Johnny Viper se derrite con la carita guapa y los abdominales perfectos de su becario Jony Star y se lo folla a pelo en el estudio de grabación | Men At Play
MAP Records: The Intern
Los de la Generación Z se creían el centro del Universo y Johnny Viper estaba ya hasta los huevos de esos niñatos becarios como Jony Star que llegaban tarde a su estudio de grabación como si acabaran de salir de la escuela, vestidos con sus pantalones de pinzas y camisa ajustada a toda su musculatura y mochila a la espalda. A este le habría mandado a tomar por culo si no fuera porque estaba to buenorro el cabrón. Mmm, contadas eran las veces que Johnny se mordía el labio inferior observando de arriba a abajo a un chavalín que bien podría ser su hijo.
Tenía que enseñar modales al chico, hacerle ver que los retrasos injustificados no estaban bien vistos cuando tenían a un artista pagando por horas a la espera de grabar las canciones de su disco en MAP Records. Si como becario para hacer los ajustes de sonido y las mezclas no servía, tendría que comprobar otras aptitudes. Ya lo sentía por tener que abusar de su puesto de poder, pero es que no pudo resistirse. Fue empezar a desabrochar los botones superiores de la camisa del chaval y en cuanto vio esos pectorales, esos abdominales perfectamente marcados y deliciosos, se derritió como un flan y se le puso durísima.
Rozo el six-pack con sus manos, todavía creyendo que aquello podía ser un sueño. Miró a la cara al chico mientras lo hacía. Era simplemente perfecto. Acercó la cara y se los relamió con la lengua hasta llegar a su pecho, donde se detuvo a acicalarle la tetilla. Se le puso cachondo el crío, que empezó a gemir de gusto. Johnny aprovechó, le desnudó y le comió toda la polla. La tenía larga y gordita. Le abrió de piernas sobre la mesa del despacho y le comió el ojete, que por cierto tenía un agujero muy dilatado, más de lo que esperaba de un chico de su edad.
Apelando a su inteligencia, Johnny se sentó en su trono con la polla tiesa y esperó que Jony hiciera lo que le correspondía. Al menos eso lo hizo bien, sentarse sobre las piernas de su jefe, clavarse la polla a pelo y empezar a saltar. Johnny se giró un poquito. Le daba alegría ver el rabo largo del chaval haciendo aspavientos cuando se la dejaba suelta mientras se lo follaba. Al final iba a servirle para algo bueno, para alegrarle el día cuando las cosas se torcieran.
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