Los tios que te entraban por el ojo a la primera estaban genial, pero a medida que pasaba el tiempo, esa sensación de novedad se iba diluyendo. Manuel Reyes la conocía bien, por eso prefería a esos otros hombres que de primeras no te encandilaban, pero en los que día a día ibas viendo que cada vez te gustaban más cosas, que cada vez te parecían más atractivos, porque eso ya nunca desaparecía. Es lo que le ocurrió con el repartidor Zac Johnson.
Se dio cuenta el día que apareció en la oficina, como cada tarde casi al finalizar la jornada, pero con el uniforme más sucio de lo normal. Fue entonces cuando se fijó en él, en sus ojazos, en sus brazos largos y fuertes, en su barbita y algo hizo clic en su cabeza que se le abrió el ojete del culo solo, algo que solo le pasaba cando se moría por tener a un tio dentro de él.
Todo lo que sucedió ese día fue un regalo. Zac pidió a Manuel ir al baño. Él le mostró el camino y, al ver que tardaba más de la cuenta, se acercó y pilló al chaval haciéndose una paja, con el pene largo, enorme y erecto meneándosela con la tapa del retrete abierta y sentado en él. Zac intentó subirse corriendo los pantalones, pero Manuel le dijo que no lo hiciera. Pasó dentro del baño de chicos, cerró la puerta detrás de él y se acercó lentamente hacia Zac, que estaba de pie con la polla dura. Manuel alargó la mano y sostuvo el miembro del repartidor sobre la palma de su mano.
La tenía grande, muy grande. Manuel sabía reconocer una de esas cuando las veía. Gordita, caliente y muy pesada. Se le estaba abriendo el apetito. Se agachó y le hizo una mamada. Dios, qué bien encajaba ese pollón en su boca, se la llenaba entera y se la hacía abrir más de la cuenta. La polla creció un poco más. Estaba durísima, venosa. Su forma era flipante. Lubricadita, con el pellejo bordeando el cipote, sin dejarlo salir dle todo, ligeramente curvada hacia abajo y hacia la derecha.
Manuel se bajó los pantalones hasta las pantorrillas, se inclinó sobre el retrete dando la espalda a Zac y el repartidor tomó su culo penetrándolo sin condón. Como ya no quedaba nadie en la oficina, salieron del baño, Manuel se encargó de echar el cartel del cierre y se quedaron follando en el recibidor. Zac sorprendió a Manuel empujándolo contra el sofá para que se sentara y luego sentándose sobre sus piernas. El chaval también quería rabo y vaya si lo tuvo. Montó sobre él mientras se pajeaba alegremente.
VER EXPRESS DELIVERY 2 EN MENATPLAY.COM
VER EXPRESS DELIVERY 2 EN MENATPLAY.COM







