Aiden Ward cabalga sobre la enorme y gorda polla de Ryan Bones sin condón en la cabaña | MEN

Dickmatized

Qué ganas tenía Aiden Ward de coger el coche y largarse a la montaña, a la casita en el bosque, perdida entre los árboles y la nieve, lejos de la ciudad, volver a coger sus antiguos DVD de porno gay y cascarse una paja en el mullidito sofá, al calorcito, sin que nadie le molestase. Le traía muy buenos recuerdos, de cuando bajaba a escondidas por las noches los fines de semana y mientras los demás dormían, él se lo pasaba pipa descubriendo chicos guapos y nuevos rabos.

La calidad de imágen no es como la recordaba, sobre todo después de tener internet y mirarse los vídeos hasta en 4K. Pero bueno, si había sobrevivido a la época en que veía porno hasta codificado por el canal plus, podía sobrevivir a eso.

No estaba solo. Justo cuando se le estaba empezando a poner dura, apareció Ryan Bones, el leñador que recordaba porque se colaba en sus sueños húmedos. La de veces que se la había cascado en invierno, zumbándosela como si fuera una metralleta, dejando el vaho de los gemidos en el cristal de la ventana, quedándose bizco del puto gusto de la corrida mientras se quedaba mirando el culazo de ese santo varón fornido.

Menos mal que no tuvo que hablar. La escena del crímen estaba intacta. Una peli porno gay en el televisor, él con el paquete levantado. Se arrodilló delante de ese hombretón, Ryan se sacó la verga, tan enorme y gruesa como la había imaginado y se la metió bien calentita dentro de la boca pajeándola entre sus labios.

No se conformó con chuparla, necesitaba tragarla. El leñador le ayudó quitándose la camisa, mostrando sus musculazos y se la puso por detrás del cuello, empujando hacia él. Su culo no estaba preparado para la pollaza enorme de un macho así, pero al final le dio por culo, sin usar condón. Al principio entraba super ajustada, tanto que a Ryan se le arrugaba la piel del pene a medida que se la metía, pero una vez se acostumbró, se cabalgó a ese machote, primero de espaldas y después de frente, mostrándole lo dura que se le había puesto la bandera por él, hostiando esos soberbios abdominales con su rabo tieso.

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