Cada vez que Salvador Mendoza y Lucio Saints iban al local, tenían a una legión de chavalitos alrededor, de los que ronroneaban meneando sus culos al son de la música y restregaban la cebolleta por los paquetes. A ninguno de los dos les faltaba un culito prieto diferente que follarse cada día. Pero esa noche algo cambió. De repente la competición por ver quién petaba más ojetes en el baño, pasó a un segundo plano y no dejaron de mirarse a pesar de que los chavales no paraban de insinuarse ante ellos.
Hasta ahora rivales, Lucio guió un ojo a Salva, le lanzó una media sonrisa y le animó a ir al baño a mear. Esperaron a que los urinarios quedaran libres para ponerse uno al lado del otro. Estaban a punto de enseñar las armas con las que competían cada noche. Se desabrocharon las braguetas y en distancias cortas se sacaron las mingas, unas tremendas pollazas gordas y largas contra las que pocos podían competir y con las que no era de extrañar que volvieran locos a los chavalitos.
Se miraron a la cara, se guardaron las pichas en los pantalones a buen resguardo y para evitar que no le pudiera escuchar con el ruido de la música que sonaba fuera del baño, Lucio se acercó a su oreja y le susurró que subieran a la parte de arriba.
El camerino donde se preparaba el stripper de turno era una habitación pequeña pero cómoda y moderna. Allí tuvieron la libertad de quedarse semidesnudos, apenas vestidos con unos calzones que se acoplaban perfectamente a las formas de sus culos, aunque quizá demasiado ajustados por la zona de la huevera, donde sus rabos empezaban a crecer de forma sobrehumana a punto de hacer reventar la tela.
Esto que quede entre amigos. Se frotaron los paquetes y Lucio tomó la iniciativa degustando al macho que tenía delante, comiéndoselo a besos con lengua, chupándole los pezones y los sobacos mientras agarraba su enorme rabo ya casi totalmente duro y lo tanteaba con unos buenos agarrones.
Le bajó los gayumbos y dejó la descubierto su enorme y lustrosa polla. Con pellejito, como a él le gustaban, miró a los ojos a Salva mientras le lamía la punta encapuchada del cimbrel y se lo destapaba para metérselo dentro de la boca. Salva se apoyó con los codos en la cama para ver la mamada de cerca. Lucio intercalaba el amor hacia su pellejo con mamadas de garganta profunda que hacían retorcerse de placer a Salva cuando notaba cómo su polla pasaba por un hueco demasiado apretado.
El cabronazo se excitó tanto que animó a Lucio a hacerle eso una y otra vez. Recompuesto por la sensación de la primera vez, las siguientes le puso una mano en el cogote y apretó hacia abajo para que la polla le penetrara la garganta. Lucio se quedó un buen rato con el rabo entero metido dentro de la boca, sus labios besando la base de su pene tieso y la rugosa bolsa de sus cojones. Salva hizo fuerza reteniendo la polla ahí dentro hasta que Lucio no podía aguantar más la respiración y le dejó salir a tomar aire.
Lejos de enfadarse por esa jugarreta, como los dos eran unos pedazo de cabrones en la cama, Lucio le sonrió dándole una hostia en la cara, con las babas pringándole los morros y unas lágrimas en los ojos. Se puso de pie para quitarse los calzones blancos, ya demasiado apretados. La forma curva del paquetón que se dibujaba en ellos no era en vano, se correspondía con un pedazo pito morenote, largo y grueso para caerse la baba.
Alguno de los dos tendría que dejarse vencer y dejarse follar el culo. Lucio tenía claro que no le importaba abrirse de par en par para ese tiarrón, lo que tenía era dudas de si el otro estaría dispuesto. Enseguida descubrió que los dos parecían por la labor, en cuanto pasó de chupar la polla a Salva, los huevos y le levantó los muslos con las manos, separándole las piernas y metiendo los morros yle lengua dentro de su raja.
Experto en ojetes abiertos, enseguida supo que ese no era de los que se había dejado penetrar muchas veces. Se dio el placer de hacer la triple comida que todo macho se merece. Con la mano agarró el pene de Salva y lo puso en paralelo con la huevera y el culo. Todo a tiro para pegarse el festín. Por él que no quedasen ganas, pero todo le decía que ese culo no iba a dejarse abrir del todo, a pesar de que lo ensalivó con ganas e incluso dilató medio centímetro.
Nada, que no se iba a dejar, así que iba siendo mejor prepararle la polla para lo que venía, pero Lucio no se iba a dar por vencido. Mientras le comía el trabuco, él se pajeó el suyo para dejarlo morcillón y duro. Se levantó y dejó su pollón morenote y exuberante a la altura de la cabeza de Salva, que parecía muy propicio a comer rabo. Lucio le agarró la mocha com si fuera un balón y le folló la boca metiéndole el pollón entero hasta atragantarle, hasta que su nariz tocó los pelos de la base de su miembro, hasta que su barbilla impactó contra la bolsa de sus pelotas.
Nada como tener a un macho empotrador entregado a la causa. Lucio le dejó con la miel en los labios y sacó la polla de su boca justo en el mejor momento, cuando le tenía borracho con los mofletes llenos y las babas colgándole por los cojones. Necesitaba esa polla dentro de su cuerpo, así que se tumbó de lado, elevó una pierna abriendo el culete y observó cómo Salva se ponía de rodillas delante de él, escupiéndose en la mano y mojando el ojete y la polla con su saliva, diciéndole sin palabras que se lo iba a follar a pelo.
Lucio sintió un gustazo tremendo cuando ese macho le penetró las entrañas con su durísimo pito. Lo tenía tan empinado hacia arriba que justo le estaba dando donde más le gustaba. Mientras se lo follaba, no dejaba de mirar esa cara varonil y atractiva, los gestos que hacía de rabía cuando se la metía a fondo. Lucio se dejó caer rendido sobre la cama con los ojos en blanco, sintiendo que su cuerpo dejaba de ser sólo suyo.
Con fuerza, Salva agarró a Lucio y le obligó a ponerse boca abajo, con el culazo al borde de la cama y las piernas colgando. Salva le escupió en la raja, le dio unas palmaditas asegurándose que la saliva recubriera la entrada del ojete y tiró hacia adentro sin condón con toda su jodida y enorme polla. Posó su cuerpo en la espalda de Lucio y buscó su cara. Se besaron como un par de cerdacos, relamiéndose las lenguas, dejándose llevar por el placer como animales.
Una vez más Lucio se quedó prendado de la cara de Salva. Ahora lo tenía más cerca que nunca, sentía su aliento en su boca. Notó cómo Salva se ponía cachondo e incrementaba el ritmo de la follada, empezaba a gemir y cerraba los ojos. Por un momento creyó que le preñaba, pero antes de que eso sucediera, el cabrón le sacó la polla del culo y con sus santos cojones posó el culo enla almohada y se quedó sentadito, con la minga tiesa esperando que Lucio agachara su culo y se sentara encima.
Y así lo hizo Lucio. Se ensartó encima de esa pollaza y saltó encima haciéndole un buen pajote con el trasero. Salva empezaba a tener la escopeta cargada. O se corría dentro de él o salía de su interior. Decidió salir. Se puso de pie y se pajeó la polla con rabia sobre la cara de Lucio. Un primer trallazo salió despedido con fuerza al lado de su jeta, contra la pared de la habitación y, cuando parecía que todo hacía acabado, Salva agarró a Lucio por los pelos, plantó el cipote sobre su lengua, gimió como un cabrón, el cabezón de la polla se le infló y le metió una buena tanda de trallazos que impactaron contra su barba, su bigote y se le metieron hasta la garganta obligándole a tragar semen.
Con los morros llenos de lefa como un buen cerdo, algún que otro meco de ese machote desperdigado sobre su sien y su pelo, Lucio se echó hacia atrás y se pajeó hasta correrse encima. Todavía retenía algo de leche de ese maromo dentro de la boca. La saboreaba, indeciso sobre si escupir y tragar. Al final agarró a Salva por la nuca y le pegó un morreo dejándole probar su propio néctar.
VER A SALVADOR Y LUCIO EN KRISTENBJORN.COM
VER A SALVADOR Y LUCIO EN KRISTENBJORN.COM

