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Allen King y Pol Prince comparten y cerdean con la leche que se sacan de sus largas pollas después de recibir una buena follada a pelo | Reality Dudes

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Llevan sin verse una buena temporada y se tenían muchas ganas. Allen King se deja amar. Se encuentra en otro Universo mientras Pol Prince le come la boca, literalmente, porque esos besos con lengua tan apasionados le devoran hasta dentro. Qué fácil es, piensa, convertirse en su perrete. Abre la boca y saca la lengua. Pol le mira un segundo y a continuación le escupe dentro.

¿Para qué quiere un extra de saliva que no es suya? Para agacharse, tirar de la goma de los pantalones cortos deportivos de su chico, disfrutar de las vistas de cómo sale una buena minga larga y gruesa disparada, brincando de alegría delante de su jeta, cogérsela y metérsela dentro de la boca para darle unos buenos mimitos. Le encanta mamarse esa enorme polla, metérsela entre pecho y espalda, chuparla fuerte por la punta como si fuera la tetilla de un biberón.

Entre mamada y mamada, Pol le folla la boca. Le agarra la cabeza, se la queda quieta y empuja con las caderas forzando la garganta. Le gusta escuchar el soniquete que provoca su rabo perforando su vía respiratoria, atragantándole, lo cerdo que se pone Allen cuando le pasea el rabo por toda la cara, bien hermoso, apetecible. Allen ya se ha bajado los pantalones también y por ahí abajo Pol puede ver cómo otra polla casi gemela a la suya se menea de lado a lado toda durita.

En la cama, Allen disfruta a placer del postre de su chico. Joder qué bueno está. Inevitablemente ese pollón le llama y se lo vuelve a mamar. De la polla pasa a sus sobacos. Le hace levantar primero un brazo y luego el otro. Reboza sus morros por encima de ese sudor con un leve olor a almizcle, por esos pelazos de una zona que le vuelve loco.

Cuando está tan perro, Pol hace con él lo que quiere. Le da de comer pinreles y cómo los relame el cabrón, como si sólo estuviera pensando en sexo. Vuelve al rabo y cuando lo tiene suficientemente preparado con una buena cantidad de babas encima, se acuesta al lado de Pol y le da la espalda, levanta una pierna y le ofrece su culo en bandeja.

Toma cucharita. Pol se arrima a él todo lo que puede, coge su larga salchicha y la conduce hacia el interior de su ano. Sólo la suelta cuando la tiene dentro, sin condón, entonces empieza a empujar y a follárselo a pelo. Durante la penetración no paran de besarse, de mirarse, de abrazarse, de rozar sus cuerpos. No duran demasiado en esa postura. Enseguida cambian como si el tiempo fuera en su contra.

Lo pone a cuatro, sumerge su enorme polla por ese agujero de placer, le esposa los brazos por detrás de la espalda y lo revienta a pollazos. A veces se inclina hacia adelante y lo ama, otras se retira un poco hacia atrás para ver cómo su pene se hunde dentro de ese culo tan bonito, blanco, redondo, suave, hecho para él, hecho a su mano.

Hacen un parón en la follada para calentarse más todavía con zorreo del guapo. Más mamada de rabo, más comida de pies. Se hacen pajas, se vician, esperando el momento en que de nuevo uno esté dentro del otro. Pol termina tumbado bocarriba en la cama después de ese tiempo muerto en el partido y entonces Allen ve la excusa perfecta para hacerlo, para sentarse sobre sus piernas, clavarse esa larga pija y cabalgar.

Se deja la polla suelta entre las piernas, que termina brincando entre sus piernas a cada trote. Después de cabalgar dándole la espalda, hace lo mismo pero frente a frente. Quiere que Pol disfrute de las vistas de su cuerpo musculado, de su largo rabo y sus pelotas, de su culito tragándose alegremente toda su polla. Para eso, Allen se echa hacia atrás, apoyando las manos por detrás de su cuerpo.

Le da tanto gusto ese pollón que termina cayendo sobre la cama y Pol aprovecha para rematarlo en la postura más clásica conocida, la del misionero. Sentir el roce de ese tremendo mástil perforándole por dentro le deja ciego. No tenía que haberse agarrado la polla, porque del puto gustazo le viene le flujo por los huevos y de la punta de su rabo encapuchado comienza a manar leche que cae sobre los pelos de la base de su polla, sobre su cadera.

Pol se la recoge con un dedo, todavía con su rabo dentro del culo, y la relame. También se hace con la que queda por salir del pito. Hasta la última gota. Se inclina y desde arrriba la deja salir por su boca con un buen gapo blanco que Allen recoge con ganas. No traga, prefiere dejarla salir entre sus labios, espuma blanquita y apetitosa ante la que ningún hombre podría resistirse. Pol se inclina sobre él y se comen la boca dándose unos besitos de nieve.

Por suerte, la fiesta no ha acabado. En esa habitación hay dos buenos rabos lecheros. Pol se la pajea y Allen está preparado para recibir la descarga en su boca. En lugar de lanzar alto, la polla de Pol se corre como un volcán, soltando lefa hacia atrás que termina mojando su puño, resbalando entre sus dedos. Allen abre la boca y le come el jodido capullo vitaminado. El semen cuelga de sus labios y Pol le da más, le hace relamerle la mano mojada.

El pollón de Pol se convierte en un pepito de nata. Allen chupa, saca oro, lo escupe sobre la verga y se la vuelve a comer a boca llena. Es todo un glotón, pero también sabe compartir. Aprovecha unos lefotes que cayeron sobre la cadera para relamerlos y acudir con ellos a la boca de su chico. Lenguas mojadas de leche, labios bañados en semen, besitos resbaladizos y mucho cerdeo.

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