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Tom Storm enfila a pelo el alucinante culazo de Santiago Santamaria | The Male Muse

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La polla le latía a Tom Storm bajo los pantaloncitos cortos de deporte. La tenía calzando hacia la izquierda, morcillona, apuntando hacia la cadera y apretaba el culete para alzarla y darle más vida, convenciendo a Santiago Santamaría, que estaba a gatas entre sus piernas, de que su pollón se merecía una buena chupadita. La mano cálida de Santi se coló por un lateral, por donde Tom se la sacaba para mear. Con habilidad, le sacó el rabo y apreció su tamaño fijando en él la vista. Larga, gordita y bien dura, como le gustaban a él.

Ya puestos, le sacó también los huevos despojándolos de la bragueta de las bermudas, voluminosos, pesados, cargaditos de leche. Le besó la punta del cipote presionando con los labios con una clara intención, obtener todo el pellejo que pudiera, ponerle la capucha y zorrear con él mordisqueándolo y saboreándolo. Empezó a ponerse muy cachondo con el aroma dulzón que desprendía y ese saborcito mezcla de salado y dulce.

No acostumbraban a comérsela así tomándose su tiempo. Tom era un caramelito y solían comérsela a destajo de las ganas que le tenían y lo buenorro que estaba, así que presenciar una mamada bien suculenta, le hizo reparar en otro tipo de sensaciones. Cuando Santiago coló a lengua por el pellejo del rabo y empezó a rodearle el glande con ella mojándolo con su saliva, Tom se acicaló las tetillas y se llevó las manos por detrás de la cabeza, suponiendo que eso iba para largo y que, por primera vez, iba a tener que aguantarse un poco las ganas de ir a saco.

Se empapó los dedos en saliva y alargó el brazo hasta alcanzar el culo de Santi con la mano. Grande, musculoso, potente, con un ojete hecho para el vicio. Le dio bien con el dedete, haciendo que Santiago gimiera de gusto, con la cara cerca de su sobaquera. Al verlo, Tom levantó el brazo y le dejó hacer. Santi esnifó y le relamió varias veces los pelos. Tom giró la cabeza y le miró de cerca. Escuchó su respiración agitada, el sonido de la lengua al dejarle las babas en el sobaco. Por un momento pensó que podría hacer cualquier cerdada que se le ocurriera con ese tio.

Lo tenía en palmitas, lamiendo de su sobaco, con una piernecita levantada que permitía que Tom siguiera explorando su ojete con los dedos. Le palmeó las nalgas con sus manos fuertes y varoniles. Menudo culazo y lo que iba a disfrutar con él. Pasó la mano entre sus piernas y de camino le cogió la polla encerrada en los calzones. Si su tacto no le engañaba, Santi tenía un pedazo de pollón impresionante, puede que más grande que el suyo.

Se levantó, le dio de comer polla y luego le hizo ponerse de rodillas mirando hacia el asiento del sofá, se colocó detrás de él y le comió el pandero. Las ganas que le tenía no eran ni medio normales. Se puso detrás de él y le acarició la raja del culazo con su pene. Soltó un escupitajo certero que cayó en el cipote, apuntó hacia el agujero y lo penetró sin condón metiéndole un anal por detrás.

Santiago se subió al sofá y siguió en la misma postura, de rodillas, esta vez mirando hacia el respaldo. Tom se lo cepilló por detrás, abierto de piernas, con las de Santi entre las suyas, empleando la potencia de sus musculosas piernas y el culete para dar ritmo a la follada, perforándole a pelo, cascándole las pelotas en la raja, dejando que el soniquete de la zumbada llenara el salón.

Cómo le gustaba a Tom dominar así por detrás, abierto de piernas, con el culazo frente a sus caderas, metiendo y sacando sin control. Se sentó en el sofá y Santiago se cabalgó su polla, primero dándole la espalda, con Tom porculeándole desde abajo y luego cara a cara, donde Santi le desvalijó la polla con el culo. Una postura hecha para sentir el amor en todas sus vertientes, para mirarse a los ojos y contemplar sus guapísimas caras mientras guarreaban.

El culazo de Santiago era jodidamente bello como para dejar pasar la ocasión de darse el lujo de penetrarlo una vez más desde atrás. Tom le hizo ponerse a cuatro a lo largo del sofá, con el trasero al borde, en el reposabrazos. Una vez más Tom flipó con las vistas. Ese culazo estaba hecho para destrozarlo a pollazos. Tan grande, tan imponente, tan blanquito y musculoso. Una vez más acercó la polla, escupió en el punto de encuentro y se lo benefició con todos los honores.

Con la habilidad propia de los buenos folladores, Tom se las ingenió para colocarle en otra postura sin sacarle el pene del ojete. Le dio la vueltecita en el sofá y como quien no quiere la cosa Santi acabó abierto de piernas a merced de Tom, que estaba enfrente de él dándolo todo. Era como presenciar una obra magna. Santi lo tenía todo a tiro para labrarse una buena paja.

Miró la cara de Tom, la decisión de sus empotradas, sintió el mástil duro y grande fostiándole el ano, se fijó en el cuerpo desnudo de Tom, en lo duritas que tenía las tetillas en pleno acto. Un mejunje de sensaciones se agolparon detrás de la cabeza de Santi, que acabó corriéndose encima, salpicando todo a su alrededor. Tom salió de su interior y avanzó un pasito, meneándosela apuntando hacia la cara de ese guaperas.

La crema salió de su polla como una delicia de leche, cayendo sobre la mejilla de Santi, otra más le decoró el lateral de la nariz. Rico, rico. Tom se la vació presionando fuerte con la mano para sacarse hasta la última gota y el último lechazo cayó directo entre los labios de Santi. Digno de ver. Su cuerpazo musculoso y definido lleno de semen desde la polla hasta la cara. Para hacerle una fotito y conservarla para el recuerdo, para futuras pajas.


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