Tomas Brand y Sir Peter calientan el culazo de Marco Napoli follándoselo sin condones | Lucas Entertainment

Daddy's Holiday Surprise

La casa de vacaciones era un lugar muy especial para Marco Napoli. Allí había pasado gran parte de la transición hacia la edad adulta y parecía que no habían pasado los años cuando, al entrar en la antigua habitación donde estudiaba para la reválida de los exámenes que había suspendido durante el curso, recordó a los dos colegas con los que pasaba tiempo y que también vivían en el pueblo, con los que se hacía pajas y con los que se convenció de que lo que más le gustaban eran las pollas.

Ahora Tomas Brand y Sir Peter serían unos hombres hechos y derechos como él y estaba deseando volver a reencontrarse con ellos. Se le abrieron todas las puertas al ver a sus dos antiguos amigos de andanzas. Sir Peter lucía más entradas y estaba tremendamente fuerte, altísimo, el que más de los tres. Tomas, que era el mayor del grupo, lucía ya algunas canas y se había convertido en todo un daddy digno de comerse y rebañar el plato, atractivo e igual de fuertaco.

Parecía que no hubiera pasado el tiempo, porque de inmediato recobraron esa conexión perdida hacía años. En el fondo estaban deseando quedarse de nuevo desnudos en esa sala, pero Marco remoloneó un poco recordando viejos momentos, como la temporada en que le dio por cascársela y correrse en la bola del mundo para después girarla con fuerza y salpicar de lefa a sus colegas. Fue allí donde se quitó la ropa e invitó a sus amigos a saludarse como sólo ellos sabían hacerlo.

Ver a Sir Peter en pelotas sentado en el sofá les puso a los dos tontorrones. Joder, de dónde se había sacado ese cuerpazo, musculoso, potente y con un pollón gigante y gordo que no se quedaba atrás. Decían que el rabo le crece a un tio hasta más allá de los veinte años, pues el suyo se había expandido con salero a lo largo y ancho. Marco, que siempre había sido más de recibir, se sentó en sus piernas y se clavó su polla por el culo sin reclamar un condón.

Tomas también iba bien servido el cabrón. Una pedazo polla gordísima, peculiar y cipotona. Marco se puso a cuatro patas y se lo sirvió en bandeja, preguntándose qué hostias les habían dado de comer a sus colegas esos años para tener esos cuerpazos y esas mingas. El tiempo les había enseñado a los tres a follar bien. Cómo se lo zumbaban esos cabrones, con energía y sin desperdiciar nada, metiendo cada centímetro de rabo que Marco les permitía.

Un esperado reencuentro también merecía un buen recibimiento. Tomas tenía abrazado a Marco por el cuello, apoyando la cabeza contra su torso caliente y duro. Marco ladeó la cabeza y pidió a Sir Peter que le dejara una buena preñada. Al oirlo, a Sir Peter se le dibujó una sonrisa en la cara llena de alegría y vicio. Culeó y culeó sin parar hasta que la polla explotó dentro de su culo y le inseminó por dentro. Al sacar la polla, la leche empezó a brotar del agujero y los tres se echaron unas risas. Seguían siendo el mismo trío de cerdos de siempre.

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