Dando de comer doble rabo y follando a pelo de cruising en el faro de Punta Carreta | Latin Leche

La cámara enfocada hacia la entrepierna del conductor del uber. El cazador se pone cachondo sólo de pensar en la más que probable posibilidad de que tras tantas horas en carretera, estos tios hagan alguna que otra escapadita a caminos poco transitados para hacerse una gayola al volante o mejor aún, a lugares de cruising donde los mamones aguarden tras la espesura de las ramas para comerse una polla arqueando bien la espalda en el asiento del copiloto.

Le pregunta si le gusta ver porno y de qué tipo, si le gusta llevar a chicos guapos en el coche. Instintivamente se lleva la mano al paquete, quizá recordando alguna que otra mamada o folladita no tan lejana en el tiempo. Aprovecha que pone las dos manos al volante y el intermitente para pedir permiso y tocarle el paquetón. Aprieta bien con la mano sintiendo la forma de una linda polla descansando en el muslo izquierdo que empieza a despertar de su letargo.

Lo tiene ya cachondo y él también se está poniendo a tono. Algo de plata extra aparte de la carrera en el coche y le anima a conducir hasta un lugar donde poder sacarse las mingas, tocárselas y a buen seguro algún tio salga al paso para comerse las dos. El Faro, en la barriada de Punta Carreta. Un lugar que el conductor de uber conoce muy bien y en el que garantiza que siempre hay alguien dispuesto a comer pija.

Bien que lo sabe. Nada más bajar del coche bajan un pequeño acantilado y con el ruido de las olas golpeando las rocas de fondo, un tio morenito y descamisado se arrodilla sin preguntar, saca la polla de los pantalones al conductor del uber y se la chupa. Todavía blandita como chicle, unos cuantos bocados hacen que se le empieza a poner dura. El tiarrón musculoso y tatuado es un experimentado comedor de rabos y se nota.

Un chavalote se acerca. Este hoy no ha ido al instituto, pero lleva el pantalón de chándal. debe haberse olvidado los calzones, porque se le marca la tranca enorme y dura por debajo, levantando todo el frontal con su inmensa porra. El mástil le llega hasta el bolsillo. Se la saca. Encapuchada. Tiene una buena pelambrera en la base y los huevos, típica de la pubertad. Los amplios cabezazos que le mete el guaperas del mamador dan una idea de lo larga que la tiene el chaval.

Parece que ver fuego amigo ha hecho que al conductor se le ponga completamente dura. El chulazo sigue mamando y con la mano se la masturba, complaciendo ambas pollas. Incansable, sin duda le gusta más la del chaval, porque no se la saca de la boca. Como recompensa por la paciencia, se acomoda entre las rocas y ofrece su culo al del uber para que se lo folle a pelito.

Entre esos dos tios, que bien podrían ser padre e hijo, el chulo espera la corrida del primero. El del uber le pone a comer polla y se deja la leche entre sus sugerentes morritos. El pipiolo se contagia de las ganas y se la empieza a cascar con rapidez. Acerca el cipote a la lengua y se la engrasa con leche blanquita y espesa. El del uber no ha terminado. Se le vuelve a poner dura la instante al ver el bigote del chulazo vestido de blanco y le hace otra donación de esperma incluso más abundante que la primera. El chaval se guarda la pija dentro de los pantalones, el del uber hace lo propio sin poder ocultar la tienda de campaña y el chulazo se aleja entre las rocas relamiéndose los labios, en busca de otro tio que quiera meter su rabo en esa boca llena de lefa de desconocidos.

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