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24 cm de pollaza africana para los pollones españoles Adam Risso y Javi Mendez | Bravo Fucker

El resto de currelas prefería tomarse el descanso de media mañana tragando calamares y cervezas en el bar llenando bien la barriga, pero Javi Mendez y Adam Risso eran más de zamparse un bocata de rabo. La media hora les daba para comerse mutuamente las grandísimas y enormes pollas que tenían, sacarse la leche, compartirla de boca en boca a escupitajos y el tiempo que les quedaba lo gozaban dándose por el culo.

De vez en cuando les sonreía la suerte y es que, aunque entre los dos se sobraban y bastaban, con una relación que traspasaba lo meramente profesional del asunto, algunos curritos de obras cercanas se acercaban para pedir agua o para ayudar con lo que podían y ese día andaban chupándose las mingas cuando apareció un africano molón, delgadito, que se fue acercando a ellos magreándose el paquete.

El cabrón estaba bien sucio, con todos los pantalones manchados de yeso y pintura. Adam, que justo se encontraba chupando la polla de su colega, metió mano por la bragueta y sacó una considerable y gigantesca trompa morenota de veinticuatro centímetros que le dejó to loco. Mira que ellos estaban bien dotados, pero la visión de de esa polla morcillona colgando les puso más cachondos todavía.

Adam engullía el rabo mientras le hacían un hueco y su colega Javi le pegaba un morreo en condiciones. Y cuanto más chupaba, más le crecía la puta verga. Más que estar chupándola a un humano, ahí de rodillas en la tierra, se imaginó en unas caballerizas comiéndose la minga de un potro salvaje que estuviera a punto de inseminar a la yegua.

Tímido al principio, en cuanto fue trempando el africano se vino arriba y puso a la parejita a comer de su enorme chorra. Allí había rabo para toda una cuadrilla de albañiles. Cada uno se hizo con un lado de la gigantesca polla y se la dejaron refrescante con el sudor de sus babas, preparada para calzar dentro de un culazo atrevido. En cuanto que Adam se dio la vuelta, el morenazo le levantó el trasero y se lo fundió a negro sin condón.

Tuvo que separar las piernazas de corredor que la naturaleza le había regalado para amoldarse a la altura del culete y pego tales bandazos que le coló la polla hasta el estómago. Delgadito, fibrado, super dotado y con tantas ganas de follar, daba gusto poner el culo a ese extraño que pasaba por allí para un reventón loco. Con las pelotas descargadas, los tres fueron de nuevo a buscar sus ropas desperdigadas por la tierra para vestirse de nuevo, los tres pollones campaneando de lado a lado como dioses entre sus piernas.

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