George Dubois se trinca a pelo el musculoso, redondito y suave culazo tatuado del guaperas Maik Cley | Fucker Mate

Heat at Sillon Rojo

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Ya se lo dijo un colega después de haber terminado con él en los baños del instituto, cuando agarrándole la carita llena con su leche encima, se la sostuvo por la barbilla obligándolo a mirar hacia arriba y diciéndole. Maik Cley, con esta carita y ese cuerpazo, has nacido para hacer feliz a los hombres. Pronto los baños se le quedaron pequeños, porque todo aquel hijo de buen vecino que estudiara allí y quisiera follárselo o dejarse hacer una mamada para experimentar, ya lo había hecho, así que Maik subió las expectativas.

Encontró en el Club Sillón Rojo su nuevo hogar, donde a menudo acudían los mismos tios, pero donde de vez en cuando llegaban agradables sorpresas. Lo que comenzó como una forma de dar salida a su desmedido apetito sexual, se convirtió en un trabajo y el suyo era calentar a los tios en las mazmorras del club y entregarse a ellos en el famoso sillón rojo.

Cada tio que cruzaba las puertas de su guarida, caía rendido ante esa carita de guaperas, su cuerpazo tatuado y su flipante y musculoso culazo hecho para aguantar las embestidas de los más valientes. Ese día George Dubois no le vio la cara, sino el culo, porque en cuanto Maik escuchó los pasos de un nuevo invitado dirigiéndose a sus aposentos, metió el torso por un gran agujero en la pared y dejó el pandero por fuera.

La idea era excitante. No saber quién era el otro tio y empezar a conocerse follando. Maik no pudo ver el pedazo de tiarrón que empezó a tocarle las nalgas, a abrírselas de par en par para adminar su ojete para luego meter los morros y trabajárselo. Un tio varonil, de pelo en pecho y con un gran paquete para él. Uno donde la polla no aguantó mucho más tiempo encerrada, puesto que en cuanto George empezó a escuchar los gemiditos de placer del chaval, se vino arriba y trempó, obligado a sacársela y masturbarse mientras seguía disfrutando con ese culazo pegado a su cara.

Si así lo había decidido ese chaval, él no eras quién para contradecir las normas. George se levantó, se lanzó un certero gapo a la polla para lubricarla, dirigió su largo y gran misil todo empalmado hacia el agujero y notó el gustito del apretón de ese generoso culazo apretado sobre su rabo tieso. Poco pudo hacer ante la idea de ir poco a poco, porque Maik retrocedió con el trasero tragándose toda su polla. Lo único que pudo hacer George fue mirar cómo su rabo se hundía dentro de esa raja omnipresente y el culazo de Maik se bamboleaba hacia adelante y hacia atrás metiéndose una auto follada.

Respirando hondo mientras la leche se le acumulaba en las pelotas, George encontró el momento para coger a ese zagal por las riendas de la goma de sus gayumbos y darle su merecido, deleitándose la mirada contemplando ese majestuoso culazo tatuado, redondito y suave. Le metió barra hasta hacerle sentir en las nalgas sus pelotas peludas.

Ahora que ya se habían conocido de la mejor manera posible, ahora que el cipote de George estaba completamente descapullazo, rojizo y a punto de reventar con el rabo colgando entre las piernas, sacó a ese chico del agujero. La conexión fue instantánea y se dieron el lote. No podían ser más distintos. Uno sin un solo pelo, tatuado, de tez bronceada, un guaperas, el otro con un cuerpo delgado y blanquito, aunque se notaba que atlético, con el torso peludo, atractivo, cañero.

Maik le hizo ver las ganas que le tenía mirándole a los ojos y retándole mientras le mordía el labio inferior y se lo estiraba antes de bajar para chupársela. El gustazo de ver esa carita guapa trincándose su polla no se lo quitó nadie, le salió un gemido de gusto indescriptible. Es chaval iba a por todas, le tenía agarrado por las pelotas con una mano y se la estaba comiendo enterita, masturbándola entre sus labios.

El sillón rojo quedaba justo detrás. George había escuchado acerca de sus múltiples funcionalidades. Cuando él lo vio, no tenía forma de sillón, sino más bien de asiento donde se hacen pesas, perfecto para que Maik se girara y le diera culo inclinándose sobre él. Ya sin agujero de por medio, se lo folló a pelo dándole por detrás. El chaval aguantó sus embestidas con nota antes de darse la vuelta y abrirse de piernas.

Qué ojazos, qué carita guapa, qué bueno estaba, seguía retándolo con la mirada. Se fijó en sus manos, grandes, masculinas, en tantos detalles bonitos que no había apreciado antes. Le metió a saco y no paró. Cuando sacó la polla, lo hizo a tiempo para soltarle un trallazo que salió disparado de entre las piernas hasta su brazo y siguió exprimiéndose la polla hasta soltarle todo el caldo. Borracho con la corrida que acababa de meterse, endiñó de nuevo al chico. Fue un detalle que Maik bajara a limpiarle el sable y que lo mirara mientras lo hacía, una señal más de lo mucho que le había gustado.

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