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Santiago Rodriguez se corre sin manos y se mea encima mientras Jordan Fox le penetra duro y a pelo | Fucker Mate

Bare-back in Action

Desde bien jovencito, Santiago Rodriguez soñaba con cruzar el charco hacia tierras europeas y enamorarse de algún chulazo parisino, besarle sentaditos en un banco mientras la Torre Eiffel les miraba con su cara más iluminada bajo el cielo nocturno. La noche en que conoció a Jordan Fox cayó en la cuenta de que no era necesario recorrer miles de kilómetros para conocer al amor de su vida y no paró de insinuarse a ese tiarrón hasta que se lo llevó a la habitación de un motel cercano.

El tio estaba mazao y le sacaba casi una cabeza de altura. Levantaba un brazo y Santi ya le estaba olisqueando el sobaco, pero había un lugar del que no quitaba ojo, del enorme bulto que se dibujaba en sus calzones. Cuando Jordan se los quitó, meneó un poco las caderas para que al chaval se le nublara la vista mirando ese pollón gordo y grande zarandeándose lentamente a un lado y a otro.

Santi, que también iba bien armado con su larga y enorme cachiporra, juntó ambas vergas y las empezó a pajear con una mano. Después bajó a comer rabo y dejarse follar la cara. Mentiría si no dijera que le encantó tener que abrir la boca de par en par más de la cuenta. Jordan le plantó una mano en el cogote y culeó intentando follarle la garganta.

Llegaron las primeras arcadas, las primeras lágrimas y la acumulación de saliba alrededor de los morros. Le gustaba jugar a ser un poco perrete comiendo pollas, por eso miraba fijamente al hombre al que se la estaba chupando y le sonreía pícaramente, esperando que su reacción sirviera para ponérsela más dura y encabronarle más. La técnica de seguir mirando fijamente mientras escondía su cara tras el mango erecto y succionaba los huevos dejando que el pollón resbalara por su nariz y su frente, les ponía a todos cachondos a punto de perder el norte.

El francés tendría que demostrar que la leyenda del buen amante en la cama era cierta. De momento Santi estaba poniendo el listón bastante alto con la mamada, sacando partido de sus preciosos labios. Jordan preparaba la recámara acariciando el culazo suavecito, moreno y grandote del chaval, metiéndole un dedo ajustado y sintiendo cómo expandía y cerraba el ojete en torno a él. Jordan no podía evitar pensar en su gordísima y dura polla destrozando esa belleza. Le gustaba hacer agujeros a lo grande como un experto en bricolaje.

Intentó buscar la oportunidad para empezar a agujerearle, pero el mamón parecía tener mucha hambre de rabo. No se la soltaba y la estaba dejando bien engrasadita. Por fin se aprovechó de un momento de descuido para para colocarse con la cara detrás de su culo, saborearle la raja a lametazos y penetrarle poquito a poco cada vez con un dedo distinto, terminando por el pulgar, el más gordo que tenía antes de meterle lo siguiente que sería el otro apéndice de su cuerpo más grueso.

Sin condón que le metió la polla, primero el cipote y un tercio para que se fuera acostumbrando y después le penetró hasta los huevos. Menudo culazo tragón. La apariencia de culito apretado era sólo eso, una ilusión, porque le cabía la suya y otra más como esa. Le juntó las piernas cogiéndoselas como si fuera un jamón para que todo quedase más ajustadito que de costumbre y se lo siguió ventilando.

Hasta ese momento no hubo sorpresas para Santi. Sí, un tio grandote, con una buena polla entre las piernas. No tardó en llegar el amante francés al que estaba buscando de verdad. Sucedió al ponerse a cuatro patas en el sofá, cuando Jordan se la metió por detrás y se lo zumbó a toda hostia, puteándole, tapándole la boca para contener sus gemidos en la palma de la mano.

No era sólo un tio con un cuerpo fornido y grande, sino que sabía bien cómo usarlo a su favor. Ponerse bocarriba y ver cómo ese monumento entraba en plena acción petándole el culo a pollazos fue puro espectáculo. Así es como quería sentirse. Amado, follado, penetrado, sintiendo que su culo y su cuerpo pertenecían a otro hombre.

Jordan la tenía tan dura que, cuando salía del orificio de su ojete, no usaba ni las manos para volver a conducirla hacia el agujero. En el intento de volver a penetrarle de nuevo, Santi se llevaba de propina unas buenas caricias de cipote resbaladizo y caliente en la base de sus calientes cojones. Tras un buen rato con esa polla enorme desfilando por su interior, tenía ya el ano al rojo vivo.

Dejó que Jordan cogiera fuerzas para la traca final y se dedicó a cabalgarle la polla pajeándosela con el culazo, saltando sobre ella. Después Santi iba a dirigirse hacia el armario del salón, pero no le dio tiempo a llegar. Jordan se la acababa de meter por detrás y se lo empezó a follar como un perro. Para entonces el rabo entraba con tanta holgura en su nuevo agujero que eso obligaba a Jordan a penetrar más duro y con más fuerza, haciendo chocar sus caderas contra sus nalgas en un sonido viciante.

Sin manos, casi sin darse cuenta pero sintiendo que se le iba la vida por la polla, Santi cerró los ojos y se dejó llevar. Su polla encapuchada empezó a chorrear. Fue Jordan el que se dio cuenta, el que se la agarró con la mano y se la peló mientras se lo seguía follando, mirando entusiasmado cómo la lefa salía con potentes chorrazos que se desperdigaban por todas partes mojándole todo el cuerpo.

Jordan le pegó una hostia en la jeta mientras Santi se moría de gusto y sentía la mano amiga y caliente del francés resbalando sobre su polla y sus cojones empapados de leche. Después de eso, Santi siguió sintiendo tanto gusto que se meó encima. Al verlo, Jordan no pudo aguantar más y casi no la saca a tiempo. Ya salió con ella chorreando lefa, nutriendo bien de semen la parte baja de los huevazos de Santi y dejándose la corrida en el hueco y la raja de su culo.

Corrido, meado, con el esperma de otro tio chorreándole entre las piernas, Santi se incorporó notando su ojete dolorido.

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