Andy Arcade, Pete Summers y Hoytt Walker se follan a Dawn Locke sin condones y le preñan el culo por turnos | TIM Fuck

Tumbado desde la cama, las vistas para Dawn Locke no podían ser mejores. Andy Arcade, Pete Summers y Hoytt Walker le miraban de pie y completamente desnudos mientras se masturbaban las pollas. Se preguntaba en qué partes de su cuerpo se recreaban para ponerse las pijas bien duras y qué fantasías imaginaban sus sucias mentes.

Por su parte, él lo tenía clarísimo. La visión de tres hombres pajeándose, sus caras viciosas, cada uno con su atractivo, lo machotes que parecían, con sus barbitas, pelo en pecho y una pelambrera en las bases de los rabos que, porque las tenían bien largas, que si no los matorrales les habrían escondido el árbol en menos que canta un gallo. Una cosa tenía segura, que esos cuatro cerdos estaban deseando colársela por el ojete del culo y brindarle todo su semen.

Los cuatro eran de edades distintas, pero de puertas para adentro, en la intimidad de esa habitación llena de hormonas, dejaron las diferencias de lado. Dawn vio cómo su culo se convertía en el de una putita. Uno a uno le fueron follando el ojal sin condones. Le tapaban la boca para que no gritase, cogían la mejor postura para reventarle a pollazos y se la metían dentro bombeando con sus potentes culos.

Se sentía un puto recipiente, un agujero en el que los hombres podían descargar todas sus ganas. Sentirse así de putón le ponía cachondo. Le gustaba que le usasen para beneficio ajeno. Después de descargar su ira uno a uno dejándose espacio, los tres se acercaron a Dawn. Como si se tratara de algo habitual en ellos, eso de formar tándem para ventilarse a un chaval en grupo, se ayudaron unos a otros para darle de comer polla y para ponerle en la mejor posición de forma que su colega pudiera follárselo mejor.

Se ventilaron los cojones por primera vez dentro de su culo. Uno a uno se fueron vaciando las pelotas con buenas preñadas. Cuando acababa uno, le sacaba la polla chorreante, le abría el ojete relleno de crema con los dedos y los tres se reían felicitando al lefador. Después el siguiente aprovechaba la corrida de su amigo para seguir follándoselo y hacerle lo mismo. A esos cabrones todavía les quedaba lefa en las pelotas. Mientras a uno de ellos le comía los huevos, no supo a quien, notó cómo los tres gemían sobre su cuerpo y empezaban a cruzar sobre él lechazos de esperma calentitos.

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