[Lucio Saints] Ares Camacho y Miguel Reyes se comen los rabos y se follan

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La mudanza tiene ya hasta la polla a Miguel Reyes, que ha prometido a su coleguita Ares Camacho que si le ayudaba, le va a invitar a unas birras en cuanto terminasen de subir todas las cajas. Ares tiene toa locas a las nenas del barrio, porque de tanto subir y bajar escaleras, ese chaval guaperas ha terminado sacándose la camiseta y ahora le pueden ver el torso al desnudo y la goma de los calzoncillos que le queda tan bien ajustada a la cintura.

Hasta las pelotas están los dos de tanta caja y encima, para la última que queda, esa que Miguelito tanto se esforzó en esconder en su cuarto para que sus padres no la viesen, cerrada con cinta adhesiva por si acaso les daba por subirse al armario y se salían las cosas al cogerla, va y se cae delante de su mejor amigo, dejando al descubierto su secreto. Aleeee, ahí a tomar por culo todo su contenido, un montón de pelis guarras sólo de tios con grandes pollas y buenorros y encima rodando por el suelo el dildo, su otro mejor colega y su entrenador personal, que tantas veces se ha comido en su cama mientras se pajeaba, imaginando que se la comía al actor porno al que pertenecía y que otras tantas se ha metido por el culo preparándose para las grandes pollas que había ahí fuera por el mundo.

La reacción que Miguelito esperaba de su colega, de sorpresa y caras raras, se convierte en algo totalmente distinto. Aunque al principio se entretienen colocando la pila de dvd, al final el protagonista es el enorme y largo pollón de goma con el que Miguel se apresura a hacer alguna broma dándose de hostias con él en la palma de la mano cuando Ares le dice que él la tiene más grande. Sí, más grande, y una polla como una olla la va a tener más grande que eso si eso es enorme. La verdad es que a Miguel se le despierta la duda y todo aunque reniega, en realidad nunca ha visto a su colega meando ahora que lo piensa, así que puede ser verdad. Pero lo que no esperaba es que su amiguete le lanzase un reto que les iba a dejar follando entre cajas: si la tiene más grande que el dildo, se la come.

Joder anda que no va lanzao su colega ni na, apenas sin dejar responder, se pone de pie y se saca la chola el cabrón ahí larga y gorda con la consistencia de un flan. A Migue le entra mucha hambre al ver eso, pero insiste en que no es tan grande como la de goma, más que nada para hacerse el interesante. Ares se la coge con los dedos por la base, la hace rebotar como una diosa y le reta a chupársela para que compruebe si es más grande o no cuando la tenga dura. Dicho y hecho, obedece órdenes, acopla los morros al rabo y empieza a chupar deslizando los labios por cada centímetro de la porra, desde el capullo sin circuncidar hasta las pelotas, notando cómo se le cuela el cipote por la campanilla el muy travieso.

A medida que chupa, eso se va poniendo más duro y grande. A ver si el cabrón este va a tener razón y la tiene más larga que su rabo de goma. Miguel no dice ni mu, ni respira siquiera, ni con su colega culeándole y follándole la cabeza se saca el rabo de la boca ni un segundo. Ha cogido el ritmillo de la mamada y es que no la suelta el mamón, no despega los labios de la piel y si por él fuese se la merendaba de un tirón hasta que le rebosase la lefa por la boca.

Ares le estampa los huevos contra la barbilla y ahora ya sí, totalmente hidratada con su saliva y completamente dura, Miguel se la saca de la boca y admira el trabajo retirándola a escasos centímetros de su cara. Hostia qué guapa! El olorcito de la polla le vuelve loco y le hace perder el sentido, es como un reclamo para su boca. Casi sin darse cuenta y sin saber cómo, termina con los pelos del pubis de su colega en las putas narices, con algo más que el capullo de esa anaconda perforándole la garganta. Ya puede notar el sabor saladito de la picha, las primeras gotitas de esperma depositándose sobre su lengua. La boca se le queda con un sabor raro pero agradable y por dentro se relame de gusto.

Descubre en su colega a un mamón del quince, ni aunque le lluevas hostiazos con la polla, hasta llorando que está de metérsela tan adentro, ni aún así la suelta y sigue expulsando saliva haciendo resbalar el pedazo de carne dentro de su boca. Qué puto cabrón, cómo entreabre la boquita y saca la lengua para recibir su palote. Le apetece devolverle el favor, así que se agacha y le saca la porra de los gayumbos, casi tan larga y más gorda que la suya. Aprovechando que tiene unas buenas pelotas, le planta la manita por detrás de los cojones y los atrae hacia el frente para notar el roce en la barbita cada vez que se la embucha dentro.

Las paredes desnudas de la mudanza son testigo de los sonidos guturales propios de un rabo intentando colarse por la garganta. Ares se la traga tan a fondo, que cuando posa los labios sobre la base de la polla, parece que por la boca le salgan rebosando los huevazos de Miguel. Con la de saliva que se están regalando, tendrán que tener cuidado para no resbalarse. A falta de lubricante, saben que aparte de la lefa es el método natural más efectivo para tragarse lo que quieren. Ares coge el rabo gordo y lo aprieta con la mano poniéndolo más duro todavía y de esta guisa le planta un buen morreo en el frenillo pa volverse loco, para empezar a decorarle los morros si eso.

Que se jodan las chiquillas del barrio, que el culito respingón de ese guaperas no va a ser para ellas, que no lo van a tener entre sus manos mientras les folla el coñito. Ahora es todo suyo, para masajearlo con las manos desplegando los cachetes y preparando el agujero, para meterle su gorda polla por el ojete y desvirgarlo como hombre. A Ares este nuevo jueguecito por detrás le mola tanto que, cuando no siente la presencia de toda esa polla dentro, culea hacia atrás buscándola e incluso alarga un brazo para que Migue no se retire mucho.

Con el rabo colgándole entre las piernas y bamboleándose como un badajo enorme, Miguel descubre las bondades de las partes nobles de su colega. Le tiene atravesada completamente la raja del culo y por detrás puede sentir su polla potente colándose por dentro. Es una extraña sensación la que siente, como si ya nunca más pudiera volver a cerrar el culo. Y sería feliz así, con el ojete abierto y una sonrisa en la cara por la que todavía le chorrea la saliva que dejó en esa polla que ahora se lo está follando vivo.

Para Migue llega la prueba del algodón, la hora de comprobar si ese rabo ha alcanzado el tamaño perfecto y para ver si realmente es más grande que su polla de goma. La forma que tiene de comprobarlo mejor es con el culo, sentándose encima igual que hace con su dildo poniendo la ventosa en el suelo. Con la mitad del pollón metido en el trasero de momento siente que el gusto que le da es parecido, mejor incluso, porque esta está viva y calentita. Cree que le va a dar el ok, pero antes debe saltar un poquito para ver si esa le toca el punto que tanto le gusta, ese que no tiene ni puta idea de dónde está pero que consigue dejarle sin sentido.

Hay colegas que chocan los cinco con las manos, pero entre Migue y Ares hay confianza pa chocarlos con los huevos. De frente, con la polla dura colgando al viento mientras cabalga, sus pelotas contactan con las de su colega cada vez que baja y se la mete hasta los topes. Miguel aprovecha los bailes de salón a los que se apuntó en el barrio pa meterle una bossanova con el culo, una paja flipante moviendo las caderas con mucho arte.

Ares está atrapado entre las cajas, con el culo pegado al suelo y Miguel rascándole la polla a toda velocidad. Puede sentir que algo está saliendo por sus cojones en dirección a su cipote, pero ese cabrón no para de culearle el rabo. Intenta contenerse, pero le es difícil escuchando el sonido de la polla de su colega dándose a hostiazo limpio él mismo sobre sus abdominales. Puede ver ese rabo desde detrás, duro y tieso hacia arriba golpeando a su dueño.

Le prometió unas birras al acabar la mudanza, pero mejor lechecita rica. Ares le ofrece su cara para depositar la lefa y Miguel, del gusto de la corrida, desplaza un poco la polla echando unos buenos chorrazos de semen sobre el cuello de su colega. Al sentir el calorcito de la leche blanca deslizándose por su cuello y con Miguel estrujándose el rabo encima de él, mientras de la rajeta le salen las últimas gotas de lefa, Ares se pajea a dos manos y se saca toda la leche que tenía en los cojones. Joder, Miguel nunca habría imaginado ni en sus mejores sueños mejor visión que esa, su amigo tirado en el suelo, sobre sus pelis porno y con su semen encima.

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