Eddie Patrick y Greyson Myles cumplen su misión dejándose follar a pelo por Buck Richards, Masculine Jason, Ryan Sebastian y Derek Kage junto a la caravana | Missionary Boys
Double Wide Part 5
Para poder completar la misión que se les había encomendado, Eddie Patrick y Greyson Myles se quedaron unos días conviviendo con Masculine Jason y su banda, formada por Ryan Sebastian, Derek Kage y Buck Richards. No tenían mucho que darles para comer, pero eso lo compensaban con sus rabos y unas buenas folladas. Solían cogerles el culo a deshora, en cualquier momento que les apetecía y tanto Eddie como el jovencito Greyson se dejaban tomar, en pos de convertir a esos tios salvajes.
Un día estaban leyendo las sagradas escrituras cuando aparecieron los cuatro de golpe, dando pasos hacia ellos mientras se echaban la mano a la bragueta. Buck ya venía con la minga por fuera toda dura y larga dando bandazos. A Eddie le encantaría haber advertido a Greyson de que eso podría suceder y cómo afrontarlo, pero ya era demasiado tarde, tendría que dejar que él mismo experimentara lo que era estar rodeado de machos deseando que les comas los rabos y les dejes tu agujero y tu cara como lienzo.
Dos para dos, Buck pervirtió a Greyson poniéndole el rabo encima del pelo y golpeándole la cabeza. Jason se la sacó de los boxer, una chistorra gorda como ella sola y se la puso enfrente para que le hiciera el trabajo sucio. Greyson, que ya sabía lo que era manejarse con una, se vio desbordado con dos a la vez, pero supo reconducir la situación. Echó mano al pollón del jefazo y le dio caricias masturbándolo mientras Buck se divertía todavía frotando su santo pene contra el pelo rizado del chavalín.
El sonido de las mamadas, de las pollas intentado meterse más allá de donde podían, no tardó en llegar. Ryan y Derek habían flanqueado a Eddie, que se estaba comiendo dos buenos palos. Greyson apenas acababa de abrir la boca para empezar a chuparle la polla a un tio que podría haber sido su padre por la edad que se llevaban. Eddie siguió chupando rabo, deseando que el jefe y su perro no hicieran mucho daño a su pupilo, porque sin duda le había tocado manejarse con las dos pollas más grandes de la banda.
Tanto Eddie como Greyson llevaban unos pijamitas blancos de una sola pieza, con una apertura justo por la raja del culo para facilitar la tarea en las misiones de largo recorrido como esas en las que acababan pasando la noche. Derek ya se la estaba mertiendo a Eddie por el culo, sin condón porque no tenían y porque aunque hubieran tenido no se lo habría puesto. Ryan se quedó dándole rabo por la boca. Eddie miró al frente y sólo deseó que Greyson aguantara lo que se le venía encima.
Al ver a Buck quitándose los pantalones para ponerse cómodo y empezar a follarse al chaval, pensó que la de Buck era una de las pollas más largas, grandes y bonitas que había visto en su vida, ahí colgando entre sus piernas, descomunal, pero también pensó en lo que dolía una de esas. Ya lo había experimentado en sus carnes. Acertó a ver la cara de asombro de Greyson cuando Buck lo enchufó por detrás sin piedad, el chico abriendo la boca y los ojos, intentando digerir en su mente si lo que sentía era dolor o placer.
Y es que Buck la tenía demasiado grande. Cuando Eddie vio que Buck empezaba a empujar, supuso que Greyson ya estaría experimentando por primera vez lo que era que un tio te palmeara el culete y la entrepierna con los huevos mientras te follaba. Buck los tenía bien hermosos y le colgaban demasié. Eddie dejó de pensar en el bienestar de su pupilo para centrarse en lo que estaba pasando a su alrededor.
De ello se encargó Derek, que le estaba manejando a su antojo, de pie, protegiendo su culete a pollazos mientras a la vez le pasaba una mano por la entrepierna, le cogía la polla y le masturbaba. Pijamas fuera. Los chicos quería divertirse esa mañana. Eddie se fijó en un detalle. Desde el principio, desde que las manos de Buck tocaron el cuerpo de Greyson, se dio cuenta de lo mucho que ese tio deseba al chico y lo bien que le cuidaba por cómo se encargó de ir desnudándolo.
Eso le dio cierta tranquilidad hasta que decidieron intercambiarse. El jefazo se tumbó en el suelo y Eddie se clavó su polla dispuesto a cabalgarla una vez más. Pero al otro lado las cosas no sucedían de la misma forma. Greyson acababa de empezar al trote sobre la de Derek, pero el problema fue que Ryan acababa de ponerse justo detrás del chico, dispuesto a meterle una segunda polla por el ojete.
No, joder, Eddie no había preparado al chaval para eso, esperó que no le hicieran daño. Entre los dos se encargaron de inmovilizar el culete penetrado de Greyson mientras Ryan le perforaba con el segundo. Eddie se relajó cuando vio que el movimento de los tres cuerpos fluía y se dedicaban a follárselo. Tan jovencito, apenas se lo habían follado dos veces y ya le estaban destrozando el culo, la consecuencia de tenerlo tan blanco y redondito, tan apetecible.
Esperaba que esos tios se encabronaran de un momento a otro. Una de las enseñanzas que quería mostrar a Greyson era precisamente esa, la de cómo los hombres podían llegar a perder la cabeza metiéndola, convirtiéndose en animales. Pero no, de momento el único que se estaba volviendo loco era el propio Greyson, para su sorpresa, que a pesar de llevar un buen rato recibiendo doble polla, lejos de quejarse, el cabrón empezó a saltar sobre los dos pollones a un ritmo delirante, dejando a los propios Derek y Ryan alucinando con la ofensiva.
Se abrieron de piernas y los chicos les rodearon. Buck se encargó de volver a meterla por el ojete de Greyson mientras el jefe le daba de comer polla. Derek hizo lo propio con Eddie mientras Ryan le perforaba el ojal. Maestro y pupilo con las caras cerca el uno del otro, asistiendo a ese momento que tenía visas de convertirse en el tramo final del viaje para los seis.
Eddie, contento por ver cumplida su misión, fue el primero en dejarse llevar. Se le pusieron los pezones de las tetillas duritos pajeándose la polla sin parar. Inclinó la cabeza para ver cómo la leche salía por su rabo, mojándole los pelos por debajo del ombligo. Ryan se puso duro follándole, sacó la verga un momento después y se corrió encima de él, dejando su lefa encima de la polla.
Al verlo, Derek no pudo contener la leche en los huevos y terminó depositándola en el pecho de Eddie. No era momento de echar por tierra la misión. Una buena forma de suscribir su éxito era mostrar a esos tios que iban a por todas. Eddie recogió el semen de Ryan con los dedos y se lo llevó a la boca. Tragó dejando que este lo viera. No había mayor acto de sumisión ante un tio que comerte su semen. Ryan se excito viendo cómo degustaba y tragaba, recogió un poco más y se lo puso en la boca. Luego animó a Derek a que acercara la polla a la lengua de Eddie y le diera más leche. Eddie recogió con gusto el esperma sobre su lengua y se tragó la leche de esos dos tios.
Justo en ese momento, Eddie escuchó detrás de él los gemidos de Greyson. Greyson, su amado alumno, ese chico que hacía apenas unos días era la viva imagen de la inocencia personificada, rezando de rodillas cada noche en la cama. Y ahora estaba ahí, recién follado por una panda de salvajes, abierto de piernas, machacándose el rabo, corriéndose encima.
Enfrente tenía a Buck, que se la estaba machacando también. Una polla descomunal. Paró un segundo para recoger la lefa del chaval con un dedo y probarla, luego continuó su viaje personal, se inclinó sobre Greyson atendiendo a la llamada de la naturaleza y empezó a regarle con su semen. Todavía dando espasmos, apaleó la entrepierna del chico, frotando su inmenso pollón por la pollita del chico, orgulloso de tenerla tan grande.
Un gemido desgarrador. Jason lo acompañó con una buena propina. La cara tan roja como la polla, el jefe se corrió encima del pechote de Greyson, acertando de pleno en su tetilla. El pollón en carne viva, rojizo como una buena chistorra de la mejor calidad. Eddie miró a Greyson. En la cara del chico ya no había ni un ápice de virginidad. Su sonrisa había cambiado, ahora ya no era pura e inmaculada, era otra cosa. Rezaría para que no se descarriara, ahora que había comprendido los designios del señor, los caminos más oscuros y sus insondables vicios ocultos. Algo le decía que tendría que rezar mucho, porque la forma en que Greyson miró a aquellos tios, como deseando más, no era un buen augurio.
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