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Bo Sinn da de comer de su gigantesco pollón a James Fox en el asiento de la caravana, se lo folla sin condón y se corre encima de su cara | BROMO

Breeding The Happy Camper

BEL AMI ONLINE

Dicen que a menudo se disfruta más del trayecto del viaje que del final del camino y eso fue exactamente lo que le iba a pasar a James Fox antes de llegar al camping con su colega Thyle Knoxx. Por la carretera se encontraron con un autoestopista. Subir a Bo Sinn a la caravana, fue el principio de una gran amistad y supuso un viaje del todo involvidable.

Ya antes de que subiera, a James le hizo tilín, con esa pintaza de macho empotrador, vestido de pandillero, con tatus y piercings, unos pantalones cortos vaqueros algo anchos que dejaban entrever el campaneo de un rabo en la pata, señal de que no llevaba calzones y la tenía exageradamente grande, ganándose así la mirada de reproche de su amigo.

Thyle se fue a la parte trasera a dormir la mona y dejaron al invitado en el puesto del copiloto. Un minuto más tarde, Bo no dejó de mirar a James. El tio estaba todo buenorro, cuerpazo y con esos biceps marcándose en las mangas ajustadas de su camiseta, buenos labios. Cuando Bo acaparó la mirada de James, aprovechó para hacerle una seña con la mirada, se bajó la bragueta y sacó su gigantesca polla que estaba ya bien dura.

James nunca había visto un rabo así de largo y gordo en su puta vida. Se podían plantar al menos tres o cuatro manos encima y todavía quedaría espacio para comerle el cipote. Menuda barra de carne, encapuchada. La piel que le recubría el glande era finita y permitía entrever el tamaño del capullo, jodidamente enorme. Bo la meneó y a James se le hicieron los ojos chiribitas.

Antes de tener un accidente por el calor que le estaba entrando por todo el cuerpo, se salió por en el andén y se internó en pleno descampado. Los dos miraron hacia atrás para comprobar que Thyle seguía durmiendo a pesar del traqueteo de la caravana por terreno incierto. Al comprobar que seguía siendo así, Bo agarró a James por detrás de la cabeza y la empujó hacia abajo para que le comiera la polla.

Qué grande, qué gruesa, que gorda y varonil. No podía dejar de darle un buen repaso con la boca y los labios. Era puto interminable y enorme y a pesar de eso despejó su garganta y la metió dentro, notando que ni siquiera eso era suficiente, porque le quedaron otra buena cantidad de centímetros por tragar. Si una polla tenía que hacerle llorar, que fuera esa.

Lo intentó de nuevo. La mamó lubricándola con su saliva y cuando se sintió preparado, la fue arropando centímetro a centímetro entre sus labio y la sintió paseando por su garganta, dejándole sin respiración. Al sacarla, una ristra de babas se quedó colgando entre su boca y ese enorme y gigantesco pene. James no veía en Bo a un tio que fuera de mamar rabos, más bien de llegar y follarse un culo hasta descargar e irse por donde había venido.

Se desnudó delante de él bajándose los pantalones, dispuesto a entregarle su culo en cuerpo y alma, pero antes de poder sentarse encima de sus piernas, Bo le sorprendió con algo que no esperaba, inclinándose y haciéndole una suculenta mamada. Ese cabrón sabía cómo chupar un rabo, apretando fuerte con los labios, dándole a la lengua, saboreándolo, tragando a fondo, llenándose los carrillos, dejando que James viera cómo su propio pene forzaba las mejillas y se marcaba una buena pirulla en ellas.

Y no fue poco rato el que estuvo escupiéndola, pajeándola y mamándola hasta dejársela bien dura. Hacía rato que se habían olvidado que Thyle estaba detrás, hasta que escucharon su voz pidiendo un poco de agua. James se coló entre los dos asientos para dársela y sin pretenderlo dejó su pretencioso culazo peludo a un palmo de la cara de Bo.

Bo miró ese culo, miró su polla y ocurrió sin más, reclamado por la naturaleza que lo llamaba a penetrar un agujero. Le metió toda la polla sin condón por su ojete abierto, toda entera, más de veinticinco centímetros de rabo todos para adentro. A James le pilló desprevenido y abrió los ojos como platos, recibiendo ese pollón hasta el fondo de sus entrañas. No pudo contener un gemido de dolor que hizo que Thyle se quitara el antifaz de los ojos y viera que ese autoestopista se estaba follando a su amigo.

Enfadado, salió por patas dejando tirado a su colega, que teniendo que decidir entre él y ese tiarrón con el rabo más alucinante que había probado en su vida, se quedó con lo segundo. Ya que no tenían que reprimir las ganas, Bo le propuso salir fuera de la caravana para follar en plena naturaleza. Bo salió andando con la minga rebotando entre sus piernas, larguísima y enorme. James le estaba esperando apoyando en el lateral de la caravana, dándole la espalda. Bo la enderzó y se la metió de nuevo.

Qué culo más bonito y redondo, lleno de pelos. Lo penetró con ganas empleándose bien con toda su larga polla. Los pelitos alrededor del agujero estaban húmedos y mojados. Bo dobló las rodillas buscando el goce de su caliente agujero y todavía con la polla dentro de él, se dirigió a la entrada de la caravana y se sentó en la puerta, dejando que James le cabalgara el rabo.

El césped tenía un verde reluciente y estaba salpicado con el rocío de la mañana. Parecía una buena manta para tumbarse. James se echó bocarriba, se abrió de piernas y dejó que Bo lo follara. Ver a ese machote cargado de rabia, su cuerpo musculoso y tatuado, su enorme polla dentro de él, era mejor que llegar a cualquier campamento. Aquel era su campamento.

Se le nubló la vista y terminó corriéndose encima. Al rato Bo sacó la polla de su culo y, mientras se la pelaba de pie, apremió a James a arrodillarse frente a él y poner la carita. Le vistió la cara de blanco con unas buenas salpicaduras que se le metieron por las fosas nasales de la potencia que llevaban y que le hicieron cerrar los ojos. Al hacerlo, no vio volar una buena serpentina de esperma sobre su cara que se le quedó como gomina resbalando por el pelo.

Menudo lechero. Bo se quedó mirando esa cara guapa con su semen encima y entre jadeos le dijo que iba a la caravana a buscar algo con lo que limpiarle la jeta. Puso en marcha la caravana y se largó, dejando a James como un trapo tirado en mitad de la nada. En ese momento James no tenía razón para odiarle, porque todavía seguía disfrutando de la visión de esa polla gigante deslechándose encima de él, su semen dentro de las narices y resbalando por su cara. Después se daría cuenta de que tendría que regresar a casa desnudo y con la corrida de otro tio encima.

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