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Bruno consigue que su colega hetero le folle el culo a pelo y le tralle la cara a lefazos | Latin Leche

Formalito, muy guapete, vestido con camisa debajo de un jersey, pantalones chinos y sin tapujos al reconocer que tiene buena pija. Así es el coleguita hetero que se ha traído Bruno del instituto para que gane algo de plata haciéndose unas pajas. Bruno lo deja muy claro, sólo pajas, porque su amigo no deja siquiera que se la toque, con colgas pero nunca han cruzado el límite. Eso sí, hasta que llega el señor cazador con pasta en los bolsillos.

Y es que a Bruno se le debe estar haciendo el culo pepsi cola cuando escucha de boca de su colega que sí se va a dejar masturbar por él e incluso dejarse chupar. Con las ganas que le tenía desde que tenían trece, cuando le veía en las duchas después de educación física y no se la ha podido magrear hasta que ha llegado un tipo ofreciéndole dinero.

La textura suave, bien larga y morenita, el cipote lustroso que no necesita de lubricante para meterse ya por un buen culo. El cámara no le hace esperar a llegar al apartamento para agacharse y que se la meta dentro de la boca. Se ve que lo estaba deseando. Bruno nunca imaginó que sería en un cuartucho de mala muerte de un ático, comportándose como dos auténticos cerdos, donde se lo haría con su colega.

De que no se la dejase ni tocar a tenerla ahora dentro de la garganta, tragándosela entera, con su mano agarrándole por detrás del cogote, los cojones en la barbilla, era la hostia. No le importaba llorar y ahogarse un poquito tragando rabo, llevaba mucho tiempo esperándolo y todo era poco para lo que tenía ganas de hacer. El cazador era consciente de lo mucho que a Bruno le gustaba ese chaval, así que sacó todo el dinero que hizo falta para cumplir sus deseos, unos deseos que sabía interpretar perfectamente sin que tuviera que decirle nada.

El primer paso fue que su colega hetero le hiciese también una paja. Los dos se quedaron de pie masturbándose mutuamente, cada uno con la polla del otro en la mano. Después le propuso un beso y la carita de Bruno, cómo le miraba con ojitos de cordero, esperando una respuesta positiva, era para comérselo. Por fin ocurrió, le cogió de la barbilla y acercó sus labios. Bruno cerró los ojos y casi se corre del gusto que le dio el beso.

Después llegó lo más grande. Sin condón ni nada, se la metió por el culo y se lo folló por detrás mientras Bruno gemía y se agarraba fuerte contra la pared. Había pasado de escuchar las aventuras sexuales de su colega a vivirlas en primera persona. Todos sus sueños cumplidos en un momento. Bueno, todos y un plus en el que no había pensado antes. Se agachó para recibir la lefada poniendo la cara y a cambio se llevó una tanda de trallazos de leche que volaron hasta la otra pared. Menudo tiro tenía el cabrón.

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