Giovanni conquista con su gorda polla y sus grandes pelotas | Sean Cody

A todo atractivo galán con raíces italianas no le puede faltar una larga polla entre las piernas. Giovanni cuenta que para él que se la veía todas las mañanas, era normal, hasta que se echó novia, empezó a follar y ella se la comparó con un caballo de carreras la primera vez que se la vio. Entonces fue consciente de que la tenía grande.

Confiesa que es un pajillero y que le encanta masturbarse varias veces al día si no tiene sexo, sobre todo por las noches y no se le caen los anillos por confesar también que ha probado su propia lefa, que no es de buen arete para un cocinero dar a probar a otros lo que tú no te has comido antes. Entre otras virtudes, lo que más le gusta de su rabo es lo gordo que que es y su curvatura, porque eso le permite llegar profundo y ocupar grandes espacios con la envergadura de su rabo.

Ya las deja locas con su cara guapa y su mirada de ojos claros, pero cuando se la saca de los calzones, aún sin estar empalmada, para ellas es toda una sorpresa, porque es un buen pollón que cae flácido por su propio peso, bastante largo y ancho como para abrir bocas y con unas pelotas colgantes que son la envidia de los chicos del gym cuando se agacha en las duchas de los vestuarios.

Y a pesar de tener esa huevera colgando, no le sucede como a otros chicos que las bolsas de los cojones superan la medida de la polla. Con Giovanni sucede al revés, la polla supera en medida a los huevos. Se pone cachondo cuando observa cómo le va creciendo y triplica su tamaño hasta convertirse en un pollón de macho y se ve en la necesidad de cascársela a dos manos, sobándosela bien a fondo incluídas las pelotas.

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