Paddy O’Brian se folla a pelo los culazos de los jovencitos Dean Young y Austin Ponce y deja que le chupen toda la polla corrida entre sus caras | Falcon Studios

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Habían escuchado que el magnate de los negocios Paddy O’Brian era muy dado a hacérselo con jovencitos últimamente. Cualquier foto suya en las revistas de tirada nacional, hacía que a Dean Young y Austin Ponce se les pusiera dura y se les abriera el agujerito. Menudo macho empotrador, con esa cara tan atractiva de tipo duro. No había gay en la ciudad que no supiera acerca de su enorme pollón, de su cipote, tan grande que te desgarraba el ojete y te rellenaba la boca como una bola de helado italiano.

Reunieron los ahorros del mes para asistir a una de sus fiestas privadas. Les costó un pastón, pero si la intención con la que iban tenía éxito, habría merecido la pena. Esperaron a que se despejara el local a altas horas de la madrugada y se dedicaron a jugar al billar, ideal para inclinarse sobre la mesa y enseñar lo apretados que quedaban sus culitos, ajustados a los vaqueros, agarrando el palo con delicadeza, de vez en cuando frotándolo con una mano por la parte más gruesa.

Miradas cómplices entre los dos cuando vieron salir al magnate de su guarida. No le habían visto el pelo desde que llegaron, pero ahora estaba ahí, sin quitar ojo a ese par de jovencitos que hacían como si no pasara nada, disimulando. No tardó en acercarse a ellos y hacer la proposición. Si bien no era lo que esperaban, sí les acercó un paso más a su objetivo.

Les condujo a una habitación oscura que parecía una sala de interrogatorios. Allí descubrieron que a Paddy le gustaba hacer de voyeur, observar a los jovencitos mientras se lo montaban. Les hizo pasar a una habitación iluminada con una gran cama, aceptaron y, aunque Dean y Austin no lo habían hecho nunca juntos, se besaron, se tocaron y se masturbaron sin llegar a más. Paddy se estaba tocando el paquete mirándoles. Si quería ver más, tendría que invitarles a su casa. No le iban a poner las cosas tan fáciles ahora que estaba enganchado.

El apartamento era una pasada, tenía tres pisos y un comedor cocina muy amplio. Pasaron la noche allí y al despertar bajaron a por el desayuno. Paddy les acompañó unos minutos más tarde. Todavía debía picarle la polla y la curiosidad, porque de nuevo les hizo besarse. Se unió a ellos. Un beso a tres bandas. Empalmaron enseguida. Se los llevó al sofá y fueron perdiendo la ropa por el camino.

Ellos no dejaban de mirar su paquete. Semi desnudo, con los gayumbos azules puestos, el pollón todo duro como una roca se le remarcaba perfectamente en todo el frontal, tan largo que empujaba la goma hacia arriba con el cipote. Paddy estaba en su salsa, palmeando esos dos culazos jóvenes, haciéndose a la idea de lo mucho que iba a disfrutar metiéndola ahí dentro como si fuera una fiesta de culos en su honor.

Se puso en medio de ellos y les empujó por la espalda para que se agacharan a comérsela. Les hizo besarse de nuevo, esta vez con su polla en medio de las dos bocas. Menudo subidón de leche le dio ver a esos dos chavalitos besando su larga, dura y enorme tranca, mirándose mientras lo hacían, paseando sus babas por encima, sin importarles comerse las del otro con tal de compartir ese delicioso postre.

Los que la habían disfrutado no mentían, jamás habían visto a un tio con la polla con el cipote tan grande. Normalmente los capullos de los tios eran tan gruesos como el tronco de sus rabos, pero Paddy desafiaba las leyes de la naturaleza, lo tenía tipo seta pero a lo grande. Lo relamieron a lengüetazos, mirándose, sabiendo que habían logrado su objetivo, sonriendo por ello. Ahora a gozarlo. Primero uno y luego otro, degustaron esa exquisitez metiéndola entre sus labios hasta notar que efectivamente el cipote les llenaba toda la puta boca entera de lo gordo que era.

Durante un buen rato los chicos se encargaron de la tarea, solo tuvo que dejarse hacer. Le chupaban la polla, le acariciaban, retozaban entre ellos cerca de su cuerpo, besándose para que él lo viera. Dean fue el primero en bajarse los calzones blancos. Paddy se le quedó mirando fijamente. Le gustaba ver desnudarse a los chicos en los vestuarios, el momento en que enseñaban sus culitos y sus penes al resto de hombres.

Menuda cola larga tenía el cabrón. La forma del rabo de los chicos de ahora le flipaba a Paddy. La gran mayoría estaban muy bien dotados, pero había algo mágico en los rabos de los tios de la nueva generación, eran como más estilizados, casi todos encapuchados, lo que hacía que parecieran incluso más largos todavía, enseñando la rajita del cipote por la punta, y con qué gracilidad daban bandazos entre sus piernas.

Y qué culo, señor, con las nalgas redonditas, blanquito, inmaculado, de apariencia virgen. Dean le dio la espalda, hizo una sentadilla sobre las piernas de Paddy, le enderezó la polla conduciéndola hacia el ojete de su culo y se sentó encima ensartándosela hasta el fondo, saltando y haciendo que a Paddy le salieran unos buenos gemidos por la boca.

Mientras saltaba, el rabo suelto al viento subía y bajaba. Al bajar, le daba a Paddy unos buenos azotes en todos los cojones, hasta que Austin se lo agarrón con la boca y se la chupó a su amigo antes de bajarse los calzones él también y dar un segundo culo a ese macho para que se lo follara a pelo. Dean se quedó mirando justo al lado y ayudó a su colega a que eso entrara, escupiendo y embadurnando la polla y la raja, donando lubricante natural para la causa.

Austin estaba cachondo perdido. Antes de metérsela por el culo, la frotó en la raja una y otra vez, sintiéndola tan dura y caliente. Finalmente se la trincó y comenzó a pajearla con su trasero. Paddy se estaba contagiando de la energía de esos dos granujas. Hizo señas a Dean para que no se quedara al margen hasta que llegara su turno y le invitó a sentarse sobre su cara.

Un culo en la polla y el otro en la jeta. Dean se le sentó encima de tal forma que Paddy podía hurgar con la lengua rebuscando el ojete en esa profunda raja y a la vez sentir las pelotas y la tranca del chaval sobre la nariz y la frente. Al rato le puso a cuatro y le dio por culo sin condón. Cuando se le quedaba seca, la sacaba y la boca de Austin se la volvía a reciclar.

Excitado, casi sudando, Paddy no podía dejar de mirar esos cuerpos tan jovencitos, atléticos, musculaditos, con esos culos tan preciosos y sus colas tan largas. Cómo disfrutaba penetrándoles a pelo. El culito de Dean era una delicatessen. Redondo, blanco, sin un solo pelito, ni siquiera en el ojete, la sensación que daba al meterla era como desvirgarse una y otra vez. Una fantasía. A Paddy le gustaba calzarle, ver cómo encajaba de bien su enorme cipote y el resto de su polla gorda ahí dentro. Austin acercó el culete al de su colega y Paddy tuvo los dos en bandeja. Apenas tenía que doblar las rodillas o ponerlas rectas para follarse uno y luego otro al gusto del consumidor.

Paddy entró en modo semental, gimiendo, repitiendo a los chicos si querían más y más duro, una actitud que a Dean le llevó al punto de no retorno. Abierto de piernas, pajeándose, viendo el cuerpazo imbatible de ese macho fornicador en tensión dándolo todo, se disparó un montón de leche al pecho y los abdominales. Al ver la corrida de su colega, Austin no aguantó más, apuntó hacia la cara de Dean y se corrió en su boca.

De nuevo Paddy les llamó para que acercaran sus caritas al pollón, uno a cada lado, expectantes, con las bocas abiertas y las lenguas por fuera, mirando de cuando en cuando al rabo y a la cara de Paddy, intentando adivinar cuándo la soltaría. Unos gemidos desgarradores previos y la mano que frenaba en seco. Un lechazo disparado hacia arriba, bien cargado, desperdiciado en el suelo. El siguiente salió desplazado hacia la izquierda, mojando el bigote, los morros y la mejilla de Austin.

La lefa cayendo sobre las lenguas de los dos chicos. Paddy les metió unos buenos pollazos en ellas, sacándose toda la leche que le quedaba dentro. Austin y Dean volvieron a besarse con la polla en medio, esta vez corrida, llena de semen. Pasearon sus labios por el cipote, por la barra, lo cogían y lo pajeaban entre las dos bocas, lo soltaban y se besaban entre ellos de nuevo, saboreando toda esa leche. Paddy se agachó para unirse, probando su propio esperma. Tal y como empezaron, solo que ahora con la leche de por medio.

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