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Kaleb Stryker, Dirk Caber, Zander Lane y Dale Savage montan una orgía sin condones y lechera entre caddys y daddys en los vestuarios | MEN

The Caddy And The Daddy

En cuestión de pocos días, la noticia había corrido como la pólvora entre todos los que solían frecuentar el campo de golf cerca del barrio residencial. Desde el hoyo 1 al hoyo 18, mirases por donde mirases había daddys que ya se habían agenciado a sus jovencitos caddys. Se ponían detrás de ellos mientras agarraban el palo para enseñarles a manejar el tiro y aprovechaban para rebozar sus paquetes por sus culitos o para mandar la bola a la zona de la arboleda y una vez allí ponerles de rodillas a chupar polla o inclinarles para meterles el stick por el culo.

Para entonces, Dale Savage ya había intimado tanto con Kaleb Stryker como Dirk Caber con Zander Lane y entre conversaciones de amigos ya habían hablado entre unos y otros de lo ricos que estaban sus daddys o de los jovencísimos culos que se estaban apretando entre hoyo y hoyo cada finde por la tarde. Por eso entre los cuatro, dentro de los vestuarios, a nadie le extrañó que Kaleb se lanzase en los brazos de su papi pretendiendo que los cuatro se lo pasaran bien antes de salir al campo.

Entre cervezas y partidos, Dale no había parado de contar a Dirk acerca de las bondades del culazo redondito de Kaleb. Por mucho que se lo dibujase con las manos y le hiciera saber lo mucho que le gustaba, nada podía superar la realidad al verlo desnudo, cuando Kaleb se puso a cuatro patas en mitad del vestuario y alzó su trasero. Jodidamente rico, sí, mucho más de lo que hubiera podido imaginar.

Lo mejor es que además de culazo, el chaval era guapísimo y no sólo eso, sino que tenía una buena polla colgando, de hecho la más larga de los hombres que había en ese momento en los cambiadores. Dirk también puso a su chaval a cuatro patas y les dejaron a los dos frente a frente mientras ellos se dedicaban a hacerle la triple comida de ojete, huevos y rabo que les volvieron locos.

Cómo no volverse un puto cerdo al tener culos tan bonitos y suaves pegados a los morros, tan apretaditos, con esos agujeros en apariencia cerraditos, que parecían tan pequeños comparados con sus manos cuando se las colocaban encima. Miraban el grosor de sus rabos y se volvían loquitos pensando que en breve volverían a descerrajar pollazos abriendo esos ojetes.

Casi a la vez se lervantaron y encajaron sus gordos troncos sin condón al calor de los agujeros. Kaleb y Zander ya no sabían cómo ponerse para encajar las folladas. El primero besó el sofá de cuero sobre el que estaban los dos y el segundo, que apenas tenía espacio para hacer lo mismo, se dejó caer sobre la espalda de Kaleb, abrazándole y besando su espalda, intentando expresar el tremendo gusto que sentía al ser penetrado.

No era algo que hubieran contemplado desde el principio, pero tampoco hacía falta decirlo. El intercambio entre caddys y daddys era algo que tenía que darse de un momento a otro. Dirk se tumbó en el sofá, Kaleb se sentó sobre sus piernas introduciendo su rabo a pelo dentro de su ojete y Zander se sentó encima de su cara para que le merendase la raja del culo mientras se dedicaba a comerle la polla a Dale.

En un minuto, Kaleb empezó a empalmar dejando claro quién era el mejor dotado de los cuatro. Su rabo se meneaba grácilmente a cada salto y era una maravilla verlo danzar, tan gordo, tan largo, tan bonito, dando unos buenos hostiazos a Dirk en el muslo, que pasó una mano por debajo de sus piernas para agarrárselo y masturbárselo.

Hubiera sido una verdadera pena no ver ese pollón en acción, así que Dirk propuso a Kaleb follarse a Zander y si lo hacía él se dejaría follar por Dale. Ese giro en los acontecimientos sí que no estaba previsto, que un caddy se follara a otro y que un daddy hiciera lo propio con el otro. Ahí estaban Dirk y Zander, tumbados, mirándose, con las piernas abiertas, dejándose meter rabo por sus respectivos.

Dirk estaba tan cachondo que se corrió el primero. Dale sacó su polla rápidamente de su agujero porque todavía quería cumplir una fantasía. Quería que esos dos chavalotes se corrieran encima de él, ver sus firmes y jóvenes pollas deslecharse sobre su cuerpo y su cara. Kaleb lanzó el primero y todos se quedaron sorprendidos al ver esos nutritivos lechazos espesos y largos saliendo de su enorme pija. Además de guapo, nalgón, dotado y musculitos, era buen tirador.

Zander se contagió por el momento y dio un pequeño paso hasta dejar su rabo justo encima de la cara de Dale a punto de explotar. Otro que tenía buen tiro. Los últimos lefotes se quedaron pegajosos sobre la boca abierta y jadeante de Dale e introduciñendose por sus fosas nasales. Con toda esa leche pegada a su torso y su cara, Dale se corrió gimiendo como un animal, mirando las tres pollas corridas y colgando a su alrededor.

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