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Diego Mattos destroza el espectacular culazo de Rafael Ferreira sin condón con su gordísima y larga polla | Tim Tales

Le encantaba que le follaran duro. Rafael Ferreira estaba en volandas sobre Diego Mattos, sentado con el trasero en sus duros abdominales y los pies sobre sus rodillas. Diego le tenía abrazado por debajo y le estaba metiendo una monumental batida enfilándole con su larga y gigantesca polla, fostiándole con los enormes huevos, que a cada empotrada se alzaban hacia arriba y chocaban casi con los suyos. Se la metía con tanto descontrol que el pollón terminó saliéndose del agujero y le rozó toda la huevera.

La primera mitad del rabo de Diego engañaba. Era fácil creer que con un poco de práctica porías llegar a metértela hasta las trancas, pero lo gordo venía después, cuando pasada la mitad, te dabas cuenta de que era tan jodidamente gruesa que te obligaba a abrir la boca de par en par. Ni dando cabezazos conseguía pasar ese mazo por el aro. Al final los labios se quedaban mojando una y otra vez el inicio de esa parte tan gruesa.

Chicos tan bien dotados como ese se merecían un culo como el suyo. Tanto el uno como el otro hacían cierto eso que tanto se decía, que en Brasil los tios se gastaban unas buenas trancas y tenían unos culos de ensueño. Pues sí, el océano traía con sus olas del otro lado del charco condones de tallas extra grandes que escapaban a la imaginación, aunque cualquiera de esos condones no eran de Diego.

Rafa hincó las rodillas y los puños en el colchón dándole la espalda y le ofreció su bien más preciado. Diego le cacheó las nalgas y le metió una buena empitonada, tan fuerte que a Rafa empezó a bailarle la minga entre las piernas. Se la metía hasta el fondo, sin medir las fuerzas ni el tamaño. Sus caderas, sus huevazos, todo impactaba a la vez contra las nalgas de Rafa, inundando la habitación con una lujuriosa melodía de follada.

Rafael intentó mantenerse fuerte y en su sitio, pero ese tio la tenía tan grande que acabó besando las sábanas del improvisado colchón que se habían montado en el suelo. Ponerse bocarriba y mirarle cara a cara para que el tio no se viniese arriba, viendo su minga horadando su magistral culazo, no solucionó las cosas, porque Rafa era tan atractivo y estaba tan buenorro, musculadito, pechote peludo y con los brazos tras la cabeza mostrando sus sobacos, que Diego siguió dándole igual de duro. Cuando Diego iba a correrse, Rafa le puso el culo de nuevo para que se lo decorase con su leche. Se lo dejó bien sucio, llenito de lefa, las nalgas suavecitas con el esperma desparramado por encima.

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