Paddy O’Brian pone a prueba el culazo de Dean Young con su grande y durísima polla follándoselo a pelo | Falcon Studios X Men At Play
To The Nines
El mundo de los negocios era cada vez más complicado, más agresivo, con tal de abrirse camino y conseguir beneficios. Paddy O’Brian estaba my al tanto de esto, pero también confiaba en que las cosas podían hacerse de otra manera, de que con tacto y apelando a lo único que los hombres tienen en la cabeza casi el noventa y nueve por cierto del tiempo, podían conseguirse buenos resultados. ¿Qué clase de tio podría resistirse a los encantos de un rubito guaperas como Dean Young con un buen culazo que te lo ponía a tiro para que te lo follaras a pelo y le hicieras toda clase de virguerías?
La respuesta era que ninguno. Eso sí, antes tenía que probar su propia estrategia de mercado para ver si era realmente efectiva. La cosa iba bien. Fue acercarse al chaval y sentir una atracción irresistible. El cabrón era guapo. Cuando le puso de rodillas en el asiento, mirando hacia el respaldo y vio ese pedazo de culo que se le marcaba bajo los vaqueros y se le puso bien dura la polla, supo que tendría todas las de ganar.
Podría haber parado en ese momento, haber dado por válida su teoría y haber lanzado a ese chaval a la calle para que hiciera su mejor trabajo, pero joder, estaba empalmado y ese chaval estaba tan bueno que no pudo contenerse. Estaba siendo víctima de su propia estrategia. Dominó a Dean anudándole la corbata al cuello, bajándole los pantalones por la parte de atrás, descubriendo su gloria y metiéndole mano, sobando su trasero, sintiendo en la yema de algunos de sus dedos el calor que escapaba de su ano ardiente.
Ese culo tan follable ya tenía dueño, aunque lo compartiría con muchos, muchos hombres de ahora en adelante. Se puso cachondo imaginando la cantidad de tios que sacarían su rabo y se le correrían encima, otros que no podrían aguantar el placer y le dejarían preñado. Con la tienda de campaña montada, intercambió el lugar al chico, tomó asiento y dejó que se las apañara para comerle la polla.
Iba a tener que chuparlas muy bien y dejarlas con mucha saliva, porque sus clientes eran de los grandes. Ya vio buenas intenciones en el chaval cuando tomó el lugar que le correspondía, de rodillas, entre sus piernas, comenzó a bajarle la cremallera de la bragueta mientras se pasaba la lengua por los labios humedeciéndolos. Esperaba que al chico le gustara la sorpresita, su polla larga, durísima y con un gran cipote rellena bocas.
Vaya que si le gustó, se la chupó como si fuera un calipo. Tras unas cuatas caladas de prueba, empezó a devorar. Su cabeza subía y bajaba a un ritmo inusual para un chico de su edad, más propio de un veterano. Traga, traga polla. Qué bien se le daba, además de tener tacto, porque de vez en cuando la masturbaba con la manita y acercaba su cara a la de Paddy para preguntarle si lo estaba haciendo bien. Sigue cariño, lo estás haciendo de putísima madre.
Le apretó de la cabeza hacia abajo con las dos manos y le culeó la boca sacándole unas cuantas arcadas al colarle el cipotón por la garganta. Uff, qué ganas tenía de follárselo. Con un chico así podía imaginarse ya con ser el magnate de los negocios que siempre había soñado. Sin decirle nada, Dean se lanzó a lamerle las bolas. Paddy se tuvo que recomponer en el asiento al ver esa lengua acariciando su pelotas peludas, al ver cómo se las succionaba una a una y salían mojaditas entre sus labios.
Si al chaval le hubiera dado por seguir acariciándole más abajo y colarle algún dedito por el culo, Paddy se habría abierto de piernas y se habría dejado. Sería una buena opción para decírsela más tarde como recurso para aquellos de sus clientes a los que les gustaran los experimentos. Le puso a cuatro en la mesita que tenía delante y admiró ese cuerpecito fibrado con ese gran culo de ensueño.
Qué pedazo agujero en mitad de la raja, flipante. Paddy se puso detrás de él, empujó su pene con el pulgar hasta colocar el cipote justo en la entrada y fue Dean el que retrocedió doblando las rodillas para penetrarse sin condón con esa dura y gran polla. Paddy seguía asombrado, admirando cómo su rabo se hundía en ese pozo sin fondo sin remedio. Subió un pie a la mesa buscando un apoyo y empezó a follárselo.
Le dejó el culete rojo de las hostias que le metió, pero es que lo tenía precioso. La polla entraba perfecta, ni demasiado holgada ni muy apretada, simplemente ideal para pasar un buen rato sin estar sufriendo por miedo a correrse antes de tiempo. Paddy tomó asiento en la mesa y el chaval lo cabalgó de espaldas, subiendo y bajando el culo a toda hostia, devorando un pedazo de rabo que había triplicado su tamaño, ahora igual de tieso pero el triple de grueso.
Menudo vicio tenía el rubito. Paddy lo puso bocarriba sobre la mesa, le abrió de piernas y se lo ventiló. Casi que estaba empezando a tener algunos sentimientos por ese chaval, que nadie le preguntara de qué tipo, sólo supo que necesitaba inclinarse sobre él, hacerle el amor y comerle la boca mientras se lo hacía. Se lo llevó en volandas hasta el sofá giratorio y allí, bien juntitos, culminaron el acto.
Cara con cara, mirándose fijamente, Paddy con el rostro cargado de vicio y bien sudado, Dean completamente entregado a su jefe, saltando sobre sus piernas con la polla metida dentro. Paddy se puso de pie a punto de reventar. Dean de rodillas en el suelo delante de él. El cuerpo de Paddy empezó a temblar rabo en mano, pajeándose sobre la cara del chaval que ya estaba preparado con la boca abierta y la lengua por fuera.
La leche salió colando entre los dos. Le dejó una buena lechada en toda la boca y el resto de lefazos salieron volando por todas partes. Una vez dejó de salpicar leche, Dean se metió el trabuco en la boca y se lo chupó recién corrido. Unos segundos después, exprimió la polla con la mano sacándole hasta la última gota. Paddy hizo que el chico se levantara. Le miró a la cara, decorada con su semen encima. Cualquier hombre agradecería contemplar su propio trofeo, no le cabía ninguna duda.
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