El jovencito Dane se desfoga follándose a Roman sin condón | Corbin Fisher

Le sacaba cinco años de edad, pero Roman comprendía perfectamente la impulsividad de Dane cuando el chavalito de increíbles ojos azules se lanzó a besarle y se moría por desnudarse cuanto antes y hacer todo eso que sólo pueden hacer dos hombres sobre una cama. Roman, que ya había pasado hacía algún tiempo por esa fase, intentaba levantar la carita de Dane, que le mirase a los ojos, sacar de ese encuentro una parte de amor, pero al final terminó contagiándose por la pasión, por ese desvertirse rápido, por ese enseñarse las pollas cuanto antes.

Chúpame la polla“, es lo que Dane acertó a decir justo después de sacarse los gayumbos. La tenía durísima, un buen pedazo rabo gordo, venoso y con un cipote redondito y perfecto. Menudo joystick. Daba gusto sostenerlo con la mano y pajearlo, ver cómo se mecían los huevazos por ahí abajo con cada movimiento. Roman se agachó y se metió toso ese robusto palo por la boca, hasta atragantarse. Los gemiditos del chaval le ponían más cachondo. Le comprendía perfectamente. A su edad, todo el placer se concentraba en la polla.

A Roman le apretaba ya el pito en los calzones. La tenía algo más larga que Dane. Antes incluso de sacársela, Dane ya estaba con la boquita abierta, mirando sus partes bajas, con la lengua ligeramente por fuera como si fuer a tomar la primera comunión. Ciertamente Dane parecía un querubín de ojos azules y cabellos rubios rizados.

Parecía. En realidad era un diablillo que no tardó ni dos segundos en lanzarse a por su rabo. Joder. Roman no sabía de dónde sacaba ese zagal tanta experiencia y tanta energía, pero le estaba llevando al límite. Ni los más veteranos le habían hecho una mamada como esa. Los morritos de ese ángel estaban hechos para desvalijar buenas pollas.

Le vio pajearse mientras se la chupaba. Estaba tan rico, con el morenito por encima de la cintura y de ahí para abajo blanquito. Dane volvió a inclinarse y se mamaron las pollas mutuamente, escondiendo sus gemidos apagados en rabo ajeno, embelesados por el soniquete de los cipotes colándose por las gargantas. Dane era jovencito aún pero tenía claro lo que quería, la cabeza de un tio en el borde de la cama, la boca de un hombre tragándose toda su polla.

Mientras le follaba la jeta metiéndole un gag the fag, Roman tenía el pito duro en vertical. No le iba a servir de nada aparte de para fardar y alegrar la vista al chaval, porque estaba a punto de donar su culo para la causa. Se lo entregó para que se lo follara a pelo, para que metiera dentro del ano su polla desnuda y gozase de un agujero caliente sintiéndose el macho alfa de la manada.

Daba duro y con potencia, sin ser consciente todavía del generoso rabo del que le había dotado la naturaleza. A Roman le gustaba tanto que todavía tenía el pito duro y los huevos bailando entre sus piernas al ritmo de la follada. Roman se sentó sobre sus piernas, mirándole de frente. Quería ver esos ojazos azules, amar en secreto a ese chavalote aunque él estuviera más concentrado en ver cómo su polla dura entraba y salía de un buen culazo como el suyo.

Intentó agarrarle por detrás del cuello para que concentrara la mirada en la suya, pero no hubo manera, seguía concentrado en lo que ocurría por ahí abajo, ahora además en la larga polla de Roman restregándose y rebotando encima de su vientre. Dane volvió a darle por detrás y esta vez Roman se sacó la paja. La nutritiva leche de sus cojones pringando la cama mientras ese tio duro no paraba de follárselo.

No los vio pero los sintió en su pandero. Un lefazo tras otro salieron del rabaco de Dane, mojándole las nalgas y la raja del culo, casi una decena de disparos antes de sentir cómo el cabronazo le hundía la polla gorda llena de leche por el agujero.

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