Alex Palmieri da culo al super dotado Robert Royal para que se lo folle a pelo | Raging Stallion

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Tenían que encontrar ya mismo un lugar a salvo de miradas y del calor del sol de la mañana. Alex Palmieri se había enamorado por las calles de ese chulazo que a juzgar por su tatu en el cuello, que seguía más allá por debajo de la camiseta, tenía que tener grabado casi todo el cuerpo, amén de esos pantalones vaqueros rotos que le dibujaban la forma de unas buenas piernas y un mejor paquete.

Por su parte, Robert Royal demostró, nada más consiguieron encontrar se lugar donde conocerse mejor en la intimidad, que aparte de la cara, tenía ganas del culo de Alex, uno de los más impresionantes que había visto nunca y eso que todavía no lo había descubierto más que por debajo de unos pantaloncitos la mar de ajustados. Le comió la boca y se agarró bien a su trasereo deseando follárselo.

Eso tendría que esperar, pues Alex ya había puesto las rodillas en el suelo. Metió la mano por el frontal de los calconcillos negros y se le dibujó una sonrisa en el rostro al tocar lo que Robert tenía para él. Con la manita sacó un pollón super largo y morcillón que le hizo derretirse de gusto. Mientras se desnudaron, Alex no le quitó ojo del rabo. Desde luego le habían impresionado su forma y su tamaño.

Ants de poder sacarse los pantalones por los pies y con los gayumbos todavía puestos, Alex no pudo resistirse más y se inclinó para meterse en la boca esa suculenta pija europea. Menuda morcilla. Cuanto más la chupaba, más cachondo se ponía. A cada mamada soltaba un gemidito de placer que conseguía que ese pollón se pusiera cada vez más duro.

Se sacó los calzones y ahora el que no pudo resistir la tentación fue Robert, que la ver ese pandero enorme y exuberante contoneándose a la vista mientras Alex le comía toda la polla, se vio obligado a alargar el brazo e introducir la mano por su raja caliente y profunda. La misma sorpresa que se llevó Alex con su minga es la que se llevó él con ese pedazo de culo. Hasta que no lo tuvo a un palmo de la cara no fue consciente de los grande y alucinante que era.

Se puso las botas sumergiendo los morros en su rajeta, trabajándose el ojete con la lengua, rebañando, hurgando, poniendo la cabeza en diferentes posiciones para llegar mejor al interior de su agujero. Lo tenía cerradito, pero él se iba a encargar de abrirlo con el rabo. Le costó tres intentos, pero finalmente consiguió colársela hasta el fondo y sin condón, puso un pie encima de la cama y le atravesó el culazo con su falo.

Le dio por culo gozándoselo, estampándole todas las pelotas en el trasero, que por cierto las tenía bien grandes y visibles colgándole entre los muslos. Alex se echó una mano a la frente, incapaz de comprender cómo su culo podía tragarse semejante pollaza. Pero no era tiempo para pensar, era tiempo de disfrutar. Ahí estaba, a cuatro, con las manos y las rodillas clavadas en el colchón, un saco de músculos bien atractivo siendo penetrado por un tio bien pollón.

El lubricante natural se estaba acabando. Robert le dio un cachte en el culo para que se pusiera a chupársela de nuevo. Alex se tumbó en la cama bocarriba, dejando caer la caebza justo por el borde. Quería un gan de fag en toda regla. Quería que Robert le penetrara la boca, que le metiera el rabo hasta el fondo, hasta que le desplazar la nuez de la garganta a la fuerza.

Dicho y hecho, Robert dobló un poco las rodillas para enfilar la polla dentro de su boca, se agarró al cuello y le empezó a follar el tracto bucal. De vez en cuando la sacaba, mojadita, haciendo valer lo larga, grande y pesada que la tenía fostiando la cara de Alex, que estaba completamente roja. Robert le tenía tantas ganas que se arriesgó. En una de esas le metió la pija hasta los huevos, hasta que los labios de Alex rozaron los pelos de la base de su polla. Le dejó sin respiración y la sacó a los pocos segundos para dejar que tomara aire.

No sólo repitió la jugada, sino que se la coló hasta el fondo varias veces follándoselo, inclinándose para forzarla aún más y plantándole los huevos en la frente. Cómo sufría y cómo le gustaba al cerdete. Lo hizo varias veces y cada vez entraba mejor, tanto que Robert empezó a disfrutar viendo cómo los pelos de su polla se juntaban con los de la barba de Alex. Toda dentro.

El jueguecito mamatorio les llevó un buen rato. Luego Robert se lo folló bocarriba, degustando las vistas de ese chulo musculoso, de sus fornidos pectorales, sus grandes muslos desnudos a merced de sus manos, su carita guapa. Le dio duro y no pensaba bajar el ritmo hasta que los dos acabaran corriéndose. Los dos empezaron a pajeársela a toda hostia.

Robert fue el primero en sacar. Su mano tatuada alimentando la paja, los huevos grandes meneándose por debajo de su palma, la picha rebotando arriba y abajo, salpicando semen, dibujando trayectorias imposibles. Una vez se hubo corrido, volvió a encajarle la polla por el culo y le dio combustible a Alex para correrse encima. Alex se encorvó un poquito, miró hacia abajo, soltó un profundo gemido y se sacó la leche formando un depósito blanco por debajo de su ombligo.

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