William Seed y Drew Dixon machacan a pelo el tremendo culazo de Mateo Tomas en la sauna para hombres | Reality Dudes

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Menuda situación tan embarazosa. William Seed llevaba ya un buen rato intentando salir de la sauna. Al entrar, entre el calor que hacía allí dentro y lo cachondo que estaba, se había puesto a pensar en cosas guarras y así estaba, con la polla a punto de salirse por encima de la toalla. Encima justo era el momento de máxima afluencia en el gym, por lo que no podría salir sin que otros tios se dieran cuenta.

Aquello sólo tenía una vía de escape y lo sabía: hacerse un pajote. Pero, ¿y si entraba otro tio y le veía ahí cascándosela? Menudo apuro. Empezó a acariciársela por encima de la toalla. Quizá metiendo la mano dentro y haciéndoselo por debajo… vaya, justo cuando estaba acariciándosela, apareció otro tio en la sauna. Como para no fijarse en él. Mateo Tomas era grande, cachas, de pelo en pecho, rubito, atractivo y con el pelo en cresta.

Lejos de reprobar su actitud, le acompañó en la tarea y Will lo agradeció. Fuera toallas y a machacárselas. Eso sí, cada uno con la suya y con derecho a mirar para ponerse a tono. ¿Alguna vez iba a acabar el momento de comparar tu polla con la de otro hombre? William creía que se le iba a pasar después de ver unas cuantas en los vestuarios del instituto, pero a medida que pasaban los años se daba cuenta de que era algo innato.

Cuand entró Drew Dixon en la sauna y vio a esos dos tiarrones rabo en mano, se arrodilló frente a ellos acariciando el interior de sus muslos, rozándoles los huevos con los nudillos de sus dedos. Mateo sabía lo que se venía y soltó su rabo. William todavía seguía masturbándose el suyo hasta que Drew sustituyó esas manos por las suyas y agarró una polla con cada una.

A la par, masturbando, corriendo la piel de esos pollones arriba y abajo, dándoles placer. William y Mateo gemían de gusto, se tocaban, cerraban los ojos y cuando los volvían a abrir era para mirar hacia abajo, para ver sus miembros en manos de otro, algo que lo hacía tan diferente. Drew cató primero el pollón de Mateo, dulce por el precum, arropando la piel entre sus labios y poniéndole el capuchón sobre el cipote.

Con ese sabor tan dulce en su boca, acudió a por la de William, dura como una roca. Tan distintas y tan guapas las dos. La de Mateo le gustaba por su tamaño, larga y preciosa, la de Will por la potencia que tenía y lo bien que se sentiría luego dentro de su culo si él quería. Iba con tiento, por si eran tios de un solo hombre y no les gustaba eso de compartir las babas de otro, que los había, aunque pocos, porque una vez estaban en esa situación, todos los hombres acababan compartiendo todo.

Al comprobar que les excitaba que pasara de una polla a otra, empezó a mamar duro, hasta atragantarse y empezó por dar caña a la de William. Los gemiditos en silencio se acabaron para siempre. Esos dos cerdos empezaron a agarrarle la cabeza para obligarle a comer rabo, buscando que soltara arcadas y con ellas una abundante cantidad de saliva para seguir comiendo pollas.

Daba gusto que hubiera hombres así en el gym, come pollas, tragoncetes que aliviaran la pesada carga en los cojones de los tios tras un duro entrenamiento. Se levantaron. Las miradas se las llevó Mateo, hasta de Will, porque menudo culazo tenía el cabrón y la pija más larga que una baguette, fina y deliciosa. Dejaron a Drew entre los dos de rodillas y le dieron barra libre.

La vía de escapatoria de William estaba siendo mejor de lo esperado. Ahora veía la luz. Podría salir de la sauna bien descargado. Se encargó de empujar la espalda de Drew hacia adelante, inclinándolo para ver bien su culo. Le penetró sin condón mientras Mateo se encargaba de aliviar su sufrimiento agarrando por los pelos a Drew y poniendo esa carita contra su pecho peludo y fuerte.

Se soltó la cabeza y se quedó enfrente, ahí con todo su cuerpazo musculado y varonil, todo cachas, la pija apuntando hacia él. No le quedó otra que inclinarse más mientras William le machacaba a toda hostia y comerle la polla larga que tenía. Los dos mano a mano rellenándole todos los agujeros, uno detrás y otro delante. Un buen par de machos fundiéndole bien rico.

La idea de follarle el culo a Mateo le volvía loco a Drew. Desde que le vio de pie le tenía ganas. En el fragor d ela batalla, se incorporó y puso una mano en el hombro de Mateo a ver si estaba dispuesto. Vaya que sí. Cuando Drew lo tuvo delante no supo si podría dar placer a semejante culazo tan grande, pero buscó su agujero dentro de esa raja profunda, lo encontró y se la metió a pelo.

Qué culazo lujurioso. Si Drew hubiera tenido que comparar sensaciones, habría dicho que esa bombona era como las tetazas enormes de una tia para un hetero. Mateo se inclinó y resultó que también se le daba de lujo comer pollas, porque agarró a de William con muchas ganas. William no hubiera apostado a que sucedería eso cuando le vio entrar en la sauna. Los tios no dejaban de sorprenderle. Ahí estaba, gozando como un perro de su hueso, pidiendo más, mirándole con sus ojazos azules.

Le dieron la vuelta y esta vez fue William el que le machacó a pollazos. El tio era un cerdo pero bien cerdo, de los que no paraba de gemir, con la mirada perdida, disfrutando de un rabo tapando su agujero de salida y otro el de entrada, volviéndose loco. Joder, parecía que la putita de los dos iba a ser Drew y al final lo acabó siendo él, que se puso mirando hacia los listones de madera de la pared de la sauna, de rodillas sobre el banco de abajo, abriendo culo para que los dos disfrutaran metiéndosela por turnos.

Con ese culazo abierto a la vista, Drew y William cogieron posiciones, uno a cada lado, masturbándose y tocando bien esas nalgas. El primero en llenar la raja de leche fue Drew. La lefa escapando de su polla, mojando la nalga que le correspondía por derecho y ensuciando la rajeta con su esperma. William estaba a punto. Se abrazó a Drew y con mucho gusto roció de leche ese tremendo culazo, palmeando el rabo durísimo contra las nalgas para dejarle encima hasta la última gota.

Mateo se llevó la mano al pandero, acariciándoselo y cubriéndoselo de leche como si fuera cremita. Drew se marchó enseguida. William volvió a sentarse, cubriéndose las vergüenzas con la toalla, a la espera de unos minutos reglamentarios para que la erección bajara por su cuenta, aunque si Mateo se quedaba así, meneando su trasero con toda la leche encima, le iba a ser imposible concentrarse y acabaría trempando de nuevo antes incluso de que se le hubiera bajado.

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