Mark Blue se abre de piernas para dejarse follar a pelo por el jovencito Maverick Sun | Men At Play

Daddy Want 2

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Después de llegar del trabajo, Mark Blue entró al baño para echar una meada y aprovechó para mirarse al espejo. Joder, si pudiera se follaría a él mismo de lo buenorro que estaba. No le gustaba ser creído ni nada de eso, pero a la vista estaba que esa cara atractiva, esos ojazos y ese porte con el traje puesto y corbata, eran motivos más que suficientes para que cualquier pensara en hacerle varios favores.

Se puso cachondo, no había nadie en casa, ni su chica ni su hijo, así que tiró de tablet para ver fotos y vídeos guarros, de jovencitos desnudos como a él le gustaban, un secreto que jamás confesaría. Él estaba en la treintena y le molaban los chavalitos de unos veinte, los que ahora a él le consideraban un daddy. Estaba seguro de que en el instituto más de uno se pajeaba pensando en él. Se estaba acariciando el paquete cuando llamaron a la puerta.

Era Maverick Sun, el compañero y amigo de su hijo. Como pudo, ocultó la erección metiéndose la mano en el bolsillo y le dijo que podía pasar y esperar en su habitación a que llegara. Antes de eso se detuvo un momento a mirar a ese chaval. Justo el tipo de chico que le gustaba, encantador, con cara de vicioso y pillín, guapo, de cuerpo atlético y pelazo, con ese flequillito recorriéndole la frente.

Mientras se dirigía delante de él hacia la habitación, se dijó en su culazo, bien marcado en los pantalones de pinzas que llevaba. Las ganas que tuvo de plantarle una mano encima, no lo sabe nadie. Los minutos pasaban, no llegaba su amigo. Se puso a mirar las cosas de su cuarto y en el cajón de la mesilla descubrió un fleshjack. A su edad, su mente cachonda y perversa no hacía más que pensar en guarradas.

Imaginó la polla de su colega ahí dentro de ese cacharro, la olisqueó comprobando que quizá no la había limpiado del todo, que todavía olía a rabo y a lefa. Se tumbó en la cama, se bajó los pantalones y la metió dentro. Así el ratito de espera se pasaría antes. A apenas unos metros de distancia, Mark no podía dejar de pensar en ese chico, a solas en la habitación de su hijo.  Entró y le pilló con las manos en la masa.

Maverick intentó esconder la picha ocultándola dentro del masturbador, apretando las piernas. La situación le vino a Mark que ni pintada para lo suyo. Se tumbó al lado de Maverick en la cama y le propuso que ya que estaba, podía ayudarle. Sin esperar una respuesta, con Maverick mirándole con cara de sorpresa, Mark le retiró las manos del fleshjack sustituyéndolas por la suya y comenzó a subir y bajar el masturbador a lo largo de todo su pene.

El chico se relajó y disfrutó. Los ojazos claros de Mark todavía le intimidaban. Mark retiró el juguete, se inclinó y le hizo una mamada, para nueva sorpresa del chaval que no salía de su asombro. Se dejó llevar. Colocó una mano en la cabeza de Mark mientras se la chupaba efusivamente, tragando con ganas. Mark le levantó las piernas y le comió el culito. Le encantaban los culitos así de tiernos, suaves y apretaditos, rozarlos con las yemas de sus dedos, penetrarlos con su lengua húmeda.

Para entonces Maverick estaba totalmente entregado. Se sentó encima de su cara para que le devolviera el favor abriéndole la raja con la lengua y aprovechó para saltar sobre su jeta, dándole una buena paliza con la polla y los huevos sobre la nariz y la frente. Estaba seguro de que, auqnue jovencito, sabría follar como un hombre. Mark se lo llevó hasta el recibidor de la habitación, le dio la espalda, se bajó la parte trasera de los pantalones y le dejó que disfrutara penetrándole el culo sin condón.

Eh, ¿a que las chicas de tu instituto no se te abren de piernas así de fácil y menos sin usar condón? Joder, con qué ganas le cogió y qué bien follaba. Mark se abrió de piernas para él en la cama de su hijo. Padre y amigo follando. Maverick le duró más de lo que esperaba, seguramente siendo su primera vez follándose a un daddy. Le vio sacar la polla del culo y disparar un trallazo de lefa como un auténtico campeón, ensuciándole toda la corbata y la camisa con su semen, una señal de que había disfrutado y mucho.

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