Paddy O’Brian penetra a pelo el formidable e insaciable culazo de Dato Foland y se corre en toda su cara | MEN
The Broligarchy Part 4
¿Acaso se estaba convirtiendo Paddy O’Brian en todo aquello que detestaba? Su lucha contra la Broligarquía y aquellos que manejaban al pueblo a través del mundo digital, le estaban convirtiendo a él mismo en un magnate del negocio del derrocamiento. Joder, si hasta había caído en la trampa de los oligarcas comprándose un ordenador sólo para ver una gráfica que mostraba cómo todas esas empresas iban cayendo una a una.
Nada le ponía más que el éxito, que además de probocarle un subidón de felicidad y de adrenalina, también le subía otra cosa entre las piernas. Sin un tio a mano al que tirarse, ordenó a Dato Foland, su servicial mayordomo y segurata, que soltara la copa que tenía en la mano y le diera un masaje. Mmm, éxito, un día soleado en la hamaca junto a la piscina del chalet, la visión de las manos fuertes de ese tio sobándole todo el torso, paseando por sus pectorales pecho lobo, por sus marcados abdominales.
Menos mal que no llevaba calzones, que le gustaba prescindir de ellos siempre que era posible. Sabía controlar muy bien sus erecciones en sitios públicos, aunque por el paseo marítimo algunos tios se bajaran las gafas de sol al verle pasar, silbando cuando veían su rabo campaneando en el frontal de los pantalones de seda. El hecho de que no le colgaran mucho los cojones le animó a ir por la vida sin taparrabos desde bien jovencito. Sí, los tios a lo que les bailoteaban los huevos entre las piernas lo tenían más complicado si no se lo ponían. Eran como una tia sin sujetador y buenas peras al dar saltos, un verdero problema.
Con otro tio habría tenido que camelárselo hasta llevárselo al catre y luego los preliminares para hacerle entender lo que le gustaba, pero con Dato todo era siempre fácil porque entendía a la perfección lo que necesitaba en todo momento. ¿Sed? Bebida. ¿Hambre? Comida. ¿Me espanzurro sobre la cama y me abro de piernas con la polla tiesa? Pues me la comes entera.
La polla de Paddy no era una como la de cualquier tio, era un puto pollón. Sin ser excesivamente larga, lo parecía y en lo que realmente ganaba enteros era en su grosor, sobre todo el cipote, un par de centímetros más ancho que el contorno de la verga, lo que le suponía un problema a la hora de colocarse un condón, algo que dejaba ya por imposible a no ser que tuviera a mano una talla extremadamente grande.
Cómo le gustaba que Dato paseara sus labios y su atractiva y guapísima cara de macho por encima de su sexo, restregando la nariz y los morros sobre la polla y los cojones para luego cazarle la polla con la boca sin usar las manos y comérsela. ¿De quién habría aprendido esa forma de mamar rabos así de bien, sobando las bolas con sus labios, dando boca y manita al cimbrel como si estuviera hambriento de varios días.
Su capacidad de glotonería no conocía límites. No le dejaba un sólo centímetro de su sexo sin darle placer y encima se la intentaba jalar hasta el fondo. Entonces, cuando eso sucedía, Paddy cerraba los ojos y se deleitaba con el dulce placer del sonido de una polla entrando por la garganta. Ese día se lo estaba haciendo especialmente bien o puede que Paddy estuviera más contento de lo normal, pero le apeteció culear hacia arriba y follarle la boquita para dejarle bien callado.
Esa mamada tan bien hecha se merecía premio. Cualquier otro día, le habría hecho poner la cara y se habría corrido encima de ella, pero ese día le apeteció conocer mejor a Dato como follamigo que como empleado, así que los dos se colocaron de rodillas frente a frente, Dato se sacó la minga por la bragueta y se encargó de pajear ambas pollas mientras Paddy se quitaba la camisa.
Le dio el turno a su jefe, que se encargó de zurcir ambos rabos mientras Dato se desabrochaba los botones de la suya. Paddy estaba nervioso. No contrataba a los seguratas sólo porque fueran buenos en lo suyo, sino que le gustaban mazados. Al ver el torso musculado y potente de Dato, se lanzó a por él mordisqueando las tetillas de sus cuadrados pectorales.
Terminó de quitarle la camisa y alucinó con ese cuerpazo, con sus brazos fuertes y voluminosos, luciendo buenos biceps. Y pensar que podría fornicar con ese macho cuando quisiera. Dato estaba para servir. Era la primera vez que cruzaban la línea de la mamada y el hecho de ser follado por su atractivo y dotado jefe, le emocionaba. Se dio la vuelta, con los pantalones bajados por la parte alta de los muslos y le dio culo.
Fuaaa y qué culo, señor. Grande como él solo, para perder la cabeza, con unas nalgas tan redondeadas como fuertes. Durito y perfecto. Se posicionó detrás de él, presentó sus respetos colocándole la polla en la raja y empezó a hundir su pene dentro. Dato con la boca abierta recibiéndolo, encontrando ese puntito de placer en el acto, enseguida empezó a culear hacia atrás reclamando polla.
Al ver ese culazo avanzar hacia atrás devorando toda su tranca, Paddy se asustó. Luego se acostumbró enseguida a ponerse las botas. Qué culo tan bonito y grandote. Le costó lo suyo no respetarle, pero en cuanto se la metió unas cuantas veces, se vino arriba, apoyó un pie en el colchón, una pierna atlética y peluda y se aprovechó de la fuerza de sus muslos y de su precioso culazo recondito de futbolista para hacerse valer y penetrar a ese cabrón con toda su fuerza.
Le puso en carretilla gozándose su culazo y siguieron haciéndolo sin mirarse a los ojos, Paddy siempre por detrás, ahora tumbado en la cama viendo cómo esas nalgas subían y bajaban cabalgando sobre él, tragándose y sacando su polla erecta. ¿Qué acababa de sentir en el muslo? Un roce de algo caliente y duro. Dato estaba empalmado.
Al lado de la cama había un espejo. Dato se puso frente a él, hizo que Paddy acercara su trasero al borde de la cama, se metió su polla en el culo y siguió saltado sobre ella, haciendo que Paddy entrara en modo locura al ver ese par de bombas aprisionando su pene y llevándolo al límite una y otra y otra vez. Para colmo, si miraba al espejo, podía ver al segurata saltando sobre el pollón, como si frente a ellos hubiera otro par de tios haciéndolo. Pero no, el tio abierto de piernas con el rabo hundido dentro del culo era él, el que saltaba era Dato, que estaba buenísimo. Pueda que fueran otros, pero el gusto que sentían era de ellos.
Paddy estaba completamente desnudo. Dato solo llevaba puestas las medias de ejecutivo. Paddy echó el culete hacia atrás poniéndose cómodo en la cama y Dato se sentó sobre sus piernas clavándose una vez más la polla, pero esta vez lo hicieron frente a frente, mirándose. Paddy no podía apartar la vista de esa polla larga y bonita de Dato, encapuchada y con el cipote brillante cargado de precum, cilimbreando entre sus piernas. Dato empezó a tragar con rapides y le azotó con ella en toda la panza. Sí, le gustaba sentir el azote del pene erecto de otro tio encima.
En qué momento Dato había pasado de tener el control a perderlo y estar ahora abierto de piernas a merced de Paddy, era algo que desconocían, había pasado así, sin más y ahora Paddy ejercía de macho empotrador, inclinado ligeramente hacia Dato, empujando su muslo izquierdo hacia su pecho para abrirle más, usando la fuerza de sus caderas, sus muslos y su culo para empotrarle.
Estaba sudando. Le hizo la cucharita por detrás tris trás tumbándose a su lado, postura que Dato aprovechó para sacarse el veneno de dentro. En cuanto escuchó sus gemidos de gusto, Paddy asomó la cabeza por encima y vio a Dato cogerse la pija gordita con su manaza de dedos grandes y fuertes. La leche fue después, en lefazos finitos, escupiendo sobre las sábanas y bajo su ombligo. Dato se la soltó cuando todavía estaba corriéndose. Entre eso y que Paddy le estaba arreando los últimos pollazos, se le quedó colgando la lefa del cipote, encapuchadito, haciendo una pirueta para terminar cayendo sobre las sábanas.
Cuando Paddy se puso a cuerpo de rey sobre la cama a cascársela, Dato sabía lo que tocaba. Puso la cabeza sobre el vientre de Paddy, mirando hacia la polla, abriendo bien la boca y sacando la lengua para cazar. Paddy se hizo un buen pajote quedándose con los ojos en blanco mientras disparaba leche a la cara, un semillazo directo a la patilla, otro a la mandíbula por debajo de la oreja, el resto en la parte zurda de su carita, llenándole la barba, el bigote y hasta la nariz de leche de macho.
Con toda esa ingente corrida bañándole la cara, Dato se metió la polla de Paddy en la boca y se la empezó a succionar hasta sacarle la última gota de leche. Con el saborcito a semen, el cabrón tuvo los arrrestos de mirar a su jefe, que por primera vez pudo ver la obra de arte que le había dejado en toda la cara, sonriente y orgulloso. Paddy estaba más henchido que nunca de orgullo. Se asomó al mirador junto a la piscina y supor que algún día el mundo entero sería suyo.
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