Ken Summers se pone perraco gozando del pollón gigante de Red a pelo | Fucker Mate

Estaba ya un poco hasta la polla Ken Summers de tener como compañeros de habitación a cabronazos que dejaban el piso hecho una puta pocilga. Noche sí y noche también y los fines de semana doble, se montaban unas fiestas del copón, dejando el suelo lleno de bebida derramada, que al levantarte parecía que ibas pisando chicle de lo pegajoso qjue estaba todo. Y después estaba la cerdada de dejar por ahí tirados los condones de haberse follado a las tias, que parecía aquello un descampado de mala muerte. Qué putos guarros, macho.

Ya iba siendo hora de cambiar de compañeros de piso. Les mandó a todos a tomar por culo a follar a su puta casa y en cuestión de días encontró sustituto, Red, su profe de matemáticas, un tio con los pies en la tierra y muy educado al que le gustaba el arte de las fotografías de Mano Martínez y la buena música clásica. Vamos, todo un giro con respecto a lo que Ken estaba acostumbrado a vivir cada día, la paz bendita.

Ni un sólo ruido que hacía por no molestar, tanto que a veces tenía que pasarse por su habitación para comprobar que estuviera vivo. Un día al volver de clases se pasó por su cuarto y descubrió que Red estaba vivo, pero que muy vivo. Se lo encontró encima de la cama totalmente desnudo, con el rabo duro y gigantesco, practicándose una manola a la vieja usanza, mirando unas revistas porno que seguramente guardaba también a la vieja usanza, debajo de la cama. Así que debajo de la apariencia de un tio serio y educado, se ocultaba un pollón empotrador. Si es que ya se lo decían sus colegas: “Ken, tienes un don especial para atraer a los tios con las pollas más grandes y gordas del planeta“. Y se lo estaba empezando a creer, vaya que sí.

Para nada lo comparó con sus viejos compañeros de piso. Veía nartural que un tio se masturbara la pija a solas, él y cualquier tio lo hacían. Lo que no era normal era lo que hacían los cabrones de los otros, que se metían todos en el baño a cascársela y dejaban perdigones de semen por todas las paredes y espejos. Seguro que hasta hacían concursos a ver quién llegaba más lejos, lo que pasa que después los muy cerdos no lo limpiaban y allí olía a lefa de macho todo el puto día.

Que la conexión entre profesor y alumno fue especial desde la primera clase, era algo obvio, para uno su profe preferido y para el otro su ojito derecho. Por eso no tardaron en fundirse encima de la cama. A Red le ponía muchísimo poder follarse a un chavalín al que sacaba casi el doble de edad y a Ken le daba mucho morbo poder pajear con su joven culo un pollón tan grande y experto. La lección estaba servida.

Después de dejarse quitar la camiseta de forma muy sensual, Ken se tiró directo a por la vara de medir de su profe. Gorda y hermosa, se regodeó en su capullo con sabor a cerezas pegando unos buenos cabezazos, los que requería semejante polla para darle placer. Le agarró por los huevos y poco a poco fue tragando un poco más. La tenía durísima y sabía a frutas. Ya sólo le faltaba la leche para hacerse una buena papilla. Pero esperaba que esa leche saliera lo más tarde posible.

La boquita de su profe, que en clase pronunciaba fórmulas a veces ininteligibles, ahora estaba pegada a la suya. Unos labios grandes, una lengua fuerte que pronto estaría abriéndole el culo, todo en él era enorme y muy sexual. Le dejó comiendo rabo mientras le metía mano por los vaqueros, le rodeaba la entrepierna con la manaza y le metía un dedo por el culo sacándole un gemido de los que atraviesan paredes. Ken arqueó la espalda por instinto en su intento vano por cerrar el ojete, pero aquel dedo juguetón no salía de su interior. Si eso le provocaba un dedo nada más, qué sería cuando tuviera el jodido pollón gigante dentro del ojete.

Le daba miedo pensar en ello, pero a la vez lo estaba deseando, por eso todo transcurrió de forma natural y cuando quiso darse cuenta ya estaba sacándose los gayumbos y abriéndose de piernas para que jugase con su culito suave y tierno. Cerró los ojos al notar esos labios sabios de fórmulas cerrarse en torno a su agujero formando un vacio de lujo. Echar la vista hacia abajo y ver la cabeza de su profe perdiendo el sentido entre sus piernas, era algo tan impensable que le llevó al cielo del placer.

Antes de dejarse meter, le pegó otra pedazo mamada al pollón. Gordo era poco, era muy grueso, estaba muy duro y encima venoso, lo que le daba un gustillo extra a la chupadita al encontrarse tropezones con los labios. Mientras se la comía, dejaba los ojos entreabiertos, mirando los cojones y esos pelos rizaditos alrededor del mango de la polla que le quedaban tan monos. Aquella era su meta y mira que intentó tragar hasta que se le salieron los ojos de las órbitas, pero no hubo manera. La olisqueó como un cerdo, le lamió el cabezón y la raja del cipote con la puntita de la lengua, le pegó un buen agarrón por la base del nabo para comprobar su fuerza y se puso como un perraco enviciado.

Cuando se la metió por primera vez y sin condón con el culo en pompa, tuvo que contener los gemidos de animal mordiendo el edredón de la cama. Qué bestia era todo, la puta hostia, si aquello era como intentar meter un pepino por el ojal de una aguja de coser. Para que le doliese menos y pasara todo rápido, Red decidió metérsela todo lo larga que era hasta el fondo. Era lo mejor, aunque a Ken le diera la sensación de que la punta del rabo le llegaba hasta la garganta.

Pronto el dolor se convirtió en un terrible gustillo que le hacía no querer cerrar las piernas nunca más. Se sentó encima de la polla, pivotó sobre ella para darle la espalda a Red, se tumbó encima de su cuerpo fuertote en volandas e hizo una postura que tenía ganas desde hacía tiempo y que sólo estaba presente, hasta ese momento, en sus sueños más íntimos. Sobre su cuerpo, ensartado en su rabo, empezó a culear a toda hostia. Y hostia, la realidad a veces era mucho mejor que los sueños, ya te digo.

La polla cada vez entraba con más soltura y le estaba enloqueciendo. A veces hacía el intento por tomar él el control y manejar esa pollaza con su culo, pero por unas y por otras, al final siempre acababa venciendo su profesor manejándole como a un crío y haciéndole todo lo que quería. Se vio sumergido en una vertiginosa follada adoptando posturas impensables, todas con un propósito común: mantener el agujero del culo bien abierto para recibir semejante monumento de rabo.

A Red le molaba ese culo tan blandito que cedía a su mambo y a Ken le gustaba esa polla tan dura metida a caderazos. Si aquella estaba siendo la follada de su vida, el tiempo lo diría, pero mucho mejor que los mete y saca de sus otros compañeros de piso, que la metían y ya se estaban corriendo, por supuesto que lo era. Y con mucha diferencia, por mucho que ellos también tuvieran unas buenas porras a las que ya no echaba de menos.

Ya nunca más podría verlo como a su profesor de siempre sin imaginar colarse por debajo de la mesa para lamerle el cipote. Red le dejó tomar el control de su polla por una vez, le dejó sentarse encima y practicarle una gayola con el culo, usándola para propio placer, para terminar corriéndose encima de su profe con un buen chorrazo blanquito de leche. A Red no le importó para nada sentirse como un lienzo para la corrida de su alumno predilecto. Como a Ken tampoco le importó poner su culo para que su profe se deslechase encima y, aún corriéndose, se la metiese por el ojete para terminar de rebañarse la polla. Así, con el rabo enjuagadito en lefa, Ken le propinó unas culeadas bien ricas, devorando hasta el último centímetro de esa sabia polla.

WATCH NOW RED FUCKING KEN SUMMERS BAREBACK AT FUCKERMATE.COM

[dzs_video source=”https://noesotrobloggay.com/wp-content/uploads/2017/02/trailer-red-ken-summers.mp4″ cover=”https://noesotrobloggay.com/wp-content/uploads/2017/02/bg-red-ken.jpg” config=”skinauroradefault” responsive_ratio=”detect” extra_classes_player=”with-bottom-shadow” cuevideo=”off”]

WATCH NOW RED FUCKING KEN SUMMERS BAREBACK AT FUCKERMATE.COM

Mostrar más
Botón volver arriba