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Paddy O’Brian se folla el culazo de Seth Peterson sin condón sobre la mesa del comedor | Naked Sword

Spain In The Ass

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Si algún día en el futuro le llegaran a preguntar a Seth Peterson cuándo, cómo y con quién había llegado a descubrir el amor y la pasión, sin lugar a dudas contestaría que un buen día de verano, en España, con Paddy O’Brian, un hombre atractivo a rabiar, musculoso, con una mirada embriagadora capaz de despertar tu yo más salvaje. PEC decían los jóvenes. Por el culo es por donde se metió Seth a España y por donde dejó meterse a Paddy, por supuesto.

Por primera vez en mucho tiempo, Seth se sentía querido realmente por alguien, más que querido, deseado. Que ese tio se lo hubiera llevado a su chalet de lujo y le estuviera dando todas las comodidades habidas y por haber, le hacía sentirse como alguien especial. Las noches de desenfreno daban paso a mañanas de pasión. Era mirarse a los ojos, acercarse y necesitar tenerse el uno al otro.

Seth era ese jovencito imberbe y guaperas que tanto le gustaban a Paddy, jovencitos que estaban empezando a formar sus cuerpos como auténticos hombres, atléticos y con ganas de vivirlo todo muy intentasamente. Paddy era el daddy joven y atractivo que deseaban todos los chicos de la clase de Seth. Según le veían llegar cerca del instituto con su buga de lujo, saliendo de él con las gafas del sol todo chulito y esa camisa abierta por le pecho, los muy cabrones se iban al baño a cascársela en su honor antes de que empezaran las clases.

Supo mantener en secreto sus encuentros con Paddy. No necesitaba que nadie le preguntara acerca de cómo tenía la polla y qué tal lo hacía en la cama. Prefería reservarse para él esa parcela de intimidad. Se quedaba con el hecho de que siempre le había deseado y ahora lo tenía. Aquella mañana Seth se apoyó en la viga de madera del porche, tomando un sorbo de su café, mirando hacia el horizonte, hacia los campos verdes y el cielo azul. España era la puta hostia de guapa.

Deseó vivir allí todos los días del resto de su vida, junto a ese hombre que se acercaba pidiendo guerra. No necesitaba mucho para obtener lo que quería. Con esa cara tan guapa y atractiva, imposible de dejar de mirar, a Seth se le despertaba todo al instante mirando fijamente sus ojazos, observando lo bien que le quedaban esos pelitos en la barba y el bigote. Joder, ¿cómo era posible que la barba de un hombre le diera tanto morbo y le pusiera a cien?

Sí, era posible. Una vez más se quedaron uno frente a otro y exploraron sus torsos, musculosos ambos pero tan diferentes, uno peludete y el otro suave como la piel del melocotón. Polos opuestos que se atraían. Seth fue buscando la boca de Paddy como un cachorrito buscaba meter los hocicos en un yogur. Cuando finalmente Paddy se dignó a besarle con lengua, Seth sintió que todo se desataba en su interior, que un fuego ardiente le imbuía desde los pies hasta el último pelo de la cabeza.

Quería entregarse a Paddy en cuerpo y alma, como hacían esos personajes de los libros que vendían su alma al diablo. Las manos de Paddy agarrando fuerte sus nalgas, apretándolas, subiéndolas hacia arriba, deseándolas. A la mente de Seth acudieron recuerdos de las recientes clases de educación física en el insti. Sí, Paddy era el profe de esa asignatura. No a todos los chicos les hacía eso y ahora Seth comprendía por fin por qué, cuando se ponía por detrás de algunos para enseñarles algún movimiento, demasiado cerca y les apretaba todo el paquete en el culo y ellos lo notaban, vaya que si lo notaban, grande y poderoso.

Pues así estaba ahora Seth, dando la espalda a su profe de deporte, notando su impresionante bulto, mucho más grande que en las clases, porque ahora estaba morcillón, más cerca que nunca, puesto que ya no les separaban las telas de los pantalones y los gayumbos, sólo la de estos últimos. Por muchas veces que hiciera aquello, no dejaría de sorprenderse.

Se agachó y tiró fuerte de los calzones hacia abajo. La polla del entrenador salió disparada como un resorte, grande y bien tiesa apuntando hacia arriba. La agarró con una mano y la observó de cerca. Era preciosa y lo que más le flipaba era la forma de ese descomunal cipotón. Se relamió los labios por instinto y se la empezó a chupar.

No era fácil comerse un pollón de ese tamaño, pero Seth aprendió a hacerlo cada vez mejor. Ya a veces hasta sentía que podía colársela por la garganta, aunque fuera sólo un poquito. Qué diría la asociación de padres y madres si les diera por ir a hacerle una visita y ver aquello, un alumno chupándole la polla a su profe. Los dos lo hacían con pleno convencimiento, pero tampoco podían quitarse esa idea del todo de la cabeza. Paddy se excitaba viendo a su alumno de rodillas comiéndole el rabo, cabeceando. Seth estaba encantado con poder chupársela a su profe, ponerle tan cachondo que terminaba follándole la boquita, intentando perforarle más allá de la campanilla con su enorme cabezón.

Comerle la polla a Paddy era como poner un capote rojo delante a un toro de miura. El tio se ponía burro de cojones. Sin perder ese rastro de amor y pasión que seguían quedando en él, Paddy se llevó a Seth hasta la amplia mesa del comedor. Delante de la chimenea, lo sentó encima y empezó a desnudar a Seth de la última prenda que le quedaba encima.

Con cariño y demostrando paciencia infinita, fue sacando los gayumbos blancos al chaval. Disfrutó del camino del simple hecho de pasar la prenda por sus piernas y sacárselas por los pies. Ahí estaba su regalo, uno con el que soñaba cada mañana al despertar, su mejor desayuno. Seth desnudo por completo delante de él, su carita guapa mirándole, su cuerpo musculadito, abierto de piernas, con la polla tiesa, los cojones colgándole entre los muslos y un precioso culazo redondo y blanquito esperándole.

No era como otros que tenía que desplegar las nalgas para apreciar el hueco. A Seth se le veía toda la hendidura y el ojete con tan solo abrirse de piernas un poco. Una puta delicia con la que volverse loco y perder la chaveta. Paddy le escupió, dejándole todo el gapo alrededor del agujero, espumoso. A partir de ahí, le dedeó y le metió lengua, mirando a Seth por encima, desenado meterse pronto dentro de él.

No acostumbraba el profe a llevarse a la boca atributos masculinos, se hacía de rogar, pero a Seth le había cogido cariño y confianza, además de que al chaval le colgaban bastante los huevos, así que sinque Seth lo esperara, le succionó las pelotas. Se levantó, le cogió por los muslos atrayéndolo hacia el borde de la mesa y le clavó la polla a pelo.

Al hacerlo se quedó mirando a Seth. Gozaba de ese primer intercambio, cuando el chaval abría la boca y gemía, los ojos igual de abiertos a lo grande, digiriendo semejante pollón, su cuerpo musculadito ahora en tensión, marcando abdominales, la forma en la que se relajaba una vez se metía por completo dentro de él. Entonces sí, Paddy dirigía la mirada hacia abajo, observando su rabo penetrando ese culazo tan bonito, e iniciaba el movimiento acompasado de la follada.

Ese cabroncete le ponía perraco y le hacía sudar. Se inclinó encima de él en posición de flexiones, esas que hacían cada mañana de clase, solo que estas tenían una mejor recompensa. El sudor de Paddy caía a goterones de su frente y de su cuerpo, dejando al chaval a merced de la lluvia, hipnotizado, mirando al hombre al que rezaba cada día, tan cerca de él, metido dentro de él.

Aunque Paddy tenía la polla bien lubricada, Seth se metió entre sus piernas y se la comió otra vez, esta vez dando bombo a sus peludas y rugosas pelotas. Dejó a Paddy tumbado sobre la mesa y se sentó sobre sus piernas clavándosela, pajeando esa polla con su culo. Paddy se quedó observando la belleza del cuerpo de ese chaval saltando sobre su pene, sus huevetes rozándole los pelos de la base de la polla. El cabrón se echó hacia atrás, apoyándose con las manos en la mesa, ofreciendo a Paddy unas vistas increíbles de ese culo devorando rabo.

Ahora que ya le había agujereado unas cuantas veces, era cuando deseaba ver lo precioos que le había dejado el ojete del culo. Seth se lo puso en bandeja haciendo un sesenta y nueve. Mientras ese pequeño cabrón le daba a la pija, Paddy tenía el primer plato frente a sus ojos, el culo de Seth delante de su cara, sus pelotas y su polla dura entre los pechos. Menudo agujero, ahjora un poco más rojizo y más dilatado que al principio y qué buen par de nalgas a los lados, protegiéndolo de hombres como él o quizá arrojándolos al vicio extremo.

Se lo tabajó un poquito metiéndole dos dedos y expandiéndolo. Para cuando Seth se la clavó dándole la espalda, la polla grande y gorda entró enterita de una sola vez. Paddy dobló las rodillas apostando sus pies sobre la mesa y aprovechó la fuerza de su culo y sus caderas para follárselo desde abajo. El crio estaba tremendo. Le puso a cuatro y le folló esa bomba de relojería y es que ese culazo poderoso era eso, un dispositivo capaz de hacer explotar de gusto a cualquier hombre.

Le dio por culo de rodillas sobre la mesa, viciándose cada vez más con ese pandero lujurioso. Seth se dio la vuelta para chupársela y eligió una postura conocida para cascarse un pajote, cabalgando a Paddy de espaldas. Unos sonoros gemidos precedieron a la eyaculación. Con ese pollón deleitando su ano, el cabroncete se tiró un pajote, con la leche brotando de su rabo, mojándole todos los dedos del puño.

Se dio la vuelta y puso su cuerpo sobre el de Paddy, mirándole fijamente frente a frente. Paddy se la empezó a menear efusivamente. Justo cuando estaba a punto de correrse, se la soltó de la mano, agarró las nalgas del chico, dejando la pija abandonada en la raja, pegó un grito demencial y empezó a salirle toda la corrida por la polla. Correrse sin manos le llevó a la locura. Sus piernas empezaron a temblar, iniciando un movimiento de follada taladradora, la inercia natural que llevaba a un hombre a querer clavarla a fondo al soltar la leche, persiguiendo una preñada certera.

Dios gracias al ser supremo por traerle esa comida a la mesa, por poder tratar de forma especial a su alumno favorito. No iba a soltarle de la mano. Había algo más que sexo en aquella relación, quizá algo de amor, quién sabía. Se quedaron un ratito más disfrutando de todas las sensacione que habían experimentado, que estaban experimentando en ese momento, abrazados, con sus cuerpos desnudos, recién corrido. Un placer tan exquisito como inolvidable.

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