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Tim Kruger penetra el culazo de Bastian Karim sin condón con su gigantesca verga y le preña el ojal | Tim Tales

Se apoya con los pies sobre las rodillas de ese tio. Poco a poco Bastian Karim va sentándose, penetrado por esa gordísima y enorme polla tiesa sin condón de Tim Kruger que se va hundiendo entera, desapareciendo dentro de su agujero, sintiendo que el hombre que ahora le agarra por las caderas se ha convertido en el auténtico y absoluto dueño de su cuerpo.

Cierra los ojos, echa hacia atrás la cabeza y se deja llenar el culo de gusto. Las piernas terminan por flojearle y se queda en volandas, empalado en ese gigantesco mazo, su espalda resbalando por el torso de otro hombre mientras le encula desde abajo. El cabrón le coge, le da la vuelta y le deja a cuatro patas, se pone el trasero a disposición entre los muslos y le engancha el ojal con ese miembro destrozaculos, penetrándole sin compasión, como si su apretado culito estuviera acostumbrado a pollas de esa envergadura.

Sin condón, sin lubricante, Bastian está encantado de bajar a chuparle el cilindro de vez en cuando para que le entre fina. Apenas le cabe ese grueso tronco dentro de la boca. Cuando se la saca de entre los labios, una fina baba se queda colgando entre el cipote y su boca. Mira el trabuco, mira a Tim y sonríe el muy cabroncete. Vuelve a darle la espalda, se abre ligeramente de piernas y enseguida tiene a su macho dándole por detrás, metiéndole esa barra gorda, enorme y caliente por el culo.

Con el calor que hace en la habitación, llega un momento en que ya no hace falta poner la saliva. La polla penetra en su culo facilón como nunca, más de veinte centímetros de barra dura que le dejan sumido en una especie de borrachera de la que es difícil salir, mientras Tim mete y saca, le machaca tan duro que en alguna ocasión la polla se le sae y le frota con ella los huevetes y el rabo al chaval.

Se encuentra tan a gustito dentro de Bastian, mirando su carita, tan guapete, que casi le preña. Más bien, cuando saca la polla de su culo, no sabe si ha llegado a correrse un poco dentro, porque recién sacada se la ordeña limpiamente dejándole algunos lefotes en el ojal. No puede resistirse a su tierno y acogedor culito. El síndrome de Estocolmo le llama. Cuando todavía se está ordeñando la verga, se la mete de nuevo dentro y termina de correrse dentro de él.

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