El guapísimo chulazo Tommy Storm muestra su cuerpazo musculado y atlético al desnudo | The Male Muse
Me encantaban las sorpresas. Eso de quedar con un tio a ciegas sin saber cómo era, dopaba mi mente con un subidón que hacía que ese juego fuera interminable. A veces hasta quedaba con varios una sola noche si alguno no me convencía. Pero cuando se producía esa magia, cuando entraba en la habitación del hotel y veía a un especímen como Tommy Storm, lo notaba en todo mi cuerpo. Lo sabía.
Por pura inercia, el diablillo que llevaba dentro me susurraba lo bueno que estaba ese tio, me salía una sonrisa incontrolable de bobalicón y el corazón empezaba a latirme a doscientos por hora. Tommy estaba buenísimo y todo mi cuerpo reaccionaba a su presencia conectándome un poco más a él. Guapo, ojazos, con un bigotito estilo italiano sobre sus labios, perilla, un collar que empoderaba su torso musculado, atlético y tatuado.
Y menudo paquetón. Con este no me iba a aburrir un solo segundo, porque ya solo con acercarme, sentir su calor, su aliento y tocarle ese pedazo de bulto, podía correrse a gusto. Tommy tuvo que darse cuenta de que mi mirada se centró bastante en su paquete, porque al momento echó la vista hacia abajo y se lo cogió entre las manos para que yo viera que efectivamente iba muy bien dotado.
Se subió en la cama y empezó a seducirme, como si acaso eso hiciera falta, como si no estuviera ya otra vez enamorado de un hombre como él. Se metió la mano por el frontal de los gayumbos y gimió echando la cabeza hacia atrás. No veas lo que vas a gemir cuando la tenga en mi boca, pensé. Te la voy a despellejar. Se dio la vuelta y me enseñó el culete, ese que yo hoy sólo quería tener en mis manos cuando me penetrara duro.
Se echó sobre la cama y se fue quitando los calzones mirándome todo el rato. Qué rico estaba mamá. Nunca tuve la sensación de ser tan puta, de querer montarme sobre sus piernas y cabalgarle. Un espécimen de diez. Se dejó los calzoncillos por las pantorrillas y alargó las piernas para rozar mi cuerpo con sus pies. Sentí el calor de sus pinreles en mis pectorales y entonces hice algo que no había hecho nunca, se los cogí y perdí la cabeza lamiéndoselos, metiendo sus dedos gordos en mi boca, deseando que pronto esos dedos dejaran paso a su polla.
Ese cabrón me había hecho perder la cabeza de lo bueno que estaba. se arrodilló en la cama y se acercó a mí. Jugamos a ver quién estaba más fuerte, pero yo siempre tuve claro quién era el vencedor en esas lides. Dobló el codo para mostrarme sus biceps, acercó el pulgar a sus tetillas, que estaban duras y erectas, me agarró la mano y me hizo tocárselas. Las tenía efectivamente duritas y justo la punta era super suave. En cuanto se las toqué, se le puso la piel de gallina y empezó a gemir. Se tumbó en la cama y me llevó con él. Se abrió de piernas para mi y, aunque no era mi objetivo, mi tranca estaba ya más que preparada para enchufarle.
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fotografías por @The_Male_Muse
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