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Pablo Bravo pone fino al filipino Chuck Allandale follándoselo a saco en la cocina | Bravo Fucker

No tendrán pelas pa ir al gym, pero estos dos mozos saben cómo arreglárselas bien para mantener sus cuerpos en forma usando su cuerpo como contrapeso y cualqueir superficie. Pablo Bravo y Chuck Allandale deciden hacer una competición de flexiones en el suelo de la cocina mientras la comida se descongela en el microondas y tanto ejercicio, aparte de tonificarles los músculos, termina por tonificarles otra cosa ahí abajo entre las piernas.

El calor hace que se desprendan cada vez de más ropa. Todo curioso, Chuck se acerca para descubrir si su colega la tiene tan dura como él. Experto en sacarse la picha para mear, como buen hombre, corre a un lado la tela de los boxer de Pablo y se queda asombrado con su gran polla gorda, larga y de color chocolate.

Le encanta tenerla entre sus manos. Sin mediar palabra, mira a Pablo a los ojos, como pidiendo permiso para chuparsela. Adelante hombre, hinca las rodillas en el suelo y cómetela como te plazca. Los dos asienten, complacidos y en cuestión de segundos Chuck le está lamiendo como un cerdo desde la bolsa de las pelotas hasta el cipote para después metérselo dentro de la boca.

Como hombres competitivos que son, la mamada no va a ser un paseo para Chuck. Siempre con metas por delante, la meta de Pablo es meterle la pija hasta el fondo de la garganta, hasta ver el último centímetro de su larga polla desaparecer entre sus labios.

El microondas sigue calentando. Pablo necesita comer ya. Pone a Chuck de espaldas contra la encimera, le separa las piernas y los cachetes del culo con las manos dejando al descubierto ese ojete con un pequeño agujero en el medio. Menudas vistas para Pablo, ese culete lleno de energía deseando su polla y el chaval ahí con los huevos colgando entre las piernas, bien lustrosos.

Hábilmente se coloca un condón y le atraviesa el culo con la tranca. Ya se encarga él de agrandar ese pequeño agujerito hasta hacer al filipino todo un hombre. El suelo de la cocina, sobre el que se habían dejado gotas de sudor por el esfuerzo, ahora se convierte en la cancha del amor, en la que Pablo machaca a Chuck con su barra de arriba a abajo taladrándole el agujero con rabia.

Hace tanta calor que hasta el condón se le ha quedado reseco de follar tan rápido. Nada que un buen salivazo no pueda arreglar para continuar con la fiesta. Pablo es tan flexible que puede follarse al chaval mientras le chupa la pija. Para acabar, quiere dejar su sello blanco a chorros sobre su cuerpo morenito. No tiene tetazas como las puede tener una chavala, pero esos pectorales cultivados en el gym deben servir de algo. Coloca su polla entre ellos, preparándose para regalarle toda la potencia del caldo de sus cojones.

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