Whoremasters 1: Beno Eker se monta sobre un enorme pollón negro sin condón | Staxus

Se sintió como un cerdo come pollas, pero era como le gustaba sentirse en ese momento, como una puta comiéndose un buen rabo negro. Había algo en las pollazas negras que le ponía perro a Beno Eker. Lo largas que eran, lo duras y calientes que estaban, el par de cojones rugosos y morenos que descansaban en su base, a la espera de zamparse un culazo cuando llegase su gran momento de actuar, el cipote grueso con una buena raja, tan varonil, tan indecente, tan predispuesto a escupir leche.

Así se dejó bien las babas sobre el mega pollón de aquel maestro enmascarado al que se le daba bien aguantar el tipo y con el pito durísimo mientras un chaval delgadito como Beno zorreaba con su rabo en la boca e intentaba autopenetrarse el culito apretado con algo tan gigantesco que escapaba a la razón.

Beno puso los pies en el sofá, uno a cada lado de cada pierna del maestro de talla XXL. Hizo una sentadilla y empezó a buscar con su ojete el cipote de ese enorme pollón. Consiguió unir capullo gordo y su agujero estrecho y logró metérsela unos centímetros a pelo. Se la sacó del culo y observó todo el pedazo de carne que se había tragado, apenas una tercera parte de lo larga que era la polla.

Tumbó la cabeza en el torso del negrazo, con la mano le cogió el rabo y empezó a masturbárselo sin parar de mirarlo como si ese largo y gordísimo cilindro fuera un objeto de deseo. Su vista acompañaba a su mano mientras esta se deslizaba hacia arriba y hacia abajo por la piel negra y reluciente. Nada le apetecía más para ese primer encuentro que notar cómo la leche le inundaba los nudillos de los dedos de la mano. Pero el maestro no había ido allí a que simplemente le masturbaran la polla. Se folló al chaval sin condón hasta convertirlo en todo un hombrecito.

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