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Koldo Goran empala el culazo de Carlos Fontana sin condón y le mete una ducha de lefa en la cara | Fucker Mate

Cuando se acercó a la cama para darle los buenos días, Koldo Goran ya estaba empitonado. La tela de los calzones cedía a la fortaleza de su polla que crecía desmesuradamente entre sus piernas. Acto seguido se sacó la chorra larga, todavía morcillona y bien gorda y le dio a Carlos Fontana un par de golpecitos con ella en los morros. ¿Dónde habían quedado los antiguos modales al llevar el desayuno a la cama?

Zumo, leche, tostadas con mantequilla y recubiertas de mermelada, ni siquera esos manjares superaban al desayuno que más le gustaba a Carlos, el de la salchicha guapa de su machote. El acto de cerrar los ojos, guiarse por el olor a rabo mañanero y llevarse a la boca una buena polla que despellejar entre sus labios, sentir el calorcito que inundaban su lengua y sus mofletes, no estaba pagado ni por el mejor café italiano.

Le gustaba detenerse sobre todo en dar placer al capullo. Lo zarandeaba dentro de su boca, lo degustaba con la lengua y cuanto más dura se le ponía la polla, más bestia se volvía Koldo, que lo agarraba por detrás del cogote y le obligaba a tragar esa endiablada y gigantesca pollaza. Carlos adoraba tanto tenerla dentro de su boca como el momento en que la alejaba de ella, cuando se movía lenta y parsimoniosa delante de sus ojos, tan sumamente larga y grande.

Ese movimiento hacía que se le despertasen todos los sentidos, el apetito y el ojete del culo. Entonces acudía de nuevo como un perro en su busca, a cuatro patas, la cogía con la mano y se paseaba el rabo mojado por su saliva por las mejillas, los morros, la nariz, se daba unas cuantas hostias sintiendo la fuerza y se la volvía a meter dentro de la boca descapullándola entre sus labios.

Lo hacía tan bien que Koldo acababa siempre de pie sobre la cama, haciendo una sentadilla con la cabeza de carlos entre sus piernas follándole la jeta. Carlos miraba hacia arriba y lo que veía le volvía loco. Una suculenta polla, veinte y pico centímetros de felicidad tan largos como su cara. Ningún hombre que se precie podría aguantar tener algo así de gigantesco ante sus ojos y no pretender lamer como un cerdo, comérselo y tragar como una puta.

Regresó a una posición más cómoda para seguir mamando, de rodillas, y empezó a masturbarse su propio rabo mientras se comía el de su hombre. Se dio cuenta de que a pesar de todo, apenas había dejado brillante con sus babas la mitad de esa enorme polla. Las vistas que Koldo tenía desde arriba eran de lo más elocuente. Ese tio guapo se la estaba zurciendo bien y le hubiera encantado forzar un poco más la entrada hasta conseguir que los pelillos de ese bigote terminaran por unirse con los de la base de su rabo.

Tener a Carlos a cuatro patas sobre la cama donando su culo a un hombre, era una de las cosas más excitantes para Koldo. Aunque le faltaba el pelo largo y un taparrabos, era tan musculoso y estaba tan bueno que le recordaba a la posición que adoptaba el famoso personaje cuando acechaba entre las lianas del bosque en la rama de un árbol. Y Koldo siempre había deseado follarse a Tarzán en plena naturaleza.

Le metió un salivazo desde arriba que le inundó el agujero del culo y resbaló lentamente por la bolsa de sus cojones colgando entre sus piernas. Otro más volvió a deslizarse, como caramelo sobre el postre, siguiendo el contorno y la curvatura de sus pelotas. A Carlos empezaba a ponérsele el pito duro, con el cipote todavía recubierto por una gruesa capa de piel morena.

Esa saliva sería el único recurso que utilizaría para meterle el nabo hasta el fondo. Le presentó su polla, que dejó caer con fuerza unas cuantas veces acomodada en la ranura de la hucha y metió moneda para empezar a jugar. Sin condón, bien gorda y caliente, le coló el cipote y empujó un poco para incrustarle la polla. La cara de Carlos pasó de expectación a gusto infinito al sentir cómo otro hombre se colaba en el interior de su cuerpo por atrás.

De ahí pasó a un estado de rubor permanente. Lo que estaba acogiendo entre sus nalgas no era moco de pavo. Capaz de rellenar cada uno de sus recovecos, el gordísimo pollón entraba ajustado como un guante. Carne con carne, el roce cada vez les hacía ponerse más cariñosos y Koldo terminó abrazándole por detrás, tomando posesión de ese cuerpo, mientras le daba por culo sin pensar, siguiendo su instinto más animal.

La primera vez que se la sacó del agujero, Carlos sintió que su ojete no se cerraba como antes y que seguramente después de esa follada no lo haría nunca más. Había sido marcado como territorio de ese macho y en el hueco que le había dejado abierto llevaba su sello. Se dio la vuelta para mirarle cara a cara mientras le follaba, pero antes de acercar su culo a su miembro hasta notar su roce, miró de nuevo fijamente a esa enorme polla que se movía lentamente de un lado a otro entre las piernas.

Delicia pura, la siguiente vez que se la metió dentro, la tocó con las manos. La rugosidad de las bolas, la dureza de ese mástil mojado de forma natural por el roce y el sudor de sus cuerpos. Koldo hacía con él lo que quería. Le agarraba de las piernas, juntándoselas, abriéndole bien el ano y se lo follaba duro.

La misma admiración que Carlos sentía por esa jodida polla, era la que Koldo sentía por la carita guapa y el cuerpazo de Carlos. Se lo pasó pipa viendo cómo se sentaba sobre sus piernas y se metía el rabo por el culo saltando encima. Se recreó paseando la vista en cada centímetro de ese musculitos, en sus curtidos pectorales, sus biceps, sus abdominales, su bonita, grande y gorda polla masturbada entre sus manos.

Le costó colarle el rabo hasta el fondo en esta postura, pero cuando lo consiguió, los dos se miraron a los ojos felicitándose por el triunfo y no pararon de llover gemidos de un lado y de otro. Todavía Carlos se resistía a abandonarse al placer de ese pollón inundándole por dentro. El cabrón se empeñaba en mantenerse firme y, hasta cuando se tumbó de espaldas contra el cuerpo de Koldo, todavía tenía las piernas en alerta, sin dejarse caer encima en volandas, sin dejarse llevar.

Completamente empalado por un miembro tan grande que superaba sus expectativas, volvió a caer de espaldas contra el colchón y se granjeó un pajote bien sano, con el semen culebreando y saliendo del cipote al ritmo que impulsaba la mano.

Koldo le sonrió más pillín que nunca. Dejar esa cara tan guapa sin su marca personal hubiera sido un delito. Un par de saltos y ya estaba con el rabo masturbándose encima de la cara de ese galán. Le dejó el primer meco dentro de la boca, con el segundo le bautizó la frente, el tercero le cruó la cara y aprovechó el último para dejarle ciego.

Carlos aprisionó la ahora resbaladiza polla contra sus labios y con los dedos fue recogiendo el esperma para chuparlo como un glotón. La raja del cipote de Koldo todavía rezumaba esperma y allí estaba la boca abierta de carlos para degustarlo. Koldo se puso de lado y le dejó todo el mástil curvado y recién corrido sobre la jeta. Miró esa jodida cara guapetona con toda su leche encima y volvió a sonreir.

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