Bohemian Boy domina a Serg Shepard en la cama embistiéndo a pelo con su largo pollón | Hung Young Brit
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Los premios Grabbys siempre era un buen lugar para pillar cacho. Cuando a Serg Shepard se le metía un tio entre ceja y ceja, no paraba hasta llevárselo a la cama. Este, Bohemian Boy, le ponía especialmente nervioso. No acertaba a saber si era por ese estilo de hippie setentero con la melenita por las orejas, barba espesa y descuidada, o quizá su torso planito, marcando tableta, con esos pelos que nacían desde el ombligo hacia abajo, puede que sus pectorales, musculados, que destacaban todavía más con la chapita que caía entre ellos desde su cuello.
Con ayuda de un colega siempre era todo más fácil. Entre los dos se llevaron a ese tio a la habitación donde dormían. El comentario del colega de Serg prendió la llama. Se le ocurrió decir que los vecinos solían quejarse de Serg porque hacía mucho ruido follando. Bohemian Boy le dirigió una mirada pillina, sonriendo, ahora visiblemente nervioso con las manos en los bolsillos, imaginando cositas.
Serg lo negó todo. Para entonces ya tenía la boca de Bohemian Boy besando la suya y le estaba agarrando el paquete por encima de las bermudas. Lo que tocó le hizo perder la cabeza. Bajó las bermudas a ese tiarrón guaperas, le sacó la verga por un lateral de los calzones y se la empezó a mamar. Larguísima y no excesivamente gruesa, perfecta para tragar. Le puso tan cerdo la forma de ese pollón con sus babas encima, que se revolvió entre sus piernas hasta tener el rabo encima de la cara, le comió los huevos y sacó bien la lengua para relamer la tranca, antes de metérsela en la boca y animar a Bohemian Boy a follársela.
Se abrió de piernas para él. Bohemian Boy se acercó de rodillas sobre la cama, se sentó sobre sus talones, dirigió el misil hacia el agujero y lo hundió dentro del culo sin contemplaciones. Los grititos de dolor y gusto de Serg recibiendo ese fornido pollón que te entraba tan ajustado, dejaron claro que su colega no mentía. Boehmian Boy siguió a lo suyo, sin retorceder un solo centímetro excepto cuando ya la tenía toda dentro y empezó a meter y sacar. Serg creyó por un momento que se corría encima.
Se hizo con el culo de Serg enfilándolo con su largo rabo una y otra vez, apropiándose de él. La corrida de Serg llegó no mucho más tarde, cuando estando cabalgando sobre el rabo de Bohemian Boy, al ver esa tableta perfecta y marcada, no pudo contener la leche en los huevos ni resistirse a la mano experta que ahora pajeaba su rabo. Uno tras otro, los chorrazos salieron disparados de su pito hacia su pecho, entre los abdominales, dejándolo empapado con su semen.



