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Alejandro Torres desvirga al hondureño David Chacon metiéndosela a pelo hasta los huevos y le pega un baño de lefa en toda la jeta | Fucker Mate

David's First Time

Al hondureño David Chacon le gustaban las sanas costumbres. Dormir en bolas a riesgo de tener un sueño húmedo mojando las sábanas y el colchón, desperezarse con su metro setenta mirando hacia abajo y viendo su empinada pollaza de diecinueve largos centímetros montar una señora tienda de campaña, levantarse con la chorra colgando morcillona entre sus piernas y correr las cortinas para decir al vecindario: “aquí estoy yo y podéis venir de uno en uno todos a comerme la puta polla!!“.

De camino al baño, a cada paso, el peso de su gorda pollaza le impedía pensar en otra cosa que no fuera meterla en algún sitio, por lo que pasaba de morcillona a dura como un tronco en cuestión de segundos, dificultando la meada mañanera, para la cual tenía que echar el culete un poco hacia atrás, flexionar rodillas, apretar hacia abajo el rabo con el pulgar y, si había suerte, apuntar directo al wáter.

Últimamente, antes de esas primeras meadas, casi siempre su mente ya no pensaba en chochetes, sino en tios buenos y pollas. No se lo había dicho a sus colegas, pero a solas bajo las sábanas a menudo se hacía unos dedos y también en la ducha, aprovechando que el jabón le dejaba suavecito el agujero del culo y el dedo entraba con inusitada holgura. Le cogió el gustillo, sobre todo cuando introducía la segunda falange y se tocaba ese punto que le hacía volverse loco y con el que el pito le exigía soltar toda la descarga.

Con el paso de los días, las ganas no se le iban de la cabeza y estaba claro que necesitaba un macho que le follara el trasero con mucho cariño, pero no uno cualquiera, sino un tiarrón real, de esos atractivos y super pollones que ofrecían sus servicios por la jeta en las app de ligues. Así se topó con Alejandro Torres.

No estaba al tanto de moda, pero haciendo unas búsquedas de lo que se llevaba en la cama, antes de la cita salió a comprarse unos calzones abiertos por detrás. Salió a recibir semidesnudo, marcando paquetón y con la raja del culo al descubierto, al primer hombre que le iba a quitar la virginidad. Tardó poco en quitarle la ropa y dejarle también en calzones.

Lo que le hubiera gustado hacer era arrodillarse, sacarle la verga de un plumazo y ponerse a mamar, pero sin estar acostumbrado a estas cosas, decidió contenerse y dejarse llevar por el momento. El chulazo se lo estaba camelando a besos. Él se dejó caer poco a poco, besando su musculado torso, hasta tener la cabeza frente al paquete.

Bajo la tela de los gayumbos, adivinaba la forma de un enorme pollón tan grande como un plátano de Canarias, ligeramente curvado hacia abajo bordeando las bolas. Como se le estaba poniendo dura, la fuerza que ejercía en la tela hacía que por los laterales se le pudieran ver los cojones. David se la sacó como para mear y ahora que todavía estaba maleable, abrió la boca a tope y se la merendó hasta los topes.

Suerte que lo hizo a tiempo, porque tras dos caladas se le empinó y ya se hizo cuesta arriba. Para entonces a Alejandro le había molado tanto que hizo una intentona, agarrándole la cabeza y penetrándole la boca para que tragara. Si ese era el jueguecito que le gustaba, lo iba a tener. Sentó a Alejandro sobre la cama, se metió entre sus piernas y se la empezó a mamar hasta joderse la garganta.

El tamaño de esa verga le volvía loco. Tan larga que le daba para pajear a gusto, tan gorda que le llenaba los carrillos, con un buen par de huevazos que le molaba desplazar metiendo un buen lengüetazo en mitad del escroto, separando a los gemelos. El tacto del suave y gordo cipote contra su paladar le transportaba al séptimo cielo.

Ahora le tocaba sentir lo que sentían las tias cuando un guapo machote metía los morros entre sus piernas. A David le parecío estar perdiendo algo por el camino cuando se puso a cuatro patas sobre la cama y otro tio empezó a hurgar en el interior de su sagrado ojete con la lengua. Era jodidamente maravilloso, pero se le hacía raro. Ahí estaba Alejandro, pajeándose el rabo, poniéndoselo duro para el festín que iba a meterle por los cuartos traseros.

David llevaba varios días pensando cómo sería eso de perder la virginidad por el ojete, pero llegado el momento, todo fue tan natural que sin darse cuenta ya tenía a otro hombre apoderándose de su culo, rellenándole el ojete de polla sin condón y cacheándole duro con los huevos.

Prefirió no decirle que era virgen. De todas formas, si lo hubiera hecho, no le hubiera creído, sobre todo viendo la forma en la que se tragaba esa pedazo de polla enorme de principio a fin. Los trabajitos manuales en la ducha habían ayudado en parte a convertirlo en un pasivazo de pro, pero esa puta sensación que notaba después de meterse la segunda falange del dedo anular, ahora se incrementaba por cien, dejándolo ciego de gusto, en un apartado mundo entre el vicio y el dolor.

Pollazo tras pollazo, empezó a regresar al mundo de los vivos. Alejandro ya estaba encima de él, petándole por detrás a pelo, apoderándose del culo entre sus muslos, con sus grandes manos en las caderas para apropiarse más todavía de lo que le pertenecía. Le dejó besando las sábanas. Cada vez le daba más duro, con más energía, con más arte, como si encima no le costase esfuerzo penetrar.

David se ensartó encima de su polla. Ya se había desprendido de los calzones abiertos por el culo y su propio rabo gordo y largo gozaba de libertad para danzar entre sus piernas. En una de esas, Alejandro perdió el control de su polla que se salió del agujero, restregándose contra las bolas de David. Este se pasó una mano entre las piernas, agarró el pollón y se lo volvió a meter por el culo.

Los dos retozaban por la cama en diversas posturas, pero aquel tio no le sacaba el nardo del ojete, apenas un segundo en el que se agarraba la pija, miraba el agujero y se la volví a meter. Terminó abierto de piernas boca arriba, Alejandro abalanzándose encima de él dándole traca. Se estaba enamorando de la forma de follar de ese cabrón. Estaba tan a gusto y le molaba tanto que en ese momento le apetecía decirle que le preñara. El que acabó corriéndose tan solo con pensarlo fue él.

A David le gustaba correrse en las caritas de las nenas. Le daba un morbo tremendo ver salir su semen dejándolas boquiabiertas. Ahora le tocaba a él sentir la emoción de que un machote se la pajeara delante de tus ojos a punto de dejarte cegado de un disparo de lefa. Vio salir una cantidad ingente de semen de ese pollón enorme a presión, viajando al otro borde de la cama, salpicando su cara, colándose por su boca. El segundo chorrazo cayo con todo su peso sobre su oreja izquierda y después empezó a bañar su carita con semen lechoso.

Cuando parecía que la energía del pollón se estaba agotando, David, confiado, abrió la boca para recoger las gotitas de lefa y entonces otro chorrazo espeso salió descontrolado cruzándole la cara y poniéndole gomina en el pelo. Parecía que esa puta polla no iba a acabar de escupir semen en la vida. Caldo y más caldo, la atrapó entre los mojadísimos labios y empezó a masturbarla. El semen de ese pibe estaba sabroso. David se rechupeteó los dedos y le miró a los ojos. Su cara lefada apoyada en un cojín lleno de mecos.

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