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Lucio Saints se folla a pelo el culazo peludo de Marco Napoli y se corre en sus nalgas | Kristen Bjorn

I Want You

Mañana después de tanta fiesta, propósitos del nuevo año, volver a ponerse en forma, Lucio Saints y Marco Napoli han salido por el bosque a echar unas carreras. Su destino es una casita de la que ninguno de sus allegados sabe, oculta entre los árboles, donde poder dar rienda suelta a sus más lujuriosas fantasías a sabiendas de que una vez allí dentro tendrán todo el tiempo del mundo para disfrutar el uno del otro.

Se gustan tanto cuando están sudados y desnudos de cintura para arriba. No pueden y tampoco quieren ocultar sus erecciones, pero se quedan uno enfrente del otro poniéndose cachondos, magreándose las pijas por debajo, uno de sus boxer de deporte y el otro con sus sexy calzoncilos de Levi’s. Se tiran así un buen rato, porque saben que después, cuando se unen y se dan un beso, el acercamiento es bestial y saltan chispas.

Marco tira de la goma hacia abajo y hace que su polla salga rebotando. La tiene larga el cabrón y brillante. Lucio hace lo mismo. La suya es más grande y más gorda todavía, también más morena y piel mate, de una textura que da gusto tocar. Marco le echa una mano y se la masturba un poquito. Calzoncillos fuera, Marco se tumba, se abre de piernas, abre el culo a tope y le enseña cómo palpita su ojete, deseando tener a ese macho dentro de él.

Lucio se lo folla a base de penetraciones con la lengua, le lame la raja y aprovecha de paso para mamarle el pijote. Le encanta tener a un tiarrón tan grandote y entregado. Lucio se sienta en el respaldo del sofá y también se abre de piernas, pero un poquito, lo justo para que Marco quepa dentro de ellas y se la chupe. El mamón, una vez se la mete dentro de la boca, no la suelta. Está bien rica.

Ahí al fondo un buen culazo peludete y grandote se menea y Lucio empieza a ver las estrellas. Está deseando penetrar a ese tio tan atractivo y musculoso. Los italianos siempre le han puesto cachondo. Ahora le tiene a cuatro patas, inclina la polla y se la mete hasta las trancas, desnudita, como debe ser. Pone todo su empeño en destrozar ese culazo. Menudo gusto da seguir esforzándose cuando acabas de salir a correr y estás completamente sudado, cuando la adrenalina sigue en su punto álgido y se mezcla con las ganas de follar.

Tras varios encuentros, les ha dado para practicar muchas posturas, aunque siempre vuelven a lo clásico y a lo que les mola. Pero siempre hay tiempo para descubrir cosas nuevas. Lucio le hace tumbarse sobre el sofá con el culo levantado hacia el respaldo, él se pone de pie en el sofá, inclina la polla hacia abajo y le taladra el culo. Así le tiene a la vista al completo y Marco también puede ver la acción.

La cucharita les chifla. Marco está encantado teniendo un hombre que le proteja por detrás y Lucio está en su salsa, sintiendo que está realizando una importante tarea poniendo a salvo su culazo tragón. Marco le echa un brazo por detrás del cuello. ¿Siguen siendo colegas? Lo siguen siendo, pero son algo más que no saben qué coño es. Los amigos se cuidan el uno al otro pero no tanto, ¿o sí?

Lo ve en sus ojos, en los gestos de su cara, Lucio está a punto de correrse. Cuando nota que la polla sale de su culo, eleva una pierna y se agarra la nalga izquierda con la mano. Si pretende que Lucio apunte directo al agujero lo lleva claro. Qué hombre es capaz de echar la meada en el retrete, cuanto más pretender que apunte a un agujero y más sintiendo el gusto de la corrida.

Así pasa. Lucio dispara y no mira dónde. Un buen lechazo deja el cachete del culo y la mano que lo agarra cubierto de lefa, después otra buena rociada de una nalga a otra. Se agacha y relame su propia leche pegada a los pelos del culo de Marco. Se queda así entre sus piernas, cometiendo esa guarrada, haciendo que Marco se la casque hasta sacarse la leche. Ya que está ahí, le chupa la lefa del pito y le rebaña a lengüetazos la que se la ha quedado entre los dedos de la mano. Le encanta el fuego amigo. Sube hacia la cara de Marco y se quedan allí juntitos, abrazados y desnudos, compartiendo besos cargados de energía y proteínas.

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