Heath Halo se hace un flip-fuck sin condones con el osazo Nico Bear al aire libre en plena naturaleza | Naked Sword

Lay of the Land

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El mundo sexual que había construído Heath Halo con firmes pilares a su alrededor, se desmoronó por completo aquella mañana para volver a sentar sus cimientos. Así se lo contó a sus colegas compartiendo velada alrededor del fuego de la hoguera veraniega y ellos no tardaron en quedarse con la boca abierta al conocer toda la historia.

Y es que sí, Heath era el típico tio musculitos, guaperas y atractivo al que le iban los ratones de gym como él. Pero todo eso cambió esa mañana. A Heath le iba eso de hacer terreno al aire libre, vamos, parecido a ir de crusing pero dentro de un territorio que no estaba destinado a ello. Tras explorar el terreno y ver el percal, solía acampar cerca de las tiendas de campañas donde tios solitarios habían ido a hacer una escapadita.

En cuanto ellos se metían en la tienda para hacer noche, Heath aprovechaba para sacar su saco de dormir, ponerlo unos metros enfrente y esperar a que saliera la primera luz del día. El sonido de la cremallera del cierre era el principio del espectáculo que precedía a lo que siempre era una sorpresa. A menudo los tios salían empalmados, muchas veces desnudos imaginándose que estaban solos en pleno bosque, pero ahí estaba Heath, frente a ellos, esperando para alegrarles a todos ellos la mañana con su cara, su cuerpazo, su polla y su culo.

Ese día se arriesgó a sorprenderse para bien o para mal, porque había llegado tarde para ver quién se ocultaba en la tienda de campaña. Escuchó como siempre la cremallera del cierre y por ella vio salir a Nico Bear. Qué cambió en el asentado mundo sexual de Heath, donde imperaban la belleza, la proporción corporal y los músculos, para que su rabo reaccionara de aquella manera y el culito se le hiciera chiribitas al ver a ese osazo.

Fuertote, entrado en carnes con unas buenas tetazas y barriga cervecera, muslos potentes y un culazo grandioso. El tio se estiró, todavía sin percatarse de la presencia de otro hombre cerca y, con ese estiramiento, se le bamboleó la polla flácida y gordita destacando sobre una buena mata de pelos. La reacción de Heath fue instantánea y le sorprendió hasta a él mismo que le molara ese tipo de hombres, pero no podía luchar contra el instinto.

Se quitó los pantalones, se abrió ligeramente de piernas palpándose el ojete del culo, luego se atrapó la polla con la mano y empezó a masturbarse mirando a ese osazo que se dirigía hacia él. En apenas unos pasos, a Nico se le había puesto la tranca durísima y quintuplicaba su tamaño. Heath se puso a cuatro para darle culo y el tiarrón se lo folló a pelo.

Eso de que los tios con barriga no la tenían grande porque tanta carne la ocultaba, era mentira, al menos con Nico. Menuda barra y qué bien la metía. Heath podía sentir el bamboleo de sus cojonazos como melones, la barriga atusando su trasero cada vez que empujaba para meterse dentro de él.

Tras haberle dado lo que quería, Heath exigió su recompensa. Resultó que Nico era un osito amoroso al que no le costó abrirse de piernas. Heath se lo folló con todo, al punto de obsesionarse de mala manera con esas carnes vibrando y meciéndose ante sus pollazos, la barriga, los pechos, la polla, un flan bien servido bajo su musculoso cuerpazo, dos tios tan diferentes disfrutándose con ganas. Heath se dejó caer sobre ese cuerpo, sintiendo su calor, su masculinidad desbordada, el roce de todos esos pelazos retozando sobre su torso.

Se besaron. El arroyo susurrando al lado de ellos. Heath ocupó el lugar de Nico, enderezó su polla y lo invitó a sentarse encima. Al ver a ese osazo hacer una sentadilla, bien peludo, con un culo de vértigo, Heath casi se arrepintió de la propuesta, pero en cuanto su rabo se hundió en esa grandiosa raja, cuando la picha de Nico y sus grandes huevazos se restregaban contra su vientre, supo que había sido una buena idea. El tio empezó a saltar, a derretirse de gusto como un cerdo en el barro, a desvalijar la polla de Heath con su tremendo culazo. El paraíso. Así fue como Heath construyó de nuevo desde la base sus gustos sexuales. No todo era estar bueno, sino que había algo más allá que escapaba a la lógica y te hacía desear a quien menos esperabas.

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