Mamadas y corrida en la cara al borde de la piscina | Himeros TV

Mi chico ha vuelto del servicio militar. Cada vez que lo veo bajar del autobús el corazón se me vuelve loco. Llega vestido con su camiseta color verde y ese corte de pelo militar que lo hace tan sexy y atractivo. Le digo que se ponga cómodo y que me espere en el patio, cerca de la piscina. Antes de salir veo cómo se pasea, todavía con la camiseta puesta y en gayumbos blancos. Se le marca un pedazo paquete y ese culazo que me pone a cien.

Yo solía llevarme a las chicas a la piscina del chalet. Se sentaban en el bordillo, les bajaba las braguitas y me ponía a comerles la almeja. Quién me ha visto y quién me ve. Ahora hago lo mismo, solo que bajo calzones y me chifla ver como un rabo morcillón con su par de huevos escapan de su encierro. Antes sacaba la lengua para conseguir comida, ahora la comida acude a mi boca y me pongo fino chupando cada centímetro de polla.

Tiro de la goma hacia abajo de los calzones. Se resisten, y es que mi chico tiene un culo envidiable. Cuando se los retiro por los muslos, hacia mis napias llega ese aroma dulzón a rabo que me pone perraco. Las horas que se ha pasado de viaje metido en un autobús con sus atributos apretados, van a conseguir que le haga una d elas mejores comidas.

Está guapo el cabrón y mucho más fuerte desde la última vez. Yo tengo claro que quiero su culo, él también tiene claro lo que quiere. Mete la mano por la parte superior de mis vaqueros y me la saca. La tengo dura. Mi pollote se alegra de verle. Baja lentamente por mi cuerpo. Noto su lengua húmeda y caliente rozando mi miembro, luego sus labios aprisionando mi pene. Me hace estallar de gusto.

Le devuelvo la mamada. Él me dice que ha sido fiel, pero no me importa, hasta me pongo cachondo pensando que otros tios se sienten atraídos por él. Imagino lo bien que se lo habrán pasado en las duchas o en los dormitorios con mi chico. Me gusta compartir. Me toca en la frente y me pone mirando hacia arriba. Sonrío, cierro los ojos y dejo que fluya la corriente a través de su polla. Siento cómo un lefazo impacta en el nacimiento de mi pelo, otro en la boca. Su semen encima de mi cara. Baja y nos besamos con su moco pegajoso. Así nos quedamos hasta que se esconde el sol. Yo soy suyo y él es mío.

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