyson para darle por culo, quitarle la virginidad de un plumazo y convertirle en un hombre.

Sí, ese día cambió algo entre los dos. Greyson pasó de largo en dirección al baño, que estaba justo detrás de la cama donde Eddie estaba arrodillado rezando, sin darse ni los buenos días y Eddie no sabía muy bien qué decir ni cómo disculparse por haberle utilizado. No le salían ni las palabras, estaba realmente arrepentido. En el baño, mientras se lavaba los dientes, al meterse el cepillo en la boca, a la mente de Greyson acudió la imagen de él comiéndose el largo y gordo pollón de Ryan. En el fondo le había gustado.

Sabía que Eddie estaba arrepentido por lo que había hecho y dado que no arrancaba con las disculpas, le tendió una mano, lanzando las corbatas sobre la cama para que le ayudara a ponérselas. Ediie agradeció el gesto y por fin pronunció unas sentidas disculpas. A cambio recibió de Greyson una sonrisa de agradecimiento, cogieron las bicis e iniciaron un nuevo día de esa complicada misión que aún no había terminado.

La zona que les habían asignado era una concentración ilegal de caravanas. No quedaba otra que ir puerta por puerta convenciendo a esos tios para que se marcharan de allí, aparte de convertirlos para su causa. Si eso requería poner el culo a unos tios que eran todo rabos y estaban necesitados de agujeros, lo harían. Esta vez tocaba la caravana de Buck Richards, pero Eddie no pensaba dejar de ninguna manera que Greyson asumiera la tarea, sería él quien se encargase de todo.

Dejó a Greyson fuera y se metió en la caravana con Buck, un tio al que bastaba echar una mirada para comprender que se pasaba todo el puto día pensando en el sexo. Guapo, atractivo, tatuado, aseado, intentando mantener una apariencia agradable dentro de la pocilga en que se había convertido aquel lugar, pero a la vez con un aspecto rudo y cerdo debido a sus tatus y la ropa que llevaba puesta.

Por alguna extraña razón, era más fácil entregarse a tios así que estaban cañón, costaba menos. Eddie ya iba más que preparado, le bastó quitarse la ropa, quedarse apenas con el pijama blanco de una pieza, dar la espalda a Buck, inclinarse y destapar su grandioso culo. Buck se acercó raudo a ver ese pandero, lo agarró entre sus manos y observó el agujero, le dio un par de hostias y metió los morros en la raja empezando a comer ojete como un puto cerdo salido.

Menudo perraco. La mano de Buck se metió entre sus piernas, sacándole la polla y los huevos. Ese cabrón lo quería todo a tiro y le pegó una triple comida desayunándose su rabo, sus pelotas y el ano. Buck se puso de pie, se bajo los pantalones y se sacó la verga. Eddie aprovechó para mirar hacia atrás. Sentía curiosidad por saber cómo la tenía. Lo que vio le dejó sin aliento. Vaya manguera, larguísima y gruesa, colgándole entre las piernas, con la consistencia, en ese momento, de un dildo de goma. Buck le dijo que se la chupara.

Le vio en la cama, agarrándose ese pollón que en apenas unos segundos se había puesto durísimo, super venoso, con un cipotón flipante y Eddie no pudo resistirse a hacerse un hueco entre sus piernas y probar su miembro viril. Lo observó de cerca con los ojos abiertos como platos y emocionado. Era enorme. Se la chupó, pero apenas lograba acaparar más allá del grande y algún centímetro de rabo.

Lo intento y poniéndole ganas llegó hasta casi la mitad, la dejó caer sobre el vientre de Buck y le comió las pelotas, metiéndose un huevo en la boca y estriando para luego soltarlo e ir a por el otro. Ese tio lo tenía todo muy grande. Buck aprovechó para zarandear su porra y darle a Eddie en toda la jeta. Quería seguir chupando esa verga, no sólo poque le estaba gustando, sino porque temía que llegara el momento en que le pidiera metérsela por el culo. Con semejante tamaño era la primera vez que Eddie sentía miedo.

Pero ese miedo pasó cuando Buck se puso detrás de él, le planto el larguísimo rabo a lo largo de toda la raja, le agarró fuerte de las caderas atrayéndolo hacia él y simuló follárselo, frotando su gran y fornido pene entre sus nalgas. Buck se las cacheó dándole palmaditas encima. Iba a metérsela ya y Eddie no se sentía preparado. Pero el ojete de su culo cedió sin problemas, por muy grande que fuera esa polla. Eso sí, el prolongado gemido que pegó Eddie mientras Buck se la metía entera sin ceder un solo centímetro, fue épico.

El cabrón se la metió hasta el fondo, toda esa barra ajustada a más no poder, asesinando su ano, que se dilataba de manera mágica cada vez que sentía las pelotas colgantes de ese empotrador chocando entre sus muslos. Menudo trozo de carne le estaba metiendo por el culo, una buena butifarra. El tio se manejaba bien sin manos y, a pesar de lo larga que era, la tenía lo suficientemente dura como para volver a meterla sin echarse una mano al rabo para reconducirla dentro del agujero.

Cómo sabía abrir el ojete a un hombre. Sacó la verga y la paseó entre las piernas de Eddie, sobando sus huevos y su polla con el rabo. Qué gustito. Eddie alargó un brazo, se la cogió con la mano palpando toda esa consistencia y calor y la condujo dentro de su ano de nuevo para que siguiera follándoselo sin condón. Qué maravilla, qué buena jodida a pelo.

Las sorpresas llegaban por barrios y en esa caravana Buck todavía tenía mucho que decir. Hizo darse la vuelta a Eddie, se puso de rodillas delante de él y se la chupó. Bueno, chupar es un decir, porque literalmente, para ser exactos, se la jaló. Eddie tenía una pija muy larga y lo último que esperaba ver era aquello que sucedió. Buck se la metió en la boca, se la comió hasta la mitad más o menos, justo en ese punto, tosió, pero no de arcadas, sino con la intención de abrir hueco en su garganta. de repente Eddie vio cómo el colega hizo desaparecer por completo su larga pija dentro de la boca, haciéndola pasar por su garganta, escuchó cómo Buck contenía una arcada y luego la sacaba limpiamente.

Se lo hizo una segunda vez. Era jodidamente excitante. Llegó una tercera. El tio no se cansaba a pesar de que ya se le salían las lágrimas por los ojos. Estaba claro que sabía y le gustaba jalar pollas. Pero Eddie se lo vio venir. Esos cabrones sabían que harían lo que fueran con tal de conseguir su misión. Buck se lo pidió, le ordenó agacharse y hacerle lo mismo, que se la comiera entera hasta los huevos.

Tragó saliva y los cojones se le pusieron por corbata. Tenía frente a él colgando toda borracha la polla blanca más grande que había visto en su puta vida, bien larga y gorda. Por primera vez no supo cómo afrontar ese problema. Buck se agarró el rabo por la base. Enseguida cogió consistencia y se le puso el doble de grande y bien dura. Eddie abrió la boca y pensó que cuanto antes lo hiciera, mejor. Tosió igual que había visto hacer a Buck y aprovechó ese momento para adelantar la cabeza y tragar más trozo de rabo.

Funcionó. Le comió casi todo el pene entero y al mirar a Buck pareció que estaba satisfecho. Ahora ya sólo quedaba terminar la misión. Buck lo lanzó bocarriba sobre la cama, le abrió de piernas y se lo folló a pelo allí mismo. Qué profundidad. Eddie empezó a sentir el gustillo por todo su cuerpo, descubriendo que había lugares que jamás le había tocado un hombre por dentro.

Se la estaba tocando y se le salió la leche sola, regando su cuerpo y el de ese perraco. Buck aguantó hasta que Eddie se hubo aliviado para hacer valer su turno. Le sacó la polla del culo, se adelantó masturbándose con la polla entre sus pectorales, a tiro de cara y empezó al lanzar unas bonitas virutas de lefa que se desperdigaban por todas partes debido al movimiento del rabo en su mano.

Poquito a poco pero sin parar de correrse, soltando abundancia. Eddie descubrió sorprendido que le había dejado la cara y el pecho llenitos de leche. Buck le ordenó algo más antes de que saliera de su caravana. Le recogió la lefa con la mano y la condujo hacia su boca para que la probara y se la tragase. Ahí le dejó, con la polla todavía tiesa y un lefote colgándole de la barbilla. Eddie cogió el pijama, hizo una pelota con él y empezó a limpiarse todo el cuerpo, lleno de semen por todas partes. Se sentía sucio pero a la vez sabiendo que lo había disfrutado. Qué cabrón, qué pedazo de polla tenía y qué huevos más bien cargados.

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