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Manuel Skye pone a comer polla y precum a Thyle Knoxx y se folla su redondito culazo blanco sin condón | Men At Play

Boylust 2

Cuando era niño, Thyle Knoxx, como todos, soñaba con cuál sería la profesión a la que dedicaría el resto de sus días cuando fuera mayor y, como casi todos, al final terminó dedicándose a otra totalmente distinta que cubría mejor todas sus necesidades. Descubrió que lo que le gustaban eran los hombres con estilo, apuestos, adinerados, mayores que él.

Por eso terminó de limpiador, abriéndose hueco en las casas de los mejores barrios residenciales, sirviendo para un roto y para un descosido, de manitas, de limpia piscinas, de jardinero, de cualquier menester que se terciase, mientras se ganaba la confianza de los señores de la casa, los cuales, ya habituados a su presencia, terminaban vistiéndose y desvistiéndose delante de él.

Le encantaba pasearse por el armario de Manuel Skye, su último jefe, ver sus trajes impolutos y ordenados, sus botas negras, pero más le gustaba presentarse antes de que se fuera a trabajar, justo cuando se quitaba el pijama, mientras se abrochaba los botones de la camisa con la polla colgando. Y Thyle salivaba cada vez que se la veía, tan gorda, tan grande. Si era así dormidita, no podía imaginar cómo sería empalmada.

Un día que la señora no estaba en casa, Thyle se le quedó mirando tanto tiempo que Manuel acabó dándose cuenta de que le iban los rabos, pero lejos de despedirle o montar un pollo, le continuó el juego. En la estrecha cocina, Manuel pasaba por detrás de él y le frotaba todo el paquete contra el trasero. Le cogió la mano y la llevó a su polla, para que le amasara el trabuco por encima de los pantalones.

Nunca pensó que sucedería algo así tan real y menos en mla cocina. Thyle tiró de los laterales de la camisa desgarrándoselos cual Superman quitándose el traje de Clark Kent y descubrió el superhéroe que ese macho llevaba dentro. Qué abdominales, qué cuerpazo. Thyle le relamió el six-pack con la lengua antes de acudir a la polla que Manuel ya se había sacado por la bragueta.

Manuel se había puesto tan cachondo sabiendo que alguien en esa casa le deseaba, que tenía la chorra a rebosar de precum. Thyle le dio un besito en el húmedo prepucio después de degustar la miel de un dedo que Manuel previamente había mojado de forma lasciva apretando su cipote. Y después de eso, a comer polla, hasta que los huevos le golpearon en la barbilla.

Con la corbata, Manuel limpió los morritos mojados del chaval, con el sabor de su rabo encima, anudó esa misma corbata al contorno del pollón de Thyle, que lo tenía bien largo y se puso a mamarle la pija. La misma corbata se la metió por el agujero del culo. Al sacarla la sustituyó por algo mucho mejor, su polla gorda, gigantesca y dura, toda rebañando su agujero a pelo.

Pollazo tras pollazo, apenas vestido de cintura para arriba, con la camisa desgarrada, se fue trajinando el culazo redondito del chaval hasta que se abandonó al placer de correrse en su precioso pandero blanco. Mientras su espalda, sus nalgas y sus muslos chorreaban leche de macho, Thyle pensó que le encantaba su trabajo y que hizo bien en no seguir sus sueños de cuando era niño.

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