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Michael Boston empotra a Adrian Hart en la cocina | MEN

A Helping Handful

A Adrian Hart le gustaba ayudar a las abuelitas a cruzar los pasos de cebra y a las madres a llevar la compra a casa. Sabía que de entre las cientos de veces que tenía ese buen gesto para con los ciudadanos, había una alta probabilidad de encontrarse con un nieto o un hijo dispuesto a satisfacerle el picor del culo. Algunas veces como esa, se encontraba verdaderos caramelos que le ponían super cachondo.

Después de ayudar a una madre con las bolsas del supermercado, entró en su casa y vio en el sofá jugando a videojuegos a un tio alto de ojos azules, bonachón, fuerte y con largos brazos que ya hacían intuir lo que se traía entre las piernas. Visto lo visto, se ofreció a algo más que transportar las bolsas hasta la cocina. Se lo iba a dejar todo ordenadito, pero antes iba a hacer que ese chaval abandonase el mando de la consola para relenarle el culo.

Adrian cogió un pepinaco de una de las bolsas de la compra, lo chupó como si fuera una polla, se bajó los pantalones dejadno su trasero al descubierto y se insertó el pepino por el ojete. Gimió más alto a posta para que el chaval se enterase y en cero coma lo tuvo espiando en la puerta. Miró de reojo y vio cómo Michael Boston se sacaba la polla y empezaba a masturbarse, así que incrementó el sonido de los gemidos y se puso bien de espaldas para que le viese meterse el vegetal por el culo. Videojuegos y porno con pajas era lo que les gustaba a los de su especie.

Fingió darse cuenta de que lo había pillado y le invitó a la cocina sin perder tiempo no fuera que llegase su mamá. Se arrodilló y le comió esa flipante pija. No se equivocaba. Larguísima, super gorda, un buen trozo de rabo para alimentar su boca y su agujero. Le cogió por las pelotas y se rebozó esa masa enorme de carne por la cara antes de empezar a chuparsela.

Al chaval también le gustaba comer pijas. Adrian le ofreció la suya larga y morena por poco tiempo, porque lo que más le apetecía era que ese chorvo le empotrase con su gorda tranca contra la encimera. Escuchó el rasguido del condón que se había sacado del bolsillo, se lo puso con habilidad y se la metió por el culo. Mamá estaba bajando por las escaleras. Para evitar la escena, Michael se lo llevó a su habitación y allí culminó la follada al buen chico samaritano.

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