A poco que las barandillas de las escaleras hubieran tenido la mitad de separación, Andy Onassis bien podría haberse hecho un pajote en toda regla sin tener que usar las manos mientras miraba como el cerdete de Anteo Chara le enseñaba cómo se metía los dedos por el culo en el piso de abajo.
A los dos les encantaba hacerlo en lugares públicos, el riesgo de poder ser pillados y a sabiendas de que alguien podía estar observándoles y disfrutando. Fingían ser vecinos de una comunidad para meterse en el portal con el primero que abría la puerta y se quedaban un rato mirando los buzones hasta que quien había abierto desaparecía y ellos se quedaban en el rellano de las escaleras iniciando su danza de apareamiento.
La mega polla de Andy era tan jodidamente gorda que Anteo se vio obligado a abrir la boca de par en par para empezar a chuparla. Antes, para hacerlo todo un poco más fácil, se echó un montón de saliva en la mano y con ella le masturbó el poderoso rabaco dejándolo mojado y brillante. Mientras se la pajeaba, cerquita de la cara, podía sentir el calorcito y el deseo de tenerla dentro de él.
El objetivo era al menos posar la punta de la nariz en esos pelos tan negros y rizados como los de su cabeza. Andy le cogió de la melena con fuerza y le ayudo a cumplir una misión imposible. El chaval parecía poco menos que un perrillo en manos de Andy, que con su pollón conseguía llevárselo donde quería, gateando a cuatro patas por el frío suelo cuando su amo se alejaba y lo llamaba meneando la verga.
Puso la cabeza debajo del rabo y le relamió la parte inferior mirando hacia arriba. Borracho en la entrepierna de ese machote, si un vecino les hubiera pillado en ese momento, habría presenciado una escena bestial para sus sentidos, Andy con las piernas ligeramente abiertas como un dandy, las manos en las caderas y el chavalote de rodillas mamando, con su cabeza de pelos rizados tapando las vergüenzas.
La polla chorreaba ya con tantas babas. Anteo se puso de espaldas apoyando las dos manos en la barandilla, mirando hacia el rellano del portal desde el primer piso, empujó el culete un poco hacia atrás y se topó con la pollaza de Andy, que la condujo hacia su agujerito y se la metió completamente a pelo por detrás.
Tener algo tan gigante y jordo penetrándole y no poder dar rienda suelta a sus gemidos para no alertar a los vecinos, era jodidamente difícil. Supo gestionar sus emociones cerrando los ojos y dejándose transportar a otro mundo, a ese que fuera al que iban los viciosos como él que se comían pollas descomunales.
Con tanto ajetreo mamando y follando, se toparon con una puerta abierta en el primer piso y se convirtieron en okupas. La penumbra del pasillo no había permitido a Anteo ver la pollaza que se estaba comiendo, pero ahora con la luz que entraba por las ventanas podía verla con mayor claridad y le molaba mucho más todavía. Era tremendamente grande y gorda y el hombre que la portaba entre sus piernas era un gigantón de la hostia, tan grandote que Anteo se sintió como en el cuento de las alubias, solo que él iría a ver al gigante para robarle la pedazo de polla.
En un intento porque le comiera todo el rabo, Andy puso esa cabecita de pelos rizados en el borde de la cama y se la folló, solo que en esa nueva postura, lo único que entraba y completaba la boca de ese mamón era el cipote, tan grueso y gordo que no le cabía ni un centímetro más de miembro ni por mucho que sacara la lengua para dejar espacio.
Anteo, que justo en ese momento se estaba pajeando, con la boca rellena de rabo, casi se corre al sentir los dedos de Andy dentro de su culo. Como un resorte al que tocan el mecanismo adecuado, Anteo elevó las piernas y dejó que siguiera el juego, dejándose meter por el ojete dedos tan grandes como pollas.
Andy manejó su culete como le vino en gana y lo preparó bien dispuesto en pompa para partírselo en dos. Al principio, al verlo tan delgadito, huesudo y apretado, tuvo sus dudas, pero una vez le hubo calzado la polla sin condón, esas dudas se disiparon y dieron lugar a la más pura diversión. Ni él mismo podía entender como un agujerito tan apretado podía tragarse semejante rabaco, pero ahí estaba, penetrándolo, taladrándolo con la polla desde arriba, metiéndosela hasta los mismísimos huevos.
Follárselo a traición era divertido, pero quería que viera al pedazo hombretón que le estaba rompiendo el culo. Le colocó bocarriba, le elevó las piernas juntando sus pies, aprovechando la flexibilidad de ese mamoncete para ponérselos en la cara, le dejó bien abierto el culete y le metió la tranca. Ahora sí que se dejaba llevar el cabrón, sin tener que esconder sus gemidos de gusto, sin tener que estar pendiente de los vecinos. Así lo gozaba esa perra.
Después de una buena tunda de pollazos, Andy se la sacó del calorcito del ano, Anteo miró hacia abajo y al ver esa verga tan viril y hermosa, se sintió tan realizado que exhaló un suspiro devolviendo su cabeza a la almohada con cara de felicidad absoluta. Para que después le dijeran que la plenitud era probar la de un tio de color. Que también lo era, pero había otras formas. Y mientras se sumergía en su felicidad, Andy no le daba pávulo y se la volvía a encajar dentro del agujero.
Ven a sentarte en las piernas de papá. A medio metro de sentarse encima de la polla, Anteo flexionó las piernas, con la huevera colgando entre ellas, se agarró los cachetes del culo separándoselos a tope para expandir su ojete y en cuanto notó el roce del cipote, con un par de deditos condujo el pollote hacia su interior.
Andy se apresuró a tomar las riendas y le metió una enculada desde abajo. Anteo perdió el equilibrio y la polla se le salió del culo, dejando a la vista el hermoso agujero que le estaba dejando abierto. Volvió a tomar asiento y Anteo dejó que su propia polla se rebozara por la barriga peluda de ese machote. Él también estaba bien dotado, con un rabo de buen tamaño y venoso.
Después de montar, Andy lo cogió en volandas y se lo folló de pie, el chaval ensartado en su polla, saltando alegremente clavándose el puñal, mientras él le agarraba con fuerza de los muslos. Así, los dos juntitos, unidos por polla y culo, viendo la cara masculina y atractiva de Andy con esas muecas que ponía de bestia folladora, ese flequillito hacia arriba en el pelo que le molaba mazo, su cuerpo tan grande y viril, Anteo relajó el esfínter y dejó que ese hombre le hiciera suyo por completo.
Cayeron juntos sobre la cama. Anteo le machacó la polla con el culo saltando encima y no contuvo los gritos cuando se corrió, soltando un pastizal de leche, una fuente rebosante de lefa que acompañaba cada gruñido que soltaba por su boca.
Andy se acercó de rodillas a la cara de Anteo y se corrió encima. La lefa brotaba de su grodo cipote, resbalando por la parte inferior del rabo y Anteo sacaba la lengua para relamerle todo lo blanco. Se metió el cabezón en la boca apresándolo entre sus labios y le degustó todo el dulce de leche que le iba saliendo por la raja, hasta que la tuvo llena y las babas de lefa le cayeron pringando por la comisura del labio. Estaba tan cerdo que animó a Andy a meterle el pepito de crema de nuevo por el culo y él aprovechó para sacarse la paja por segunda vez.
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